La puntuación que le doy a este libro se debe sobre todo a mi enfado como historiadora y arqueóloga, porque en sí, si nunca has leído nada de Roma, puede llegar a entretener. Pero me encantaría destacar varias cosas:
1. El autor no es historiador Y SE NOTA MUCHÍSIMO. Habrá gente que piense que da igual, pero no. No solo no da igual porque pone de manifiesto el gran intrusismo que existe en nuestra profesión, y que la editorial, pudiendo haber contratado a cualquier historiador-divulgador se lo encarga a un periodista. Pero sobre todo, el problema es que la gente lo ve normal. Pues no, no es normal. A nadie se le ocurriría acudir a operarse a filológo que ha leído mucho de medicina porque en su afición. Pues aquí lo mismo. Y todos los problemas que tiene este libro, deriban del hecho de no ser historiador.
2. Para un libro de historia de 295 páginas, tiene dos páginas de bibliografía. Eso es una vergüenza. Para un artículo de 20 páginas un historiador usa un mínimo de 5 páginas.
3. Se dedica a resumir libros de historiadores consagrados. Mira, para hacer eso, mejor me leo el libro directamente.
4. El apartado gráfico es de vergüenza. No sé si eso es sólo cualpa suya o de la editorial por permitirlo. Porque todo hay que decirlo. Esta editorial también tiene el libro de Egipto y ese es una maravilla, así que no entiendo esta gran diferencia.
Este autor parece que tenía que rellenar hojas y se dedica a poner fotos inútiles, con malísimos pies de página y sin sentido en la explicación. ¿De verdad el señor cree que no sé lo que es un gato o un perro y me pone su foto? ¿No exisitirán mosaicos y pinturas murales maravillosas en el mundo romano como para poner un monigote en el capítulo de los esclavos?
Sobre este punto podía seguir hablando, porque sin duda es el peor del libro.
5. El desorden con el que explica acontecimientos. Yo me se la sucesión de emperadores, pero sino, no te enteras de nada, y el libro, que podría enseñar muchísimo, queda como un mero contador de anécdotas "curiosas".
En definitiva, no lo recomiendo. No solo a otros compañeros historiadores. Sino a nadie, porque existen de verdad libros de divulgación maravillosos por leer.