Al inicio de la primera frase del libro, aparece un nombre, el de la protagonista: Vida. En él se define ya todo un horizonte cultural e ideológico. Se trata, sin lugar a dudas, de un patronímico libertario, que ubica a la recién nacida en una familia de raíces ácratas. Debe ser éste un apelativo muy querido por la autora ya que aparecerá en libros posteriores y, sobre todo, le será impuesto a la primera de sus hijas, años después.
Federica Montseny (Madrid, 1905 - Toulouse, 1994) es una figura clave del movimiento obrero español. Heredera de las ideas libertarias de sus padres, en 1923 ingresó en la CNT y en 1927 participó en la fundación de la FAI. En esa época, además de formar parte del equipo de publicaciones libertarias como La Revista Blanca y colaborar en Solidaridad Obrera, escribió las novelas La victoria (1925), El hijo de Clara (1927) y La indomable (1928). Entre 1936 y 1937 ocupó el cargo de ministra de Sanidad y Asuntos Sociales en el Gobierno republicano, convirtiéndose en la primera mujer ministra de la historia de España. En 1939 se exilió en Francia, donde vivió la ocupación alemana; allí escribiría Mujeres en la cárcel (1949), Cien días de la vida de una mujer (1949) y Pasión y muerte de los españoles en Francia (1950). No regresó a España hasta 1977, donde continuó con el activismo político hasta su muerte.
Es un librito tan corto que cuesta hasta describirlo. Tiene un valor histórico importante como colección de esos textos escritos por Montseny y publicados en una revista anarquista de la época y como reflejo de algunas de sus ideas, aunque a nivel literario me parece que tiene poca chicha. Es una especie de libro semi autobiográfico que cuenta la historia de Vida, una niña llena de sueños y pasiones que se convierte en una mujer igual de impetuosa y que valora por encima de todo la libertad. De ahí el título de "La indomable". Es una mujer que ciertamente choca en personalidad con muchos de los convencionalismos de la época, pero tampoco tanto, se percibe demasiado individualista a mi parecer como para tomarla como vehículo de ideas anarquistas. Además, tiene romantizada la maternidad de una forma aterradora, algo que no sorprende siendo Montseny su autora, ya que se conoce su creencia en este aspecto frente a otras compañeras de la época como Lucía Sánchez Saornil. Y también está obsesionada con un ideal de amor de hombre que nunca le llega. Quizás por todo eso se me ha parecido poca cosa.