En el caso de los grandes escritores y pensadores, como en el caso de los grandes artistas, siempre es difícil establecer cuál es su obra cumbre. Mons. Luis María Martínez queda en esta categoría; sin embargo, posiblemente su obra más acabada sea "El Espíritu Santo", libro reeditado una y otra vez, traducido a otros idiomas, citado por grandes teólogos pues reúne dos características poco frecuentes en la literatura teológica y espiritual: una increíble solidez doctrinal y una profunda unción y vibración amorosa.
Libro muy completo divido en cuatro secciones: una primera que sería la teología general sobre el Espíritu Santo con su acción más significativa en la vida espiritual de los creyentes y su influjo en el ejercicio de las virtudes teologales hasta la madurez de una vida consumada en el amor.
Una segunda sección dedicada a la teología de los Dones del Espíritu Santo, teología ciertamente discutida en el día de hoy en algunos rectores de la reflexión teológica pero magistralmente tratada por Mons. Martínez.
Una tercera sección en donde se analizan los frutos del Espíritu Santo siguiendo aquel gran texto de Pablo: "amor, alegría, paz...".
Y una cuarta sección en donde se analizan las Bienaventuranzas y el papel que el Espíritu Santo juega en cada una de ellas.
Si a esta riqueza de contenido agregamos lo accesible del lenguaje, ciertamente tendremos en la mano una joya de la vida espiritual que trasciende cualquier momento histórico.