El ser natural, la naturaleza encarnada en la mujer primigenia, es el objeto inmediato del hombre. A su vez, el objeto primero de la mujer, es el hombre; o sea, la naturaleza misma personificada. Las especiales fuerzas sensibles de ambos, hombres y mujeres, la sensibilidad humana en sí, solo encuentra su realización en los objetos naturales; es decir, en ellos y entre ellos mismos; esto es en el amor y el trabajo. Porque, tanto ellas como ellos, solo pueden encontrar el conocimiento de la vida, el auto- conocimiento, en la razón y la acción de ser natural y social. Y el sustento originario de esa actividad sublimada, de ese amor, de esa acción de ser y no ser, es el sacrificio mutuo, la instintiva e inconsciente ofrenda libidinal, el auto-sacrificio. De aquí que sean, de manera primordial, en su relación existencial, natural y social, histórica y cultural, como Eva y Adán: Almas en Sacrificio.