En "Las Tres Sorores" Sender nos sumerge en la agonía (en el sentido unamuniano) de varios personajes presentes e históricos. Sus vivencias -las del mismo autor, tal vez- oscilan entre el deseo de dogma absoluto y la libertad absoluta. Pero, ¿para qué nos sirve la libertad si no la damos a un credo, a una tendencia social, a una persona?, parece preguntarse el protagonista -un espartaquista intelectual- de esta novela. Sender mismo responderá en unas recientes declaraciones: "En mi caso. ha sido siempre a Ia disciplina de la expresión literaria...". Según él, fantasia es inventar cosas irracionales. Lo suyo es más bien imaginación creativa que hace verosímil Ia misma realidad; porque la realidad es casi siempre inverosímil. Aunque este libro es una remodelación del que hace ya cuarenta años publicó el autor con el título de "Siete Domingos Rojos" se podrá advertir que Ia tesis es Ia misma, con una dimensión más profunda, es decir, con una proyección mística que no sorprenderá al Iector que haya Ieído otras obras de Sender. No hay duda de que los autores tienen derecho a modificar, refundir o añadir -o quitar- lo que bien Ies parece en sus ediciones sucesivas. Y si lo hicieron Balzac en Francia y Valle-Inclán en España, el autor español se puede permitir Ias mismas Iibertades. Ya es sabido que, en Ia historia, Ios críticos hacen uso para sus análisis de la última edición de cada libro publicada en vida del autor.
Ramón José Sender Garcés fue un novelista español. De espíritu rebelde y autodidáctico, se sintió siempre atraído por la ideología del anarquismo, incluso cuando, avanzada la vida, se apartó de las actitudes izquierdistas de su juventud. Tras realizar el servicio militar en Marruecos, se inició en el periodismo y colaboró en publicaciones radicales y libertarias.
Sus primeras novelas son de testimonio social y propósito denunciatorio: el antimilitarismo de Imán (1930), sobre la guerra de Marruecos; su ataque al régimen policiaco en O.P.: orden público (1931); la lucha anarquista en Siete domingos rojos (1932) y el relato de la insurrección cantonal de Cartagena (1873) en Mr. Witt en el cantón (1935). Durante la guerra civil luchó en Sierra de Guadarrama y publicó el documental Contraataque (1937), sobre el cual se inspiró en parte Malraux para su novela L'Espoir.
Exiliado primero en México (1939-42), residió el resto de su vida en los Estados Unidos, con trabajos docentes en Alburquerque (1947-63) y en Los Ángeles (1965-71). Dejando a un lado su intensa actividad periodística (en la revista antifascista y anticomunista Cuadernos de París, por ejemplo), su copiosísima producción narrativa prosiguió por numerosas y variadas rutas.
Por un lado están sus novelas alegóricas de intención satírica o filosófica; entre ellas cabe citar El lugar del hombre (1939), La esfera (1947), El rey y la reina, de 1949, El verdugo afable (1952), Los cinco libros de Ariadna (1957) y Nocturno de los catorce (1971). Un sector aparte se halla constituido por sus novelas históricas: Bizancio (1956), Jubileo en el Zócalo (1964) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), entre otras. El marco geográfico latinoamericano le inspiró una gran novela, Epitalamio del prieto Trinidad (1942), historia de una rebelión en una isla-presidio, notable por la recreación de las pasiones humanas y la descripción de una atmósfera alucinante y de exótica sensualidad.
Pero el sector narrativo más importante de Sender procede de su memoria histórica. Junto a una obrita perfecta, Mosén Millán (1953), luego titulada Réquiem por un campesino español, publicada en 1960, conmovedora historia de un sacerdote que quiere salvar a un joven del pueblo en los inicios de la guerra civil, destaca la serie Crónica del alba, compuesta de nueve novelas aparecida entre 1942 y 1966, autobiografía de José Garcés, personaje bajo el cual se oculta de modo transparente el propio autor. Destaca, dentro de esta serie, el primer tomo, con la evocación del mundo infantil.
En general, la obra escrita en su vejez -incluso títulos tan difundidos como La tesis de Nancy (1962), En la vida de Ignacio Morell (1969), y Nocturno de los 14 (1969), El fugitivo (1972), La mirada inmóvil (1979)- muestra un descenso de su capacidad creativa y una tendencia incontrolada a manifestar a modo de prédica sus fobias ideológicas.