El universo narrativo que cobra vida en este volumen está marcado por la pasión ante la historia. Los diez cuentos de El desconocido del Meno recrean las cruentas campañas de la Segunda Guerra Mundial, cuando los cimientos de la cultura occidental fueron sacudidos, provocando una inmensa estela de muertos y ciudades devastadas.
No obstante, los relatos de Eduardo Sangarcía no pueden reducirse a simples recreaciones literarias de tales acontecimientos; por el contrario, son auténticas reinvenciones. Y la manera en que el escritor se apropia de dicho contexto termina por revelarnos nuestro presente. Las grandes noticias de la guerra se traducen en experiencias que dejan al desnudo la fragilidad de los personajes, envueltos por el dolor, la compasión, la imposibilidad del olvido o el sacrificio por los otros. La tentación por la épica y la reconstrucción de la tragedia son los rasgos más notables del libro, que fue reconocido con el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2017.
Eduardo Sangarcía nació en Guadalajara en 1985. Es maestro en Estudios de Literatura Mexicana. Autor del libro de cuentos El desconocido del Meno (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2017), su obra ha sido distinguida con premios como el Julio Verne de Ciencia Ficción por “Ecce Homo” (2005) y el Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés por “El elefante”. Fue becario del Fonca en el periodo 2013- 2014.
De pronto lee uno un libro y descubre que el autor es cercano a algún amigo, y sin embargo no había escuchado de él antes. A veces creo que es mejor así. Sin una idea salvo los textos.
El desconocido del Meno que además obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2017, desde las primeras páginas nos abraza con el fuego que recorre sus relatos. Se trata de 10 historias cuyo fondo narrativo es la segunda guerra mundial, en particular pasajes obscuros o paralelos a varios de los momentos definitivos de esta guerra. No piense el lector encontrar un panegirico del valor o del valor de combatiente ante la adversidad, más bien se trata del relato de acontecimientos puntuales, de manera quirurjica, y por lo mismo estrujante, en la vida de los protagonistas. Importante en la mayoría de los cuentos la mirada desde un punto de vista infantil o adolescente que no es fácil de alcanzar. Mi favorito "Barmaley", un cuento que se narra entre los escombros de Stalingrado y que juega de gran manera entra la fantasía, el dolor y por supuesto, el amor, entre los personajes que se enfrentan. De otro tono pero también muy bueno el cuento que le da título al libro: el encuentro entre verdugo y víctima años después de los hechos frente a un televisor mientras un partido de la selección alemana se mirá en la televisión.
Quiza mi único pero venga si me imagino como posible editor del libro. "El día de la ira" cuento con el que cierra el volumen yo lo hubiera quitado. No porque sea un mal cuento, más bien porque es el único que recurre a ciertos elementos fantásticos, que después de casi cien páginas de crudeza, no concesiones, lluvia de fuego, edificios en escombros y cenizas con olor a carne quemada, a mi ver, podrían no estar ahí y sería una obra más redonda. Pero, no fui el editor, así que lo que me queda es invitarlos a leer este libro de cuentos bien escritos, donde una vez más, el plantar rostro a la adversidad nos recuerda lo insignificante que es nuestro cuerpo, pero lo férreo de la voluntad humana.
Este libro es el incendio que anuncia la portada. Tan deslumbrante que el Premio Nacional de Cuento Joven Comala tuvo suerte de que el autor lo enviara al concurso, porque sería fácil imaginarlo en cualquier otra colección de narrativa contemporánea. Con la Segunda Guerra Mundial como escenario, los cuentos que integran este volumen exploran el horror de lo paralelo, de una realidad que escapa a los acontecimientos registrados por la Historia y que, en su meticulosa elaboración, siembran un infinito angustiante en la conciencia, la posibilidad de muchas más tragedias que hielan la piel. En cuentos como “Un oso de madera”, “Barmaley”, “A la deriva”, “Milagreros”, “El bosque hacia la noche”, “El desconocido del Meno”, cada enunciado es antesala de algún peligro inminente, de un infierno que el autor muestra completo, lo que recuerda a la impactante película “El hijo de Saúl” de Lazlo Nemes (2015). Y ya que no es la vida de los héroes de la que somos testigos, sino de la gente anónima, el reflejo es mayor. Sólo hay un cuento protagonizado por uno de los máximos criminales nazis: “El día de la ira”. La pesadilla para él es la peor, ha desarrollado una monstruosa condición: de su paladar y encías brotan nuevos dientes que cubren todo el interior de su boca, al grado que los médicos deben romperle la mandíbula para que pueda respirar. Tan sólo una de las muchas imágenes imborrables que construye este autor. El dolor del que muere abandonado, la furia del que ve pisoteada su dignidad, el deseo de venganza en la situación más anodina, la búsqueda de consuelo entre escombros… la imposibilidad de olvidar un libro, un fuego, como este.
Cada cuento es un mazo a ese mar de hielo que llevamos dentro del que habla Kafka; me dejó preguntándome: ¿Qué es la justicia? ¿El dolor? ¿Cómo puede existir luz y sombra en cada persona? ¿De qué depende que se muestre una o la otra? ains....muy bueno el libro y espero que siga teniéndo muchísimo éxito con él.
Los cuentos están situados durante la segunda guerra mundial y el primero después de esta. Muy bien escritos, con cada uno sentí el knock out que menciona Cortázar.