Casas Viejas es un reportaje realizado por Ramón J. Sender sobre uno de los episodios más lamentables de la Segunda República: la brutal represión de la Guardia de Asalto ante el conato de rebelión anarquista acaecido en la pedanía de Medina Sidonia que da título a la obra, en la provincia de Cádiz, atribuido por Sender a Seisdedos, líder de los jornaleros que malvivían en dicho poblado. Los hechos tuvieron lugar la noche del 10 al 11 de enero de 1933. El Gobierno republicano de Manuel Azaña tuvo que informar en las Cortes (2 de febrero de 1933) y eludió su responsabilidad, en una actuación que marca el declive hacia el descreimiento de muchas de los que habían depositado sus esperanzas en la mejora social con el nuevo régimen.
Sender estuvo en el lugar de los sucesos tres días después de los hechos y reconstruyó todo el proceso, publicándolo en tres ocasiones, con multitud de variantes: en el periódico la Libertad (enero de 1933) por entregas; en el libro Casas Viejas (febrero de 1933); y en otro libro titulado Viaje a la aldea del crimen (febrero de 1934). El afán de Sender por reescribir la historia da cuenta de su voluntad por difundir lo sucedido en la pedanía de Medina Sidonia. Larumbe recupera el libro en su colección de clásicos aragoneses, una edición que cuenta con un estudio premilinar de Ignacio Martínez de Pisón.
Ramón José Sender Garcés fue un novelista español. De espíritu rebelde y autodidáctico, se sintió siempre atraído por la ideología del anarquismo, incluso cuando, avanzada la vida, se apartó de las actitudes izquierdistas de su juventud. Tras realizar el servicio militar en Marruecos, se inició en el periodismo y colaboró en publicaciones radicales y libertarias.
Sus primeras novelas son de testimonio social y propósito denunciatorio: el antimilitarismo de Imán (1930), sobre la guerra de Marruecos; su ataque al régimen policiaco en O.P.: orden público (1931); la lucha anarquista en Siete domingos rojos (1932) y el relato de la insurrección cantonal de Cartagena (1873) en Mr. Witt en el cantón (1935). Durante la guerra civil luchó en Sierra de Guadarrama y publicó el documental Contraataque (1937), sobre el cual se inspiró en parte Malraux para su novela L'Espoir.
Exiliado primero en México (1939-42), residió el resto de su vida en los Estados Unidos, con trabajos docentes en Alburquerque (1947-63) y en Los Ángeles (1965-71). Dejando a un lado su intensa actividad periodística (en la revista antifascista y anticomunista Cuadernos de París, por ejemplo), su copiosísima producción narrativa prosiguió por numerosas y variadas rutas.
Por un lado están sus novelas alegóricas de intención satírica o filosófica; entre ellas cabe citar El lugar del hombre (1939), La esfera (1947), El rey y la reina, de 1949, El verdugo afable (1952), Los cinco libros de Ariadna (1957) y Nocturno de los catorce (1971). Un sector aparte se halla constituido por sus novelas históricas: Bizancio (1956), Jubileo en el Zócalo (1964) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), entre otras. El marco geográfico latinoamericano le inspiró una gran novela, Epitalamio del prieto Trinidad (1942), historia de una rebelión en una isla-presidio, notable por la recreación de las pasiones humanas y la descripción de una atmósfera alucinante y de exótica sensualidad.
Pero el sector narrativo más importante de Sender procede de su memoria histórica. Junto a una obrita perfecta, Mosén Millán (1953), luego titulada Réquiem por un campesino español, publicada en 1960, conmovedora historia de un sacerdote que quiere salvar a un joven del pueblo en los inicios de la guerra civil, destaca la serie Crónica del alba, compuesta de nueve novelas aparecida entre 1942 y 1966, autobiografía de José Garcés, personaje bajo el cual se oculta de modo transparente el propio autor. Destaca, dentro de esta serie, el primer tomo, con la evocación del mundo infantil.
En general, la obra escrita en su vejez -incluso títulos tan difundidos como La tesis de Nancy (1962), En la vida de Ignacio Morell (1969), y Nocturno de los 14 (1969), El fugitivo (1972), La mirada inmóvil (1979)- muestra un descenso de su capacidad creativa y una tendencia incontrolada a manifestar a modo de prédica sus fobias ideológicas.
Menos mal que sólo tiene 106 páginas, porque la primera mitad es extensa chapa. Empieza a mejorar con la descripción inmersiva de los hechos -con algunos pasajes de ritmo bastante ágil que anima a seguir leyendo y algunas descripciones que impactan por su condensación y crudeza-, pero lo mejor son sus últimas 20-25 páginas, donde vemos la punzante lucidez de Sender para leer y relatar la compleja realidad histórica que le tocó vivir así como la reivindicación del poder de la información.
«El delito no existe mientras no es reconocido [...] Por lo tanto, en Casas Viejas no sucedió nada hasta que nosotros lo hemos contado»
Excelente reportaje de Sender sobre la matanza de Casas Viejas, con una prosa y unos diálogos ágiles y vivos como los del mejor Hemingway; periodismo de denuncia en estado puro. Por cierto, el tipo de letra empleado en esta edición me parece demasiado pequeño.
Una crònica descarnada de l'Espanya profunda durant la darrera etapa democràtica abans de la rebel·lió del 36. L'autor dibuixa una Andalusia socialment fracturada i instal·lada en la cultura de la misèria i la gana i de les forces vives, encara lluny de la regió subvencionada en que es va convertir més endavant.
Lo tenía pendiente porque me gusta Sender, pero el hecho histórico narrados me disuadia. La edición, con prólogo de Martínez Pison, así como los apéndices, es muy recomendable. La narrativa, en formato artículo de prensa, sin ninguna concesión a la humanidad que deseamos de la sociedad que nos rodea, tiene mucha fuerza.