Bueno, increíble que este libro me fuera regalado en 2017 (cuando quizás me hubiera venido genial, pero yo estaba demasiado ocupada a por uvas) y no haya sido hasta este verano que alguien me hablara apasionadamente de él y me recordara que, todo este tiempo, he tenido este tesoro en la balda encima de mi cama.
Ha sido una lectura lenta, paciente; horas de trato aparentemente anodino.
Pero, ¡qué lectura! No tenía yo a San Ireneo en el radar, pero tengo claro que volveré a este libro con frecuencia. Verdades que ya conocía, vistas desde una luz totalmente nueva, llevándome al asombro, la curiosidad, y la admiración.
No haré muchos spoilers, porque es una lectura que merece toda la pena, pero sí añadiré qué bonito es recibir estos, literalmente, regalos de Dios.
Es un verdadero viaje para sumergirse en la belleza de nuestra fe. Va explicando todo el sentido de la gloria de Dios, la creación, la salvación y la Iglesia de una manera en la que al terminar cada capítulo el corazón queda encendido en amor y admiración por el misterio de Dios.
Aunque en algunas partes tiene cierta profundidad teológica que puede ser difícil de entender para personas que no hayan tenido formación en el área, en general es muy accesible.