En su relación con la dimensión institucionalizada de la nación, la cultura nacional española surgió a lo largo del siglo XIX de la adecuación entre la entidad política del Estado y el sistema político liberal, la convivencia entre las ideologías y las culturas políticas, las realidades cotidianas de la vida social y el conjunto de producciones intelectuales, artísticas o técnicas que a ella se referían. Sin ser única, ni uniforme, sino plural y diversa, la noción abarcaba e incluía desde la historia nacional y su equivalencia con la historia de la literatura, la lengua castellana, el arte, los saberes políticos y las ciencias naturales, hasta el amplio cortejo de fenómenos intelectuales y valores morales asociados a la religión católica y los sentimientos patrióticos, sus traducciones simbólicas y sus imágenes alternativas, las interpretaciones que dieron lugar al mito de las dos Españas y la cultura del recuerdo o de la conmemoración.
Desde 1975 hasta la actualidad, la vuelta a la pluralidad política impulsó el desarrollo de toda una serie de procesos conmemorativos y festividades públicas conectados con la construcción del Estado de las Autonomías y las nuevas sensibilidades políticas e identidades nacionales. A nivel estatal los gobiernos del PSOE y el Partido Popular plantearon sus políticas conmemorativas a través de un organismo dependiente del Ministerio de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (en la actualidad Acción Cultural Española). Las incertidumbres actuales derivadas de las diferentes visiones de España y la identidad de los españoles se han reflejado en los conflictos sobre la memoria y la deslocalización conmemorativa del Bicentenario de la Guerra de la Independencia. La era de la postglobalización abierta por la crisis económica ha vuelto a poner de actualidad las políticas de las conmemoraciones nacionales y el mismo concepto de la cultura nacional española.
Una obra que recoge, como su título dice, la construcción de la cultura nacional española a lo largo de toda la Era Contemporánea (desde comienzos del XIX hasta la Transición) pero qué está escrito de una forma muy farragosa que dificulta su comprensión. Aunque la lectura es muy interesante, no es una obra a la que pueda aproximarse cualquiera. El carácter literario y los constantes paréntesis (muchos de ellos de más de tres líneas) hacen difícil entender el contenido. Sinceramente creo que si el autor hubiera introducido muchos de estas acotaciones en notas a pie de página hubiera facilitado enormemente la comprensión a los lectores, sin modificar tampoco su estilo.