"Hoy, por casualidad, me he mirado en un espejo. Hace tiempo que no ocurría, porque yo huyo de todos los espejos, de todas las superficies pulidas y reflectantes en las que yo pudiera, de repente, hallarme cara a cara conmigo mismo, pues yo siempre evito verme. De entre todos los espectáculos, el espectáculo de mi propia persona es que más me repugna.
Hoy, por casualidad, me he mirado en un espejo. Ha sido en la calle, a la vuelta de una esquina, ante el escaparate de una tienda... ¡Y me he encontrado conmigo mismo, me he cruzado conmigo mismo, como cuando nos encontramos o nos cruzamos con un desconocido!
¡Ah, qué cara tan triste!¡Cómo me apena!"
"¡Soy semejante a ese trozo de tierra ingrata y estéril, donde no crece ni una brizna de hierba, ni una flor, donde tan solo hay piedras y desolladuras leprosas, y en cuyas profundidades bullen lavas terribles y anidan fuegos formidables que no se apagarán nunca, y cuya espantosa belleza nadie sospechará jamás!"
"Estoy afectado de una singular impotencia. Suceden en mí cosas extraordinarias y tumultuosas, y estoy en estado de creación permanente. Experimento las más fuertes sensaciones y los entusiasmos más violentos. Hay momentos en que me parece que me veo alzado de la tierra y alcanzo las cimas deslumbrantes de lo absoluto... Pero todo lo que bulle en mí, permanece en mí, oculto en mí, y no se muestra en mi rostro ni franquea jamás el abismo de silencio que es mi boca".
"-¿Te aburres, Rosalie? Eso es culpa tuya, no mía. Yo no puedo hacer nada. Yo no me aburro jamás, porque yo llevo el mundo en mí. Y tú no tienes nada en ti... solo a ti misma. No es de extrañar que te aburras. Pero haz lo que yo. Remonta los siglos, trastorna la historia. Llama a ti el amor, el sueño, la belleza, la felicidad... Y no te aburrirás nunca más".