La obra cuenta las desventuras de un individuo a quien otras personas comienzan a atribuir una funesta influencia magnética que trae como consecuencia mala suerte a todos los que se involucran con él. Esta creencia es fruto de una superstición muy difundida entonces en Buenos Aires.
Gregorio de Laferrère was an Argentine politician and playwright.
Gregorio de Laferrère was born in Buenos Aires to Mercedes Pereda, a local heiress, and Alfonso de Laferrère, a prominent French Argentine landowner. One of three brothers, he earned his secondary school education at the Colegio Nacional de Buenos Aires. He began a career in journalism, and wrote for the satirical El Fígaro briefly under the pseudonym of "Abel Stewart Escalada." Joining his family for a visit to Paris on the occasion of the 1889 World's Fair, he lost his father to a sudden illness while in the French capital; there, however, he became acquainted with the theatre after attending a number of performances of Molière's works by the Comédie-Française.
Returning to Argentina, he joined a friend, writer José María Miró, as an active member of the ruling National Autonomist Party, and in 1891, was elected the first Mayor of Morón, a newly established town west of Buenos Aires; taking office after a heated campaign, he reportedly arrived at City Hall for his inaugural in disguise. He resigned his post in 1892, and approached the new leader of the Radical Civic Union, universal male suffrage activist Hipólito Yrigoyen, in search of alliance that ultimately did not materialize. He was elected on the centrist National Party ticket to the Buenos Aires Province Legislature in 1893, and in 1897, established the splinter Independent National Party; on this latter ticket, Laferrère was elected to the Lower House of Congress in 1898.
Reelected in 1902, the following year he established the "Popular Association," advocating direct democracy. Laferrère relied on his membership in the elite Officers' Association, by virtue of his family ties, to organize a public forum facing the institution's palatial headquarters, where he held forth almost daily, and heard appeals, both personal and of a policy nature, from the city's poor.
Laferrère had, from an early age, written as a hobby, without having published his work. Long a patron of the former San Martín Theatre on Buenos Aires' downtown Esmeralda Street, he first had a play, ¡Jettatore! ("Evil Eye"), staged in 1904. The slice of life comedy, written in a vaudeville format, included President Julio Roca among its audience during its May 30 premiere, and went on to become a box office success. He was reunited with the prestigious Jerónimo Podestá Theatre Company for the May 6, 1905, premiere of his second play, Locos de verano ("Summer Madness"). The satire on prevailing social mores was also successful, and ran for eighty consecutive showings (unusual for the time in the local theatre).
Following the 1906 production of Bajo la garra ("Into the Clutches"), a tragedy dealing with the consequences of malicious gossip, Laferrère secured congressional funding for the Lavardén Dramatic Conservatory, the first of its type in Argentina. The group produced his fourth and most successful play, Las de Barranco ("Barranco's Girls"), which premiered on April 24, 1908. The play, a work of social criticism dealing with a military officer's death and his nearly destitute widow's efforts to marry her three daughters off to moneyed bachelors, ran for 146 performances, and in 1921, was staged for a Paris revival.
Immersed in his work, the noted playwright retired from Congress in 1908, and in 1911, produced Los invisibles with Pablo Podestá's company. The comedy, centered on an otherwise ordinary shopkeeper's sudden obsession with ghosts, was less successful than its predecessors, however. He joined Honorio Luque and Dr. Pedro Luro (who had earlier developed what became the Villa Luro section of Buenos Aires) in a real estate venture southwest of the rapidly growing capital in 1911. The location capitalized on the imminent arrival of the Buenos Aires and Pacific Railway line, and was a modest success in its early years.
Following a brief illness, however, Gregorio de Laferrère died in Buenos Aires in 1913, at age 46
Esta obra de teatro de Gregorio de la Ferrere, transcurre en el ámbito doméstico, un sitio en que el autor se movía con gusto y conocimiento.
En la casa viven una madre viuda, con su bella hija casadera, cuando entra en escena el pretendiente, Don Lucas, un hombre mayor de una muy buena posición económica.
Ignora la madre que su hija tiene un enamorado que no es ni más ni menos que su primo Carlos, pícaro y seductor, lo que en Argentina se denomina admirativamente un tipo vivo, o un canchero.
Carlos recurre a todas sus artes para desalentar el compromiso, advirtiendo a la madre (que desconoce su secreto), que Don Lucas es un jettatore, un término que supongo es de origen italiano, y que hace referencia a las personas que traen inevitablemente la mala suerte y la desgracia.
Y así continúa su "campaña de desprestigio", aprovechando cualquier hecho negativo, para hacerle notar a la viuda, sobre la certeza de su advertencia, muchas veces en presencia de Don Lucas, mostrando la señal de los cuernitos (dedos índice y meñique apuntando, los del medio replegados) a la viuda, a espaldas del pretendiente.
Una comedia en el género de la picaresca, en la que el manejo de los diálogos y los movimientos en la escena, la hacen una muy buena obra.
Con el tiempo el término fue simplificado en el lunfardo (argot porteño o argentino) como yeta, que además de personas, ha extendido su aplicación a ciertas acciones (abrir un paraguas dentro de la casa, adelantar un triunfo deportivo, mencionar ciertos nombres).
Gran obra teatral argentina, pero me aburrió un poco. Y me resultó exagerada en demasiados puntos, lo que le quitaba para mí el humor que poseía, lo mismo me pasó en las dos obras que están en esta edición. En primer lugar tenemos la obra ¡Jettatore!, nos plantea la creación de la existencia de este personaje, ya que ciertos integrantes de la obra -Carlos, Lucía, etc.- se empeñan en hacer de Don Lucas un jettatore en toda regla para llegar a ciertos fines. Todo lo que rodea a este fin no tiene ni pies ni cabeza, ya que nos encontramos ante una sucesión de artimañas y malos entendidos que llegan a un final bastante simple a mi parecer. En segundo lugar nos encontramos con la obra Invisibles, adaptación de Francisco Javier de una obra de Laferrère, esta tiene mucho menos pie que la anterior, nos encontramos ante un grupo bastante raro de personajes que se han subordinado al espiritismo y sus prácticas, convirtiendo las situaciones que viven en parte de un verdadero manicomio, y también posee un final simple y a la vez muy abierto. En general ninguna de las obras me entretetuvo, en ciertos momentos hasta se me hicieron algo pesadas, aunque entiendo muy bien el peso que las mismas tuvieron en el teatro argentino y que se merezcan al menos una lectura en la vida de todo lector.
Lucas es un jettatore, una persona que lleva desgracias a su paso, que atrae la mala suerte, o al menos eso es lo que Lucía y Carlos van a hacerle creer al resto. Una obra cortita que cuenta la historia de una mentira que se va saliendo de control. El libro me sacó un par de risas, pero se me hizo pesado hacia la mitad.
2,5☆ Lo leí por obligación, pero no estuvo mal. La historia es graciosa y entretenida. Al ser una obra de teatro no tiene mucha profundidad narrativa, pero estuvo interesante la experiencia de lectura.
El yeta, o en italiano iettatore, se trata de un ser folklórico cuya tradición se origina en el Nápoles iluminista del siglo XVIII. A diferencia del mal de ojo, que es dirigido intencionalmente por una maldad más o menos banal, con ingredientes que no pueden ocultar su fantasía, el yeta es un mal indiscriminado de dimensiones metafísicas contenido en un humano mortal y corriente. Es el punto de la cultura burguesa italiana en que la magia y la ciencia aún no se habían despedido. Este elemento folklórico de la ciudad viene aprovechado por el romanticismo y posteriores corrientes, como lo son el ejemplo de Jettatura de Gautier, referida en la obra de Laferrère, o I fatali, relato ignorado y notable, de Igino Ugo Tarchetti, integrante de la Scapigliatura milanesa. Pero Jettatore forma parte de aquella utilización más bien cómica aparecida en el siglo XX: el yeta provoca situaciones entretenidas. En gran parte de las comedias de enredos lo importante es la naturaleza del saber, y en ello el ver y el oír propios del teatro. Aquí el típico criado pillo de las comedias de enredos está fusionado con el amante joven y la elaboración del enredo es realmente breve.
(A partir de ahora el lector puede sentir que se están insinuando aspectos de la historia, aunque en realidad se habla de la trama y de cosas tan comunes para la comedia como los muertos para el policial)
Entonces, hay poco hacer y estrategia, el enredo es mucho más simple que, digamos, Plauto o Goldoni. Ocurre que las cosas se desencadenan por medio de la acción o simple presencia del yeta cuya interacción está modelada por la dualidad de ser mirado como yeta (mal no intencional), y mirar como mago (manipulación intencional) además de la credulidad del resto. De hecho, un rastro romántico es la ambigüedad con la que se asume el estatus de "veracidad" sobre la creencia en la yeta, típico de las oposiciones decimonónicas ciencia/magia, vigilia/sueño, razón/locura, realidad/ficción. El texto poseé algunos elementos que quizá lo envejecen ante algunos lectores. Nuestro yeta no es malvado más allá del rasgo manipulador algo ingenuo, y cada vez menos personas acreditan que la yeta no sea más que una excusa para injusticias. Podría resultar difícil no verlo como una víctima. Pero principalmente es el vocabulario, como en tantas comedias, lo que objetivamente se ha deteriorado. Muchos diálogos suenan innaturales a la oralidad del público actual, pero no lo suficiente para llegar a la condición más positiva del arcaísmo o de la elaboración grotesca, por lo que en traducciones o adaptaciones probablemente la suspensión de la descreencia sea más accesible.
Que libro tan confuso, me gusto la idea del jettatore me dio bastante gracia pero nunca vi en donde esta la comedia de este libro.
Nunca entendi la relacion de Carlos y Lucia... ¿primos?...¿pero novios?...¿pero lucia no lo queria besar? Nose todo muy confuso.
Muchas escenas no tienen sentido y no se profundisan para nada. Los personajes no tienen desarrollo para nada, ni historia NADA.
No entendi que personas sabian sobre el plan sobre el jettatore porque tampoco se explica, es como medio a imaginacion del lector... pero SI NO ME DECIS NI ME DAS UN INDICIO NO ME ENTERO.
entretenido por partes, no vi donde estaba lo gracioso del libro, muy confuso para entender algunas partes porque no se explica nada y personajes sin desarrollo.
Definitivamente los libbros que mandan del colegio y yo no somos compatibles :(
Lo leí para una materia de la facu. Me aburrí. No me aportó nada, y entiendo que es una comedia y no tiene un gran mensaje o la intención de cambiarte la vida, pero tampoco me divirtió. Un punto a favor es que se lee rapidísimo. Trata de esta familia argentina donde algunos de sus miembros inventan que el pretendiente de Lucia es yeta (dar mala suerte) para así librarse de dicha unión. La trama es básicamente eso, pero cómo se desenvuelve es lo que a mí me aburrió. Quizás en su época y representada en el teatro era comiquísima, hoy en día habría que darle una vuelta de tuerca para hacer al público reír.
3/5⭐ El libro está muy bueno, pero el género dramático no es para mí, no me transmitió nada, aunque tengo muchas ganas de ver la historia representada en teatro
Jettatore es una obra de teatro humorística, en donde se habla de la superstición de la jettatura (persona que trae mala suerte). El argumento es breve: Carlos, que está enamorado de su prima Lucía, inventa que Don Lucas, el pretendiente de la joven. es jettatore para así poder irse con ella. Pronto todos terminan creyendo que es verdad, incluso Lucas que fue quien inventó todo. Más allá del humor, se trataba de probar con esta obra, la crisis de valores que atravesaba la burguesía en crisis de los años 1900, en Buenos Aires. En el primer acto de la obra, se presentan algunos de los personajes más significativos, se explica el significado de jettatura y se propone el plan de la farsa:
"Los jettatores son hombres como los demás, en apariencia; pero que hacen daño a la gente que anda cerca de ellos... ¡Y no tiene vuelta! Si, por casualidad, conversa usted con un jettatore, al ratito no más le sucede una desgracia".
Los engaños comienzan pronto, cuando llega Don Lucas a la casa y le da la mano a Lucia para presentarse, esta simula un mareo y comienza a gritar diciendo que su mano le quema (la mano con la cual saludó a Don Lucas. Carlos trae a Enrique quien se hace pasar por un médico, aunque no es tal cosa. Luego de revisar a la chica, le explica a los padres de Lucía, que la joven padece un efecto de una jettatura. (¡Miren si un médico va a decir eso! Jajaja) Más tarde, Pepito (el novio de Elvira, hermana de Lucía) cuenta que últimamente, luego de encontrarse con Don Lucas le estuvieron sucediendo malas fortunas. En el segundo acto, la farsa se complica. Enrique le juega una mala pasada a Don Lucas haciéndole creer que es un hipnotizador y pidiéndole que no se lo cuente a nadie. Pepito discute con Don Juan acerca de Don Lucas, amenazándo con dejar a Elvira si el jettatore se les unía a la familia. En el tercer acto, Doña Camila (la madre de Lucía) saca a conclusión que todas las cosas malas que le ocurrió a la familia empezaron con la llegada de Don Lucas. Don Juan (el padre de Lucía), por su parte, observa que en la casa todos tenían objetos contra la jettatura. Para colmo, Elvira enferma. Es el propio Don Lucas quien se termina enterrando en esta historia, al contar que al caminar por Maipú, un obrero se cayo y murió delante de él; recordó también a alguien arrollado por un tren y otros pequeños incidentes. Por último, se inventa una historia en donde un perro salvaje intentó atacar a una amiga. Todos horrorizados escuchaban las anécdotas. Don Juan, aún escéptico conversa con Don Lucas acerca del poder que este tiene, pero los diálogos se muestran confusos y ambiguos. Al llegar la noticia de un incendio en la estancia, Don Juan se convence.
"Si me habré limitado a descubrirlo, mientras creía inventarlo..."
Si es o no un jettatore Don Lucas, te lo dejo a tu criterio. La obra, en suma cuenta, entretiene y es agradable.
La primera obra es la que dió origen y popularizó la palabra “Yeta” como manera de designa al que trae o atrae la mala suerte o inclusive a la mala suerte misma.
Lejos de lo que uno podría imaginarse antes de leer la historia, no se trata de un drama sino de una comedia excelente donde sin duda podremos identificar a amigos y conocidos con los delirantes comportamientos contra la mala suerte.
Me encantó la obra y me gustaría verla en teatro alguna vez.
Primera obra de Gregorio de Laferrére en que cuenta sobre —como dice el título— los Jettatore, pero ¿que son? Se trata como una denominación que inventa Carlos, primo de Lucía, para Don Lucas que se quiere casar con ella pero como Carlos también siente lo mismo se inventa que es un Jettatore, una persona con mucha mala suerte que puede hacer daño con su sola presencia. Es una obra de teatro corta que debería generar risa pero —a lo mejor soy yo— no me ha hecho gracia en ningunos de sus actos que posee; por lo tanto ni me ha gustado ni lo he odiado.
Es una obra sencilla, con costumbres y supersticiones de la época. Hoy en día hay ciertos modismos en el habla y/o costumbres que han quedado desactualizados, pero a mi me encanto poder vislumbrar esa sociedad de principios del siglo pasado. Me gusto bastante.