Memoria y utopía, reflexión y acción, sonido y sentido, ética y esté entre estas fuerzas divergentes la escritura de Milán alcanza una máxima tensión. De poema a poema, el autor ha ido construyendo un lenguaje sin parangón en el ámbito de la poesía hispanoamericana de los últimos años.
Eduardo Milán es poeta y ensayista. Nació en Uruguay en 1952. Exiliado en 1979, reside en México. Fue miembro del consejo de redacción de la revista Vuelta que dirigió Octavio Paz y del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Entre sus publicaciones poéticas constan: Errar (1991) Acción que en un momento creí gracia (2005), Disenso (2010), Vacío, nombre de una carne (2011), Donde no hay (2012), Chajá para todos (2014), El poema estaba (2018), Consuma resta I (2018) y Consuma resta II (2019)(poesía reunida). Ensayo: Ensayos Unidos. Poesía y realidad en la otra América (2011), No hay, de veras, veredas (2012), Visión de cuatro poemas y el poema que no está (2013), En suelo incierto, ensayos (1990-2006) (2014), Yo que se apoya en tierra purpúrea precisa un espacio Hudson (2018), Hilachas raíz, chajá (2019).
La primera vez que me topé con un poema de Milán en alguna antología, no me gustó.
No entendí un carajo y tan sólo me hastió, fastidió, lo creí otro de tantos escritores afectos a pergeñar poemas herméticos que ni a ellos mismos les dicen nada, que en realidad no dicen nada, mera acumulación de palabras con cierto ritmo y nada más.
No obstante, tras una nueva lectura, años después de aquella primera apresurada, poquito a poco me fui encandilando con sus versos, y descubrí algo inquietante, misteriosamente armónico, poderoso, de momentos fascinante en poemas de musicalidad encantadora.
No digo que así lo sean todos, muchos poemas hay en este libro que se pasan de crípticos, que de hecho, tal vez, no dicen casi nada, o nada (dependiendo de quien lea), y de ahí, supongo, el que Milán resulte fastidioso para casi cualquiera.
"Un claro en medio del blanco...", "El agua alumbra...", "Deriva de América...", "Ese que anda...", de entre los poemas incluidos en este Disenso, consiguieron transmitirme con una fuerza peculiar eso que Octavio Paz alguna vez me dijo se llamaba imagen poética, un sentimiento, una sensación, una premonición, un entender trascendental y apertura momentánea de los cielos imposible de transmitir de otra manera mas que con la lectura o recitar de las palabras del poema... Algo así como un encantamiento.
Hay una música en estos versos, música que intenta recobrar la palabra por sí sola, por sí misma, y que como tal tal vez se queda corta, sin no por ello resultar a veces acuciante, inquietante, y hasta momentáneamente arrebatador con todo y el desconcierto, palabra que transmite una peculiar ética y estética, misteriosa percepción de algo que con los ojos puestos en el mundo se nos escapa y sólo aquí, por virtud de este arreglo raro, inunda nuestra ciega percepción atolondrada.
O quizá no sea nada de esto, y son sólo tonterías.
De todas formas, igual disfruté de este libro. ¿3.5?
Entre todo lo que circula hoy en los libros de poesía, encontrar este librazo de Eduardo Milán es un hallazgo singular. Te rompe la cabeza y te devuelve la fé en la poesía moderna del siglo XX. Una lástima que entre tanto libro falopa en librerías yo lo haya cruzado en una librería de saldos de la ciudad de Buenos Aires (aunque me guardé unos mangos). A pesar de esto, que yo recomiendo ir ya a buscarlo, en especial porque hay muchos libros del FCE en dicha librería sobre avenida Corrientes antes de calle Uruguay para el lado del Obelisco. NO dejen pasar esta joyita perdida en el mar de libros que existe.