El asesinato de un niño en el colegio Irlandés despierta la torcida imaginación de un estudiante, quien arma el rompecabezas de este hecho mientras descubre la literatura de Mario Vargas Llosa. Este atípico adolescente planea además la lenta muerte de su madre y la manera más rápida de conseguir dinero para pagar a una de sus compañeras de curso por una hora de sexo.
Pero la historia del niño muerto no termina ahí: se convertirá mas adelante en el fantasma asesino que atraviesa el pasado y devela el rostro sin piel de la muerte. Con los años, la maldición del asesinato arrastra sin remedio a todos a quienes se involucraron en el crimen.
Brillante homenaje al Vargas Llosa más clásico, original novela negra que se adentra en una realidad de pesadilla para revelar las raíces de su corrupción, Fantasmas asesinos es un libro fascinante de principio a fin. Urrelo Zárate urde una trama macabra y compleja en la que todos los personajes y sus vidas, en el pasado o en el presente del relato, convergen en el monstruoso crimen cometido contra un niño que parece la representación misma de la inocencia. La mezquindad humana y la suciedad moral y social desplegadas a través de las páginas de esta ambiciosa y conmovedora narración, de un realismo profundamente pesimista, sólo son comparables a la maestría técnica con que su autor nos envuelve irresistiblemente en el devenir de su historia: la abismal bajura de aquéllas es tal que el lector intenta huir pero no puede, sorprendentemente atrapado en la repugnancia que caracteriza a sus protagonistas y la vileza que marca a su (in)consciencia y cada uno de sus violentos actos, debido a la destreza novelística de Urrelo Zárate.
Sin duda, uno de los mejores libros que he encontrado en los últimos meses. Por fortuna llegó a mis manos porque la edición de Alfaguara llamó mi atención en la biblioteca de la universidad, que si no... (me quedo leyendo a Edmundo Paz Soldán o Mariana Enríquez. Oops!) Ampliamente recomendado si te gusta el género policial, Vargas Llosa, y la literatura realista más siniestra u oscura.
El corazón de este libro es un niño muerto. Y en el centro de la historia está su violador y asesino. Lo rodea una espiral de tramas que van entrelazándose: la de los policías que investigan su primer asesinato, la de la banda de delincuentes de la que el asesino formaba parte, la del equipo de agentes policiales que está tras ellos, la de uno de estos agentes atormentado por su pasado como torturador paramilitar, la de un grupo de fanáticos religiosos que intenta derrocar al gobierno militar, y también la de un chico que quiere escribir sobre el niño muerto.
Es una novela densa, violenta. Su estructura es inteligente y compleja, con varios puntos de vista, enfoques y recursos, y la manera en que sus partes se ensamblan le hace honor a Vargas Llosa (y esto no es gratuito, porque ese nombre es importante dentro de una de las historias).
Es un libro sobre los bajos mundos y quienes lo conforman: los criminales establecidos y los ocasionales, los policías corruptos y los que están comprometidos, e incluso el lado oscuro de la vida escolar (porque Urrelo sabe que la adolescencia puede ser una etapa turbia). Para sus personajes, no hay nada peor que ser soplón y, a la vez, es una historia llena de soplones.
Este libro y Hablar con los perros son la prueba de que Urrelo es uno de los novelistas bolivianos más sólidos de su generación.
No he podido de dejar de comparar esta novela con "Hablar con los Perros" del mismo autor y que leí anteriormente. El uso de la técnica de múltiples voces, el tema policial, la prosa pulida aunque no brillante son similares en ambos libros, aunque me parece que todos los aspectos Hablar con los Perros es superior.
Wilmer es mi contemporáneo y recuerdo bien el crimen al que se alude en la obra. Tanto escándalo se hizo que sin quererlo tal vez traumaron a toda una generación de niños. Quién diría que, años después, uno de esos muchachitos asustados escribiría una novela basada parcialmente en aquel hecho.
Doy sólo tres estrellas porque el libro está débil en el desarrollo de los personajes y porque la técnica de las voces múltiples, historias paralelas y sobrepuestas no está lo suficientemente afinada. Sin embargo la historia atrapa, es perturbadora y sin duda es un libro que por interesante se puede leer de un tirón.
La historia es atrapante. El hecho de leer distintos sucesos desde distintos puntos de vista han hecho de que me sea muy difícil dejar el libro. No quería terminarlo, definitivamente quería saber mucho más de los personajes.
Este libro me perturbó mucho por el caso real en el que se basa.
Usualmente me fascina el horror y los temas turbios. Y trato de pensar por qué este texto no me gustó. Incluso, sabiendo mejor a qué se refiere el título, se me hizo algo cursi. Creo que es un proyecto de escritura ambicioso, no sabría decir si pretencioso porque no sé las intenciones del escritor ni cómo lo trabajó, pero hay cosas que no terminan de cuadrar por lo ambicioso que es.
Para empezar, me parece que trata de hacer una novela polifónica. Y supuestamente la novela polifónica no solo es un conjunto de varias voces conviviendo, sino varias visiones de mundo. Siento que casi todo el libro es monológico en ese sentido. Pareciera que todos los hombres son unos psicópatas de mierda que no ven a las mujeres más que objetos y se relacionan con ellas solo a partir de parámetros sexuales.
Al final de la novela, cuando se incluye una serie de mails de algunos personajes y un reportaje periodístico, sí se siente algo un poco más distinto. Sin embargo, toda las partes donde aparecen los policías son muy desagradables. Estaba harta de leer a onvres hablando de las mujeres con tanta misoginia, también todo el tiempo midiendo su masculinidad y su orientación sexual. Supongo, al igual que me pasa con algunas pelis, no era necesario hacer una novela tan larga. Ya entendimos que son unos cabrones, sentía asco cada vez que aparecían y hacían huevadas.
Otra cosa que me da asco es cómo no hay un solo personaje femenino interesante. Todas maternan onvres. El personaje de Verónica tenía algo de potencial, también el de Mariela, pero todas terminan siendo mujeres súper pasivas acompañando y regulando a cojudos psicópatas. Y bueno, tampoco se puede pedir una heroína femenina a todas las obras, no hay un deber moral en eso. Pero literalmente hay una parte en la que un policía confiesa que ha hecho barbaridades torturando personas y le dice a su chica: pero todos esos malos recuerdos se esfumaron contigo. Y nunca se desdice o cuestiona eso, tampoco es ambiguo. Dije wtf en voz alta al leer eso. Asco. No me sorprende que este libro haya sido dedicado a Vargas Llosa, no leí casi nada de él, pero en Las aventuras de la niña mala, la chica es igual de plana y condescendiente. Y cuando se habla románticamente de ella, es así de patético. Perdón, pero creo que después de este libro, quiero desintoxicarme con una lectura profundamente distinta.
Si bien creo que el arte no debe ser moralista o siempre feminista, creo que es hora de desmantelar tanta misoginia normalizada.
Otra crítica que tengo es que hay demasiados personajes, algunos no entendí para qué. El libro abarca tantos que terminan dando poca profundidad a algunas de las subtramas de la historia macro. También pienso que me hizo recuerdo a Amores perros en un mal sentido porque se siente esa pretensión de que todo esté conectado de alguna forma, pero también se siente que se forza un montón para poder lograrlo. Entonces, como resultado da una historia donde todos sospechosamente se ubican. Aparte que medio equis que de pronto algunos personajes aparecen cerca de harto poder político.
Eso también me disgustó, ese acercamiento a la política. Y no lo digo porque no piense que una obra puede ser política, sino que siento que trató de apelar a la discusión de la agenda en ese tiempo y envejeció mal. Porque se mencionan cosas un poco maniqueas sobre el retorno de la democracia. Luego se muestra la corporatividad de los llunkus para poder trabajar en el estado y creo que eso es vigente y actual, pero me dio asco más por la coyuntura política en la que estamos.
No sé si todo lo que escribe Urrelo es así. Sé que está haciendo una novela sobre un tema que me interesa, así que le daré algo de beneficio de la duda, aunque no tengo mucha esperanza. Como es una historia sobre una mujer, siento que lo leeré y diré como Cecilia Lisbon: you've never been a thirteen year old girl.
Sentí que era necesario criticar visceralmente este libro porque fue premio nacional de novela 2006. En las reseñas que vi, nadie parece estar incómodo con la cantidad de misoginia que tiene. Casualmente, casi todas las reseñas eran de hombres. A veces pienso que los hombres habitan una realidad paralela en la que escuchan, ven y presencian violencia hacia las mujeres. Pero son inmunes a todo ello porque no les afecta. Entiendo que hay un estudio de la novela negra en esta obra. Muchos autores recaen en eso, estudiar estructuras y estilos de esa expresión literaria, pero no sé cuestionan que algunos de sus referentes son de principios de siglo XX. Seguir trabajando personajes femeninos tan blandos no es una excusa.
Me es difícil encontrar las palabras para describir este libro. Es una novela tan incómoda como desgarradora al mismo tiempo; casi un reflejo de la sociedad boliviana, aunque no precisamente de su mejor cara. Todas las injusticias, crímenes y violencia que abundan en nuestro país, son representadas de una u otra manera en este libro.
La forma de narrar de Urrelo fue una de las cosas que más llamaron mi atención, con esos cambios de narrador constantes, hizo algo que no había visto en ningún otro libro y que me dejó fascinada. Tengo muchas ganas de leer sus otros trabajos.
Con un ritmo experimental y una natación muy cruda, Fantasmas asesinos cuenta la historia del asesinato de un niño, que desencadena una serie de historias perturbadoras y grotescas.
La novela tiene un inicio vertiginoso: las entradas del monólogo de un adolescente antisocial y violento, que se limita a presentarse como el loco, como lo denominan los demás.
Y después comienza la construcción de la historia, que antecede en tiempo al monólogo inicial, a través de las acciones y los diálogos de los personajes, casi sin intervención de un narrador omnisciente, que se abstiene de toda valoración moral. Los personajes forman parte de un submundo sórdido y violento, que incluye a marginales, delincuentes semi profesionales y también a integrantes de las fuerzas del orden, en el marco de un gobierno autoritario.
La historia tiene una alta y atrapante intensidad dramática, como hacía mucho tiempo no encontraba, y que generan en el lector una combinación de un deseo de alejarse, y la ansiedad de conocer su continuación y desenlace.
La narración se hace a través de diversos recursos y técnicas, como la de intercalar en un mismo párrafo dos o más historias con diferentes personajes y a veces diferentes tiempos; en otros momentos se presentan diálogos en los que la distinción de quien habla se realiza tomando en cuenta el contexto y lo que sabemos de los personajes. Y en la última parte, también la técnica epistolar y algún artículo de prensa.
Estas particularidades narrativas pueden constituir una dificultad en la comprensión de la trama, y obligar a volver a leer alguna oración o párrafo, pero han sido cuidadosamente elegidas y construidas, y obligan a sumergirse plenamente en la historia, sin posibilidad de mirarla analíticamente desde afuera; el lector es parte de ella, y la sigue sin poder evitar el compromiso emocional, arrastrado por una corriente que permite una visión más integral de la lógica, a veces azarosa, que permite comprender los mecanismos que vincularon los hechos.
Como trasfondo hay mucho para reflexionar. Las diversas las reacciones sociales ante aspectos de la realidad, cercanos a formas de psicosis colectiva; las múltiples voces e interpretaciones ante un mismo hecho; los mecanismos que se llegan a legitimar para el mantenimiento del poder; el surgimiento de lo bueno en medio de la sordidez; la actitud de los más justos en medio de un ambiente envilecido. Todos los personajes hablan y actúan; y no todos dicen los mismo; y aún cuando hay una unidad en una acción, los motivos no son siempre iguales. Y el autor muestra una gran sensibilidad para percibir todos estos matices y dilemas.
Una novela, cuyo estilo narrativo que inicialmente genera algunas dificultades en su lectura, pero que permite construir una presentación magnífica, en la que no hay ninguna pieza que falte o que sobre. No sé si se podría haber escrito de otra manera.
Excelente y conmovedora.
Wilmer Urrelo Zárate nació en La Paz, Bolivia, en 1975. Tiene como principal influencia literaria a Mario Vargas Llosa, sobre todo sus primeras obras; en esta novela se puede ver la influencia de La ciudad y los perros y La casa verde.