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Historia de la guerra del Peloponeso. Libros III-IV

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Con Tucídides comienza la historia política y crítica, una historia austera y analítica en contraste con la perspectiva más amplia y coloreada de Heródoto. La Historia de la guerra del Peloponeso se convierte pronto en el paradigma del relato histórico que pretende narrar con precisión los sucesos de una guerra que sacudió el mundo griego y las conmociones políticas del propio tiempo, y luego inferir sus causas y consecuencias en un plano profundo. La visión histórica de Tucídides, su análisis y su reflexión son un documento inolvidable, «clásico» en el sentido más riguroso del término. Esta es la segunda entrega de las cuatro que constituyen esta cuidada versión de su obra. Publicado originalmente en la BCG con el número 151, este volumen presenta la traducción de los libros I-II de la Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides realizada por Juan José Torres Esbarranch.

436 pages, Kindle Edition

Published August 5, 2016

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Tucidides

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Profile Image for Jose Maria.
106 reviews7 followers
November 3, 2020
Muy interesante este segundo libro de la colección Gredos sobre la Guerra del Peloponeso. La parte que más me ha gustado es la descripción de la batalla de Esfacteria, sorprende el detalle del texto y lo cuidadoso que es el autor al describir situaciones de estrategia militar. También sorprendente que esta batalla supuso una rendición de las tropas espartanas contra los atenienses, el autor incide mucho en la importancia de este hecho y cómo impactó en la mentalidad espartana y las acciones que se realizaron con posterioridad. Con ganas de empezar el siguiente.
Profile Image for Eduardo Camps Moreno.
52 reviews4 followers
June 5, 2021
Estoy profundamente convencido de que este mundo siempre ha sido el mismo. La humanidad, siempre ha sido la misma. Y no podrá cambiar, a menos de que deje de ser humanidad. No me malentiendan, claro que también creo que en muchos sentidos ésta es una época maravillosa (la forma en que vivimos esta pandemia, aún con su desgracia, es prueba de ello) y también que llevamos a rastras el peso de muchos errores del pasado (en un país como México, esos errores se ven impresos en cada calle a la que se le puede ver la miseria de 100 años al menos). Pero creo que la humanidad es, en esencia, la misma y a ésa no la podemos cambiar, a menos de que evolucionemos a otra cosa. Así que sí, en cierto sentido, el tecnológico, el científico, el filosófico, la humanidad avanza, pero esos son sólo los detalles, en su esencia, no sólo no se ha movido un ápice sino que ni siquiera percibe el tiempo que lleva en la Tierra, porque sabe que su esencia trascendente no conoce lugar ni tiempo. El estudio de la historia sólo sirve como ejemplo del género humano: conocemos más a la humanidad cuando al paso de los siglos vemos los efectos de su decisiones, pero el tiempo requerido para alcanzar una mediana objetividad en esos hechos hace que poco nos aporten para las decisiones del presente, de ahí que tampoco se necesite ser un gran historiador para ser un buen político, pues éste tiene que leer en el presente, que es para lo único que sirve. Así, ni las diferencias culturales, ni las distancias temporales pueden ocultar la verdadera esencia de la humanidad, sólo la dotan de una nueva luz: como la pared blanca que sólo hemos podido iluminar con nuestras lámparas de colores nos arroja un tono distinto cada vez, pero sabemos que ese tono depende de la luz con la que observemos, no de la pared observada. Así, las culturas y los momentos históricos sólo nos muestran accidentes de un mismo carácter cuya evolución defendemos distinta, pero a cada instante se sigue probando animal.
Tucídides es de esas mentes brillantes que se entendieron como fenómeno del mundo y que dejaron de aspirar a ser esencia. Con esa claridad decidió narrar la guerra del Peloponeso, que supuso el fin de la Atenas democrática, cuna de la cultura occidental en muchos sentidos, a manos de la tiránica Esparta. Tucídides hila los sucesos con maestría y expone los hechos con claridad envidiable, sabiendo que no le habla a sus contemporáneos, sino al lector del futuro que quizás pueda entender mejor que él qué diablos pasó. Pocas opiniones personales deja ver a lo largo del texto (mas no por ello deja de ser muy parcial a veces como los más estudiosos y rigurosos de la historia pueden demostrar) y aunque por supuesto peca de algunos errores que dos mil años de diferencia hacen insalvables, en general Tucídides se siente vigente y le da al Peloponeso y a su tragedia una vida con la que nos podemos relacionar muy fácilmente. Los paralelismos de la guerra del Peloponeso con otras tantas guerras que han marcado la historia de la humanidad y que sin embargo, no tuvieron un ojo tan crítico para ser narradas, hacen que la obra de Tucídides se sienta hasta profética.
¿Creen que 2020 fue un mal año? El 429 a.C. sí que lo fue. En medio de la guerra contra Esparta, Atenas parecía no ir tan mal cuando entonces la peste asoló la ciudad, como si un dios furibundo hubiera decidido aliarse con Esparta. Mató a un tercio de la población ateniense y hasta los espartanos al ver las piras funerarias decidieron alejarse de ahí por temor de llevar la enfermedad con ellos. El hambre y las crisis sociales no tardaron en llevar a la ciudad al límite de su capacidad, que terminó de recibir la estocada final gracias a la muerte de su líder (al que Tucidides pinta muy carismático), Pericles. De Pericles, que al parecer tenía buen juicio y sensatez, el poder pasó a manos de una bola de inexpertos dirigentes, ávidos de fama y gloria, que llevarían a Atenas a su perdición. Así que, en cierta forma, podríamos decir que ya una pandemia ha acabado con un imperio democrático.
Esta ineptitud política se deja leer a través de Tucídides en los que sin duda son un recurso literario pero muy bien llevado de los debates entre políticos, representados por Nicias y Cleón. La demagogia, que ahora tan pintada está como enemiga de la democracia, hizo mella entre la población ateniense que ávida de un respiro en una guerra que no terminaba y una enfermedad que no cedía, clamaba por paz. Los paralelismos siguen y siguen: la propaganda a manos de los atenienses y espartanos para venderse a sí mismos como los verdaderos defensores del estilo de vida griego son apenas distintos a los discursos que hoy nos tragamos día con día, la diferencia sólo son los medios masivos que ahora tenemos. La decisión, la necesidad, de marchar a Sicilia y terminarla convirtiendo en una luenga batalla que supondría la primera derrota y el inicio del fin para una de las partes, recuerda bastante a la batalla del Somme en la primera guerra mundial. Y ya muchos han notado que el bloque liberal representado por Atenas contra un bloque tiránico representado por Esparta recordaba demasiado a la lucha entre aliados y potencias del eje que casi dos mil años después se llevó a cabo.
La guerra del Peloponeso terminó con la victoria del bloque más tiránico, que no veía con malos ojos una menor oposición al antiquísimo enemigo persa. La segunda guerra mundial terminó con la victoria del bloque más liberal y que representaba una clara respuesta al Nuevo Imperialismo tan déspota que había azotado la vida del planeta los anteriores 100 años. Pero ya han pasado 100 años y las causas que los horrores de la segunda guerra habían inspirado parecen estarse desvaneciendo. El vigor y el romanticismo que tamaña victoria inyectó a los imaginativos idealistas que inspirarían las revoluciones de los 60 y 70 parece que se extinguieron por ahí de los 80 y que tras la caída del muro y las crisis financieras posteriores, le han dado un segundo respiro de nuevo a un bloque más tiránico. Ya estábamos asistiendo al ascenso de gobiernos populistas que recuperan discursos que tildamos de añejos y esta crisis que se está desatando, lejos de ser su interrupción, puede que sea el último impulso que le hacía falta para darle permiso a la gente de entregarse a sus discursos más radicales, ya sean de izquierda o no, convencidos de que en sus ridículas espaldas pueden llevar el peso del mundo, pero incapaces de sacrificar su individualidad, ese precio que le exigen a los demás y entonces dejarán que nuevos tiranos que les garanticen ese sacrificio del otro gobiernen sus mundanas vidas.
Ya se ha visto. Lo volveremos a ver.
Pero volviendo al libro. Tras la lectura de Tucídides las tragedias griegas cobran un nuevo significado. Hesíodo, Sófocles y Eurípides, uno detrás de otro, vieron la transición de la Atenas victoriosa contra el Persa, a la Atenas derrotada contra el Espartano. La guerra de Troya como reflejo de la del Peloponeso y los héroes derrotados para recordarnos que en una guerra no hay victoriosos, tras Tucídides adquieren una dimensión apabullante y la guerra se siente más viva todavía.
Tucídides, quizás en la imaginaria que la pandemia le dejó, compara la guerra con una enfermedad de la sociedad, de la gente. A través de su narración nos deja ver cómo la guerra destruyó el brillo ateniense, pero también corrompió a su población. Es lo que hace el dolor y la violencia.
Recomendaría ese libro a cualquiera sólo para que se convenza tanto como yo de cuán similar es la humanidad de entonces a esta y que, pese a todo, como ya dijo Voltaire, dejaremos este mundo tan tonto y miserable como lo encontramos, pero, y aunque esto no lo dijo Voltaire, eso no nos da ningún derecho a abandonarlo a su suerte.
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