Mientras más me iba formando y adquiriendo conocimientos, más ignorantes e incapaces me parecían quienes en mi país, quienes desconociendo como se mueve el mundo, ejercían gobierno
El pasajero de Truman, obra de Francisco Suniaga, nos cuenta la historia de uno de los candidatos a la presidencia de Venezuela en 1945: Diógenes Escalante. Trabajo principalmente como embajador del país en Inglaterra, Francia y posteriormente en Washington antes de postularse por tercera vez a la presidencia del país.
Este libro ha sido uno de los mejores que he leído en muchísimo tiempo, además está compitiendo contra En la casa del pez que escupe agua como mi libro de historia de Venezuela favorito; aunque, la forma en la que está narrada la historia es entretenida, detallada y bastante evocativa en cuanto a los sucesos, aunque con los cambios de narrador resultaba difícil ubicarse en la historia al principio. El análisis que hace Suniaga durante todo el libro sobre Venezuela no podría estar más cerca de la verdad; cada vez que describe a los gobiernos, presidentes e incluso a la misma gente, aun cuando sucedió todo durante la primera mitad del siglo pasado, siguen vigentes hoy porque los venezolanos no han sido verdaderamente educados y no han querido evolucionar culturalmente; cosa que hace cuestionarse si en verdad somos un país del siglo XXI o en el siglo XXI viviendo como en el siglo XX. Me pregunto: ¿acaso somos una repetición de errores anteriores, pero en un periodo globalizado y con wifi?
Diógenes Escalante es probablemente uno de los políticos mejor preparado para asumir la presidencia, que además no buscaba satisfacer su ego con poder como, estoy segura, lo ha querido la gran mayoría de los presidentes de la república; para mí genuinamente él deseaba convertir a Venezuela en una potencia, en algo mejor, aunque tomase 10 gobiernos democráticos de 5 años cada uno, como dijo en una oportunidad en el libro. Aun con todo el esfuerzo que puso y con todos sus intentos no pudo, el destino no lo quiso así y eso me hace preguntarme, ¿será que hay cosas para las que no estamos destinados por más esfuerzo que pongamos? ¿Incluso cuando trabajamos por ellas y nos esforzamos pasamos a estar destinados a no tener por lo que se ha luchado? Diógenes por más que lucho, estudio y trabajo por su oportunidad para ser presidente no pudo vencer a su fátum, que era el no lograrlo.
El haber leído este libro reafirmo en mi la idea de el gran problema que cargamos desde hace generaciones que es el de la educación, pero específicamente en la historia de nuestro país, no tanto por la parte del desconocimiento de la gente si no por la manera tan pobre de tratar los temas de interés histórico en las escuelas, hay muchos espacios en blanco, explicaciones míseras y situaciones ignoradas, como la de Diógenes Escalante, que transformaron la historia del país dejando consecuencias importantes pero que no son ni tratadas como sucesos relacionados o causantes, borrando así de la historia momentos relevantes y dejando vacíos.
Este libro me dejo una gran inquietud al terminar (junto con unas cuantas, bastantes, lagrimas) al igual que sucedió durante la lectura, me hizo perder las esperanzas en un posible cambio inmediato en el venezolano para así poder sacar este país más temprano que tarde, de igual forma me alivio ver sentimientos similares a los míos sobre el país. Este libro, por más agradable que fue, me causo disgustos y molestias con los sucesos, muchas veces tenía que dejar de leer y calmarme antes de continuar, tantas cosas ciertas e injustas.
Venido de la provincia, era la metrópoli, más cuando me tocó volver a ella después de haber vivido en Londres y París, me pasó como a Teresa de la Parra: Caracas se me convirtió en una ciudad achaparrada y fea, en una ciudad andaluza de una Andalucía pobre y melancólica que naufrago en el Caribe
Paradójicamente, por ser nosotros hijos de la contradicción, resulta que Miraflores nos corresponde, es la sede perfecta para poderosos ignorantes y confundidos que nunca han distinguido entre mandar y gobernar. Miraflores nos viene como anillo al dedo, Humberto
Y el éxito en nuestra cultura es intolerable (…) En esas sociedades el éxito se premia, y por eso son desarrolladas, en la nuestra se castiga
Mientras más me iba formando y adquiriendo conocimientos, más ignorantes e incapaces me parecían quienes en mi país, quienes desconociendo como se mueve el mundo, ejercían gobierno
Esa idea nefasta que nos lleva a presumir que si el país está en crisis, hay que recurrir a un héroe, no a un hombre sensato, discreto y buen administrador, sino a un hombre a caballo, a un cid campeador
Ni el gobierno, ni el trabajo tienen en nuestro país orígenes nobles
Eso de que Venezuela entró al siglo XX en 1935, a la muerte de Gómez, es verdad, pero lo que nunca nadie ha dicho es que ese pasaje tiene retorno y que, en medio de nuestros desencuentros, puede cualquiera hacernos retroceder al siglo XIX