Lo que he escrito en este trabajo, y todos los aspectos propios del mapuche kimün,me ha sido entregado por mis abuelos y abuelas y por muchos ancianos amigos, kimche y machi, con los que he pasado días enteros y largos períodos de tiempo conversando. Muchas veces esto sucedió dentro de grandes ceremonias mapuche como gillatun1 , txawün, gillañmawün, zatun, y en otras ceremonias de machi, también en grandes palin que se desarrollaban en plena dictadura militar entre los años 1980 y 1988 en la localidad de Kollinque en la comuna de Lumaco, comunidad donde vivió don José Luis Huilcaman, con quien jugué al palin tantas veces, que nos hacíamos llamar por ambos lados como kon2 . Ha sido un proceso de inmersión casi sin darme cuenta, cuya base ha sido nuestro mapuzugun, nuestra propia lengua mapuche; gracias a mi ventaja de ser hablante y hoy por mi rol de zugumachife, lenguaraz e intérprete de los espíritus de machi, puedo escribir este texto.