El reino de las imágenes configura la poética del cine. Acciones y símbolos entramados para contar, en donde las palabras son auxiliares, y la potencia descansa en la riqueza de los objetos, gestos, ambientes que resumen inicios y finales, que recogen la esencia de un mensaje, otorgando un universo emocional que nutre de significados al espectador.
Toda película empieza en la mente, se configura en los sueños, toca el tejido inconsciente cuando renuncia a narrar, para ser narrada.