Estaban perdidos. Perdidos en las calles de una ciudad sin nombre. Encogidos entre la nieve y el frío invernal. Dos zapatos muy pequeños que ya no querían andar.
Los horrores de la guerra tienen muchas voces. Incluso, por qué no, la de dos pequeños zapatos. Ellos narran, en este álbum, cómo se han visto obligados a huir, esconderse, guardar silencio y caminar sin fin para escapar de ella.
Me sorprendio el texto y lo mismo con las ilustraciones. Resiliencia, esperanza es lo que senti luego de su lectura y creo que es un libro que te hace reflexionar y emocionarte con ese trayecto en calles sin nombre, entre escenarios hostiles y otros no tanto. Para niños y para grandes.
Increíble. Esto no es un cuento para niños. O sí, tal vez deberían conocer la crudeza que sufren muchos para valorar lo que tienen, pero creo que podría no comprenderse o afectar demasiado. Una realidad contada e ilustrada de una forma sublime. La metáfora es inmejorable.
Aunque visualmente me pareció interesante, la historia me resultó difícil de entender. Tal vez es una historia más simbólica, con un mensaje escondido entre las imágenes y las palabras. A lo mejor habla sobre el exilio, la migración o las pérdidas, pero me costó conectarme con el relato.