"Políticos, gurús de la gestión empresarial, comisarios de exposiciones, tenistas, empresarios, artistas, banqueros y muchos otros tratan de convencernos diariamente de que la creatividad, las emociones o la imaginación conforman en la actualidad todo un mapa afectivo necesario para la prosperidad económica. Este libro trata de este proceso cultural, de esta movilización total que el autor denomina activismo cultural neoliberal. ¿Cómo se produce esta mutación afectiva? ¿En qué medida esta burbuja sobredimensionada de afectos que satura la retórica económica esconde un modelo de sujeto que ha de ser producido y adaptado a las nuevas dinámicas del mercado? ¿Hasta qué punto esa obesidad afectiva no es sino el dibujo de una forma nueva de precarización y autoexplotación? La forma en la que este activismo neoliberal ha asimilado toda una semántica emocional que en su origen estaba destinada a cuestionar, precisamente, las pautas asfixiantes del capitalismo, demuestra una compleja estrategia, un proceso de evisceración cultural en realidad, en el que este libro trata de penetrar. Entonces la pregunta es: ¿qué ha hecho con nosotros el capitalismo afectivo?" (Nota del editor)
Tras una apertura sorprendente donde se analiza la vacuidad del mensaje de las obras de arte que presiden los espacios de encuentro político, el autor se lanza a descifrar los sospechosos mensajes emocionales que dirigen las élites políticas y económicas. Hubo un momento en el que el capitalismo se sintió al margen de la vida social, por lo que extendió sus tentáculos para abrazar toda la experiencia cultural y para desplegar que nuestros trabajos son en realidad la parte racional y complemento necesario de nuestra vida íntima.
Una revisión desde la amplitud de miras sobre cómo el capitalismo ha diseñado una serie de mensajes emocionales para dirigir nuestras vidas. El sistema empresarial habría sabido apropiarse de varios conceptos - como la creatividad y la felicidad - para orientarlos en torno a aumentar la productividad de sus trabajadores y las ganas de consumir de todos sus ciudadanos. Aunque esa es la idea general que planea sobre todo el volumen, el autor sabe segmentar su discurso con multitud de ejemplos y de enfoques diferentes. Todo ello en un volumen repleto de bibliografía bien analizada y comentada.
Un pequeño ensayo que pasa desapercibido y que te haría pensar mucho sobre cada palabra que te hacen decir en el trabajo.
A pesar de encontrarlo, a ratos, un tanto repetitivo a lo largo del desarrollo de todo el libro; presenta apuntes muy reveladores y clarividentes sobre los recursos discursivos tras los que se afianza la legitimidad del capitalismo y que pasan (y han de pasar) desapercibidos para su correcta operatividad. Hace un buen rastreo de una serie de palabras fetiche y conceptos -inimaginablemente arraigados en nuestra vida- del marco propagandístico empresarial; la creatividad siendo el ejemplo clave de toda la obra, y funcionando esta apelación a la creatividad como justificación -incluso encontrar deseable- de la precariedad, la incertidumbre y la inseguridad laboral de la clase trabajadora.
Me aproximé a este título después de interesarme, a través de distintas lecturas que ahora no recuerdo exactamente, por el concepto de "capitalismo afectivo". He encontrado en él una explicación bastante exacta, bastante satisfactoria, con un buen puñado de ejemplos que ayudan a aproximarse mejor a esta idea. Si le proporciono solo tres estrellas -en mi particular escala de valoración- no es porque lo crea falto de interés o nada por el estilo; pasa que lo he encontrado bastante repetitivo, volviendo una y otra vez, constantemente, a la idea central cada dos páginas, falto en cierta forma de una estructura más lógica, más ordenada. En mis atrevidas fantasías me imagino un "speech" parecido en boca del editor antes de publicarlo: "¿¡Veinte páginas!? ¿Qué haces trayéndome un opúsculo de veinte páginas? ¿Adónde voy con esto?... ¡Esto no se puede publicar! Alárgalo, anda, Albertito; no vuelvas a pasar por aquí antes de tener... yo qué sé... por lo menos 212" (palmada cariñosa en la nuca despidiéndolo). La idea del libro, la verdad, parafraseando un poco el párrafo final de la página 190 de donde la tomo, se podría resumir en estas sencillas palabras: el neoliberalismo nos ha impuesto desde espacios e instituciones diferentes su objetivo común: generar adhesión y compromiso dentro de un modelo de gestión donde los únicos con derecho a seguridad y crecimiento son aquellos que defienden la inseguridad laboral, el riesgo y la creatividad como formas de reescribir la precariedad. Pero esta idea, en distintos momentos, con distintas reformulaciones, la leerás en el libro, si te sumerges en él, cuando menos te lo esperes, por lo menos cincuenta veces. Bromas insulsas aparte, uno tiene al acabarlo la misma sensación que Neo -permitidme la comparación, por favor- cuando se toma la pastilla roja y abandona Matrix, donde ha estado viviendo hasta ese momento, para poder mirarla directamente a los ojos, examinarla de verdad. Resulta evidente, a partir de lecturas como la de Santamaría, la coerción que los medios económicos ejercen desde la década de los ochenta del siglo pasado sobre nuestras vidas, sobre nuestra educación incluso, para generar adhesión a sus intereses empresariales y pecuniarios, y para ello ha construido un entorno cultural que se ha apropiado de la contracultura y de las reivindicaciones externas (incluidas las de la izquierda), englobando para ello aspectos como la creatividad, las emociones, la afectividad, etc. Revelador, en ese sentido.
"La cultura no está en peligro; lo que necesitamos es recuperarla, penetrar en ella hasta lograr generar (reconfigurar) una cultura capaz de cuestionar las formas y límites que desde ella se nos dibujan. La cultura llama a una relación radical con la vida y con la muerte y, por ello, es un ejercicio político. Y lo es en la medida en la que la cultura es la piel visible de la vida cotidiana. Instrumento de poder, es cierto, pero también el lugar desde donde el poder puede ser cuestionado."
La verdad, la propia conclusión es muy buen resumen del libro; tantos idiomas, y tantas palabras dentro del riquísimo léxico castellano, y eligió hablar con la verdad...
Quizás no está todo perdido y si que hay un pequeño ápice de esperanza, sabiendo cómo el neoliberalismo opera y mercantiliza todo lo que toca (y encima predica con desfachatez un discurso donde se muestra como una idea natural e innata, cuando es un designio y creación humana en su totalidad), tal vez se pueda recuperar el discurso dadaísta o situacionista, y devolver a lo cotidiano la cultura y la creatividad, lejos del fetiche mercantil basado en la productividad.
Muy interesante, lo recomiendo 100%. Es el típico libro que dejaría a todos mis conocidos, describe muy bien la situación y está muy bien analizada, tanto que da miedo. Nuestra perfectamente un sistema explotador y manipulador, todas sus herramientas y enmiendas. Además no es nada técnico, cosa que me parece genial porque lo puede leer todo topo de público, como yo que nunca he dado economía.
Encontré algunas pistas interesantes sobre las mutaciones del capitalismo actual, pero el desarrollo es muy repetitivo (a veces parece monomaniaco) y se va por las ramas en ocasiones, sin profundizar. Se queda un poco en gatillazo. Interesantes los comentarios al concepto de capital humano de Becker y, sobre todo, la contraposición entre la literatura tipo management y literatura obrera. Muy divertido.
Me ha gustado como introducción a entender qué es y cómo afecta el capitalismo afectivo. Los ejemplos están muy bien argumentados. Aún así se me ha quedado un poco corto.