Recluida en el Hotel París, una casa de reposo a las afueras de Medellín, Raquel presiente que la única manera de recuperar la estabilidad es enfrentándose a los secretos y a las heridas no sanadas de su pasado. Adonde regresa es a la década de los ochenta, cuando tenía apenas doce años de edad. Soñadora, retraída, paticoja, víctima de alucinaciones visuales y auditivas, y tan lejos de la infancia como de la adultez, la realidad que se le ofrecía en medio de su numerosa y variopinta familia era, casi siempre, un doloroso enigma. Pero después de mucho escarbar, también logra conquistar esa inocencia única, y mágica, de cuando estaba descubriendo el mundo. Mientras se sacude los fantasmas que la persiguen, Raquel empieza a establecer lazos con las personas que la rodean en el Hotel París, ese supuesto recinto de locos, y se acerca a una sensación de pertenencia y normalidad que hasta entonces le había sido esquiva.
Me queda la sensación de haber comenzado un libro y terminado otro muy distinto. No sabría decir a ciencia cierta si me gustó o no, hay muchas cosas que si me gustaron pero otras quedaron muy forzadas. Mi opinión va más por las 2,5 estrellas pero, como Goodreads insiste en no dejarnos poner medias estrellas, dejémoslo en 3.
Tengo emociones encontradas con esta novela. Me gustó en principio, pero.
Verán, María Isabel Abad, me queda claro, sabe construir personajes que enganchan y cierta maestría para el desarrollo de diálogos y escenas; de tal modo que la novela fluye, se deja leer facilito, la misma curiosidad con la que la narradora busca respuestas e historias en la vida de quienes la rodean, así, así mismito uno como lector está a la misma expectativa.
Sin embargo, ¿a dónde va todo? ¿por qué? Siento que me quedaron debiendo un eslabón importantísimo en la novela, siento que el final se precipita por resolver mis dudas (o las de la protagonista, no sé) y ese caminar lento hacia las respuestas me da un portazo de preguntas.
Lo que sí es cierto, trama desarrollada o no, es que esta novela tiene pasajes hermosísimos, momentos entrañables y conmovedores. Lo cual me dice que sí que quiero ver hacia donde se dirige la escritura de esta autora colombiana.
Raquel es una narradora que, debido a su aparente "locura" y su cojera ha estado siempre observando desde los márgenes de su familia, una familia de clase alta y que encarna los valores tradicionales paisas.
A medida que la historia avanza en una casa de reposo, llamada Hotel París, se hacen muy acertadas las palabaras de Orwell "tal vez un loco no es más que una minoría de uno solo".
En este relato Raquel entiende que la escucha es observación, que la construcción de la historia de la vida propia es importante, no solamente para acercarnos "nuestra" verdad, pero también para acercarnos a la verdad.
Raquel, como buena observadora, entiende la diferencia entre la historia oficial y la verdad. Entiende que su "locura" es la manifestación de una realidad incompleta, que solo cobra sentido cuando se suma a las historias de otras personas con menos poder que aquellos que los llaman locos.
Comenzó demasiado bien. Pensé que lo iba a amar. Pero realmente el final fue un asco. Un verdadero asco. La vieja se perdió por completo, no tiene sentido y escapa de toda lógica la manera en la que expone los hechos, es un diálogo incomprensible. Deja un montón de cosas sin cerrar, de historias. Me dio mucha rabia porque tenía mucho potencial, pero no, lo dañó.
Una historia sobre la locura que terminó convirtiéndose en una locura en sí misma. Es un libro muy bien escrito, con mensajes de fondo fuertes, pero que no terminó de conectar conmigo.
solo tengo que decir que durante todo el final tenia una cara de confusión extrema además de que no resolviron la mayor de mis dudas que era el como todos ellos llegaron al hotel parís