Me cuesta encontrar palabras...
Bueno, increíble que este libro me fuera regalado en 2017 (cuando quizás me hubiera venido genial, pero yo estaba demasiado ocupada a por uvas) y no haya sido hasta este verano que alguien me hablara apasionadamente de él y me recordara que, todo este tiempo, he tenido este tesoro en la balda encima de mi cama.
Ha sido una lectura lenta, paciente; horas de trato aparentemente anodino.
Pero, ¡qué lectura! No tenía yo a San Ireneo en el radar, pero tengo claro que volveré a este libro con frecuencia. Verdades que ya conocía, vistas desde una luz totalmente nueva, llevándome al asombro, la curiosidad, y la admiración.
No haré muchos spoilers, porque es una lectura que merece toda la pena, pero sí añadiré qué bonito es recibir estos, literalmente, regalos de Dios.