Con elementos de novela gótica, de misterio, fantasía, terror y relato de crecimiento, Cerezas al óleo nos sumerge en el alucinante mundo al que un día llega su joven protagonista Ana a la Mansión Castillo. Atravesar monte Silencio será para Ana toda una aventura inesperada, una novia fantasma, víctima del incendio que destruyó su vida.
Ana comienza a sufrir una serie de pavorosas experiencias extrasensoriales al sentir ruidos, ver sombras, escuchar voces misteriosas y ser testigo de cómo unas aladas figuras cobran vida, al tanto que en fragmentos muy bien seleccionados, el autor nos avisa del mito creador de la vida según las más antiguas cosmovisiones de distintos puntos del orbe.
A medida que la acción avanza, el terror del relato se intensifica al hacerse más frecuentes las apariciones fantasmales, en tanto Ana debe permanecer sola en el vetusto caserón lleno de óleos, que su propietario el afamado pintor Fernando Castillo legara a la posteridad y una serie de horrores impensados cobren vida para poner los pelos de punta al más avezado lector.
El principio es lento, pero los últimos tres capítulos salvan para que no sea una estrella, predecible la historia buena para niños que apenas están iniciando
Mi libro favorito, la trama es envolvete y aunque desvele parte del misterio con una amiga, aun asi me gusto mucho la forma de escribir del autor y con la que narro la obra.