"Escribía sobre niñas muertas o sentenciadas a muerte; sus personajes son un jorobado al que unos borrachos le planchan la joroba en una tintorería, una adivina que confecciona fajas y corpiños, resucitados, suicidas, una chica que queda paralítica después de un accidente y muere extenuada de tanto festejar, una maestra que amenaza a sus alumnos atrasados con las estatuas de los próceres que roban niños y que para persuadirlos alimenta con maíz a un caballo de bronce. Su narrador es un trapo o una muñeca y los protagonistas, niños asesinos, pirómanos, dos chicas que se cambian de ropa y de pies pero olvidan intercambiar sus ángeles guardianes. Una mujer que embalsama a su perro, en un cuento que Borges detestaba. Una niña que envenena a su vecina a punto de casarse, metiéndole una araña adentro del rodete. El niño anciano con dos muelas postizas, la cara cubierta de arrugas y dos o tres canas; la moribunda a la que las amigas le quieren robar la mucama. Miss Edwards, la institutriz que se volvió loca, por las noches le hacía los bigudíes a su discípula, enroscando las puntas del pelo alrededor del cuerito relleno, sostenido por dos cintitas. Un día la niña gritó «me duele, me duele» y ella le dio una bofetada." Laura Ramos
Silvina Ocampo Aguirre was a poet and short-fiction writer.
Ocampo was the youngest of the six children of Manuel Ocampo and Ramona Aguirre. One of her sisters was Victoria Ocampo, the publisher of the literarily important Argentine magazine Sur.
Silvina was educated at home by tutors, and later studied drawing in Paris under Giorgio de Chirico. She was married to Adolfo Bioy Casares, whose lover she became (1933) when Bioy was 19. They were married in 1940. In 1954 she adopted Bioy’s daughter with another woman, Marta Bioy Ocampo (1954-94) who was killed in an automobile accident just three weeks after Silvina Ocampo’s death.
Silvina Inocencia María Ocampo Aguirre es una de las mejores escritoras argentinas de la historia. Es verdad que era la hermana menor de Victoria, pero no por ello menos genial. Silvina fue la esposa de Adolfo Bioy Casares y socia literaria de Jorge Luis Borges. Prueba de ello fue ese inoxidable libro llamado “Antología de la literatura fantástica”, compilado y publicado por los tres en 1940. Este volumen contiene exactamente 200 cuentos (en conjunto con algunas poesías) en sus 900 páginas de extensión. Son tantos que no pienso ponerme a detallar cada uno pues sería una tarea imposible. Es preferible que el lector que quiera leer “Cuentos completos” descubra el porqué de mi afirmación. No se caracterizaba por escribir tontas historias de amor. Su narrativa es dura por momentos. Leía el libro y me pareció haberme encontrado en muchos relatos con la versión femenina de Roberto Arlt, en particular por sus personajes tan especiales y de los que muchos autores (y sobre todo escritoras) se negaban desarrollar en sus cuentos. Muchos de sus personajes son violentos, crueles, duros, despiadados. No le daba miedo tocar temas escabrosos como el sexo, la violencia, la violación o el crimen despiadado. Sus cuentos fantásticos no le van en zaga y algunos son de una construcción realmente notable, que nada tienen que envidiar a los referentes en la materia. Desde su primer y perfecto primer cuento, “Luz de claraboyas” hasta las “Anotaciones” finales uno se sumerge en situaciones, tramas y diálogos muy bien logrados. Tal era su manera de escribir. Sin vueltas ni rodeos ni eufemismos. Su literatura es frontal, directa, certera, efectiva. No se va por las ramas ni necesita enmascarar nada. Debe ser por eso que me ha gustado tanto leer este libro. Silvina Ocampo fue, es y será una de las mejores escritoras argentinas de la historia. No me pidan que siga explicándolo. Léanla y lo comprobarán.
La edición de la obra de Silvina Ocampo fue dispersa hasta el momento de la publicación de estos libros; en ellos se reunieron todos sus cuentos -con excepción de los infantiles- que constituyen uno de los pilares de su labor creativa; al tiempo que rescatan el inmenso talento y la originalidad de una de las más grandes escritoras argentinas.
Esta cuentista y poeta argentina, elevó la literatura policíaca y fantástica a la categoría de géneros de primer orden. Las características comunes de sus cuentos son las intuiciones, los sueños y las obsesiones. Por otra parte, intentó borrar las fronteras entre la prosa y la poesía.
Aunque antes de consolidarse como escritora, fue artista plástica; gracias a la marcada tradición cultural de su familia y a la trayectoria de su hermana Victoria Ocampo, quien la vinculó al mundo literario gracias a la revista Sur que fundó y dirigió, Silvina tuvo la oportunidad de moverse con soltura en el mundo literario. En 1933 conoció a su marido, el escritor Adolfo Bioy Casares, con quien se casó en 1940 y tuvieron una única hija, Marta, en 1954. La revista Sur agrupó a este grupo de amigos íntimos y escritores de gran talento que marcó una época: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Manuel Peyrou, Enrique Anderson Imbert…
Su primer libro fue "Viaje olvidado" y el último "Las repeticiones", publicado póstumamente en 2006.
¡¡¡POR FIN LO TERMINÉ!!! Lo dejé botado no porque no me gustara, sino porque me fui de viaje al poco empezarlo y es un libro gigante, y después no lo retomé hasta esta semana en la que devoré los cuentos. Silvina Ocampo es una grande de las letras latinoamericanas y estoy absolutamente fascinada con su imaginación y su talento literario. De verdad, una joya, y hay varios cuentos que releeré mil veces porque son fascinantes, como su reescritura con los géneros dados vueltas de Barbazul (mi cuento de hadas favorito), o el cuento del tigre mascota. De verdad, una joya.
Con el tiempo, los libros han ido perdiendo su valor y la recurrencia a la lectura es cada vez más baja. Los libros voladores es un cuento que invita a reflexionar sobre qué ocurre con los libros no leídos, no valorados e ignorados. Los libros voladores es un cuento de la escritora argentina Silvina Ocampo, en el cual un niño de siete años narra cómo su casa está llena de libros. En lugar de tener mesas, escritorios o sillas, utilizan libros que cumplen esas mismas funciones. Los roperos y la cocina también están llenos de libros, pero ese es su único uso. La familia se muda de casa debido al gran desorden que provocan los libros, pero la situación vuelve a repetirse. Con el tiempo, el niño se da cuenta de que los libros comienzan a cobrar “vida”, pero nadie le cree, hasta que un día los libros se suicidan arrojándose del balcón. Este cuento es una lectura corta, lo que lo hace fácil de leer. A lo largo del relato se genera una sensación de intriga y confusión. El hecho de que el niño sea el narrador y protagonista crea un tipo especial de relación con el lector, una mayor cercanía, ya que podemos ver cómo percibe el mundo desde una mirada inocente y sensible. Pero ¿cómo podemos relacionar este cuento con nuestra realidad? La sociedad pierde cada vez más el interés por la lectura y por los libros. En el cuento vemos cómo la familia acumula libros, pero solo eso: tenerlos les resulta suficiente. No existe un interés genuino por su contenido. Los libros pierden su propósito original; los vemos cumplir múltiples funciones, excepto aquella para la cual fueron creados: ser leídos. También podemos preguntarnos por qué solo el niño ve a los libros y los escucha hablar. Como ya se mencionó, no se muestra ningún interés por los libros por parte de los demás miembros de la familia, excepto el niño. Él demuestra curiosidad y atención, y aunque sus padres intentan alejarlo de ese interés, ya es demasiado tarde: él “vio” a los libros. Al ser la única persona que les prestó atención, pudo percibir lo que había detrás de ellos: caos y sufrimiento. Este cuento nos invita a reflexionar sobre un mundo en el que los libros no son leídos y las consecuencias que esto provoca, dándoles voz y presentándonos la historia desde una perspectiva inocente. Los libros, al no ser leídos, se suicidan, y el final nos muestra cómo esta situación se convierte en un bucle. Si te gusta el realismo mágico, recomiendo este cuento al 100%. En general, se lo recomendaría a todos, ya que nunca está de más abrir un poco más los ojos.
La antología perfecta de Silvina Ocampo, en mi opinión, debería incluir los siguientes cuentos: - Paisaje de trapecios - Las dos casas de olivos - El impostor - Autobiografía de Irene - La casa de azúcar - Los objetos - La boda - Voz en el teléfono - Los amigos - Informe del cielo y del infierno - Carta bajo la cama - La revelación - El siniestro del Ecuador - El fantasma - Amada en el amado - Clotilde Ifrán - Paradela - Los libros voladores - Jardín de infierno - El sillón de nieve - El banquete - Miren cómo se aman
Realmente, la mejor cuentista de toda la Argentina. Ni Córtazar, ni Borges, ni todos sus colegas intelectuales que la desprestigiaban tenían lo que tenía esta mujer. Brillante!!!!!