Ocurre en Londres, todos los viernes por la tarde. Terry y Julie quedan en la estación de Waterloo, cruzan el viejo río sucio y contemplan juntos el atardecer. La imagen de los icónicos personajes de “Waterloo sunset” describe algo más que un encuentro: explica toda una generación, una ciudad, una atmósfera. Atardecer en Waterloo es la historia definitiva de los Kinks como nunca antes se ha contado: una narración trepidante, envolvente, documentada, emocional y con mucha literatura. Abarca desde los inicios del grupo, a principios de los 60, hasta su disolución en 1997, sin olvidar los cruciales años posteriores. Sus éxitos, sus fracasos, sus hallazgos musicales, los puntos clave que marcaron su carrera o la génesis de sus trabajos discográficos y de muchas de sus canciones más emblemáticas se analizan con detalle en esta completa obra. Además, un revelador apartado sobre su relación con España, con entrevistas inéditas, resuelve muchas de las incógnitas acerca de los mitos generados en torno a sus giras españolas. Las canciones de los Kinks han trascendido fronteras, épocas y estilos, y llegan hasta nosotros como un resplandeciente ocaso que nunca se apaga.
"- Ray, ¿parece una mujer? - le espetó. La barba de tres días le hizo sospechar. Ray sabía que era un travesti, pero llevó la situación al límite para ver lo que daba de sí. Y dio de sí. De repente, Robert empezó a abrazarla, a besarla y a declararle amor eterno. Su mánager, borracho como una cuba, se había enamorado de su transexual parisino. Ray anotó todo en su libreta, como un narrador voyerista v un tanto canalla. Ese incidente inspiró una de las canciones más antológicas, reconocibles y perdurables de toda la discografía de los Kinks."
Acabado el tochal sobre los Kinks. Me ha gustado mucho, sobre todo las introducciones a cada capítulo ya que, después de éstas, quizá hay momentos en que es demasiado profuso en datos para kinkmaníacos. En cualquier caso, como digo, me ha gustado mucho, me ha hecho querer profundizar (an algunos casos, descubrir) discos (sobre todo, de la época 70-80), ha hecho que mi admiración por Ray Davies crezca febrilmente y me reafirma en aquello que me dijo un día Patxi: cuesta entender que haya gente que no sea fan de los Kinks.