Sentado en una butaca de la segunda fila del teatro de Bellas Artes durante la entrega de los premios Ariel, el narrador de "Ceremonia" espera: "Gasolina", película basada en su primera novela, ha sido adaptada al cine y, luego de un éxito más bien moderado, está nominada en un par de categrorías. Y aunque el resultado final de la cinta no es del gusto de su autor —en el camino la historia sufrió cambios, perdió su escencia y derivó en una reedición inflada para cuadrarse con la película—, sigue la premiación nervioso por escuchar su nombre. Este punto de partida es el pretexto para que Daniel Espartaco Sánchez teja un hilarante relato en el que desfilan el activismo burgués, las peripecias de un escritor sin mayor pretensión que beber leche directo del bote, el mundillo editorial, los decadentes servicios de salud en el país y, por supuesto, el cine mexicano: cosas que, en su conjunto, son un problema que nos compete a todos.
Daniel Espartaco Sánchez (Chihuahua 1977). Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen en 2005 y Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez en 2009.Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 2013. Autor de El error del milenio (UG, 2006), Cosmonauta (FETA, 2011), Gasolina (Nitro Press, 2012), Autos usados (Mondadori, 2012) y Bisontes (Nitro Press, 2013). En 2014 publicó una novela policiaca en colaboración con su hermano, Raúl Aníbal Sánchez, La muerte del pelícano (Ediciones B).
Este cabrón lo vuelve a hacer, Daniel Espartaco Sánchez logra escribir una historia aplastante, en la que mezcla cantidades precisas de humor, crítica, una buena historia, una narración que cabalga como los buenos poemas: las frases, los párrafos, se enlazan uno a otro, y uno como lector no tiene más que leer todo de un jalón, divertirse y terminar con la sensación de haber leído un gran libro.
Allá o acá donde hay autores sumamente cerebrales, que invierten un montón de páginas en desarrollar sus novelas (y vaya que no estoy diciendo que unas obras sean mejor que otras o que valgan más que otras, venga, no las estoy comparando en calidad, sino solo en extensión), DES domina el área chica.
Creo que podría ser nuestro César Aira, su capacidad de fabular, de insertar persecuciones en lancha o bazucazos desde un helicóptero volando, es decir, su capacidad de inventar panoramas descabellados, pero no imposibles, y siempre con una verosimilitud apabullante, y, y, y, con una inteligencia muy bien difuminada, lo consolidan como El Gran Escritor de nuestros tiempos.
Sí, hay mucha risa entre sus páginas, hay una inventiva sumamente creativa y amena a lo largo de esta breve novela, pero también hay una reflexión sobre el quehacer literario, sobre cierta condición ridícula del cine mexicano actual y de sus promotores culturales, sobre un par de figuras endiosadas, sobre un sistema de cultura estatal o federal absurdo y estúpido. Hay también, la preocupación de un escritor por narrar el Zeitgeist a la mexicana.
Hay eso: la preocupación de un escritor: “Todo el significado que mi opúsculo Gasolina tenía para mí, más allá de la sátira a simple vista --la soledad del hombre contemporáneo, la incapacidad del individuo para encontrar su lugar en el universo, todo eso-- había quedado reducido a drogas, reguetón, violencia y escenas de sexo (no había una sola en el libro).”
Nuevamente estamos ante una crítica del sistema desde dentro del sistema, una crítica feroz hacia la sociedad de consumo que nos arrolla, una crítica demoledora hacia un mundo que es capaz de transformarse por completo en aras de la mercadotecnia, de las falsas ilusiones, de los paraísos artificiales, del dispendio absurdo y estéril.
DES es capaz de reírse de sí mismo y de escribir increíblemente bien un libro al que no se le ven las costuras por ningún lado, un autor con una voz muy bien definida y reconocible que está construyendo un universo literario magnífico.
Me gustó la manera en la que está escrito, toda la lectura tuve la sensación de estar leyendo el diario íntimo/pensamientos secretos/monólogo interior del autor. Además la longitud del libro es perfecta para una tarde lluviosa en un café. Lectura recomendada 😊
Un monólogo frenético y desolado. Con mucho humor y una soberbia disfrazada de desfachatez, el protagonista nos lleva por un breve viaje a través del mundillo de la cultura en México. Una noveleta divertida que se lee en una sentada y te recuerda que no todos queremos triunfar de la misma manera.
Después del éxito de la película basada en su libro, está por comenzar la entrega de premios Ariel. El protagonista nos transporta a lo ocurrido antes de tal, entre reflexiones sobre su obra literaria, sus planes los cuales no siempre van de acuerdo con los de los productores, su relación con Nadezhda, sus relaciones con quienes intervinieron en la filmación de la película y su “acertadas” selecciones de actores para representar a ciertos personajes, la interpretación que hicieron de su libro para llevarlo a la pantalla gigante. La idea de la vida bohemia de un escritor contrasta con la realidad de éste quien lleva una rutina muy sana. Mi recomendación, como me la hicieron, leer primero Gasolina para comprender toda la historia.
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