En los tiempos de Juan Sebastián Elcano, cuando las coronas de los reinos se disputaban la supremacía de los mares y de los nuevos territorios conquistados, un joven navegante guipuzcoano, Andrés de Urdaneta, se enroló en una temeraria aventura que duraría once años, y le permitiría descubrir la que iba a convertirse en una de las rutas comerciales más importantes del mundo, la ruta de las especias.
Las islas de la felicidad constituye una crónica de esta magnífica peripecia y relata sus venturas y desventuras de la mano de Martín de Andonegui, un novicio expulsado de su orden por su afición al juego y otros vicios quien, para salvar su pellejo, se vio envuelto este viaje inolvidable.
Una novela histórica muy divertida e interesante, como fue la vida del gran conquistador Andrés de Urdaneta. El estilo directo y a veces humorístico en el que está escrita la novela, a través del personaje de Martín de Andonegui (un fiel amigo de "el Urdaneta"), hace muy entretenida la narración. En esta ocasión, Olaizola emplea un lenguaje parecido al del siglo XVI y nos acerca y añade verosimilitud a los sucesos referidos. Creo que de haber elegido un español más actual, estaríamos ante una novela histórica más, en modo best-seller, el esfuerzo de leer un español arcaizante tiene recompensa. El único defecto de la novela es que es demasiado corta para una vida sin comparación posible en la nómina de conquistadores y descubridores de la España Imperial, como la de Urdaneta (sucesivamente guerrero, cosmógrafo y fraile). ¡De cada capítulo de la obra se podrían escribir 100 páginas! Por último, un recurso narrativo que añade amenidad al relato son los guiños en euskera y la descripción de caracteres regionales desde la óptica de un guipuzcoano, te queda la impresión de que este Andonegui era un cachondo... de haber existido.