El libro resultó ser en parte una decepción, no por algún defecto en la obra del maestro ruso, sino por el extraño criterio de selección de las obras. Esperaba más realismo y lo hallé mezclado con otros relatos muy disímbolos e irregulares. Puedo identificar tres tipos de cuentos mezclados aleatoriamente en este volumen, cuando debían estar cada cual en su propia compilación, o de perdido, en secciones separadas dentro del mismo libro.
El primer tipo de cuento es el realista. Incluye "La muerte de Iván Ílich", que es una obra maestra de la literatura. También aquí podemos contar otros como "Tres muertes", "El músico Alberto", "Polikushka", "Historia de un caballo" y "Diario de un tanteador". Son historias que retratan la realidad de la Rusia zarista en sus diferentes niveles: los campesinos, los burgueses y hasta la nobleza. Excelentes relatos en los que el autor no duda en plasmar los aspectos más crueles y trágicos de la experiencia humana. Mas incluso en las historias más sórdidas siempre hay alguien que da una muestra de compasión, de generosidad, que mantiene viva la fe en el espíritu humano, lo que deja apreciar la filosofía moral de Tolstoi, para quien esos valores, extendidos incluso al reino animal, son fundamentales.
El segundo tipo de cuentos lo constituyen fábulas de tema religioso. Son relatos que se ambientan en la rusa contemporánea al autor, pero en una realidad en la que pequeños milagros, prodigios y visiones intervienen para transmitir moralejas piadosas. Son cuentos como "Los dos viejos", "En donde está el amor, allí está Dios", "Pakhom el mujik", "El hermano Sergio", "La vida en el campo" e "Iván el imbécil". No me gustan, con excepción del primero, que me pareció "lindo". Quizá alguien muy devoto pueda apreciarlos, y literariamente no tengo nada que objetarles, pero esa manía de dar moralejas no me cae bien. Lo siento, pero no me identifico con ideas como que la pobreza es distintivo de virtud y felicidad, o que la simpleza de mente equivale a la bondad, ni creo en la abnegación absoluta, el sufrimiento y la penitencia como formas de purificar el alma. Un episodio en el que un joven y guapo ermitaño se corta un dedo con un hacha antes que ceder a la tentación carnal por una mujer no me parece admirable, sino espantoso.
Por último está un tercer tipo de cuentos. Son brevísimos, a veces de menos de una página, y son totalmente fantásticos, lo cual me puedo tragar mejor que el "realismo religioso" de los segundos. Son relatos encantadores, llenos de imaginación y maravilla, y aunque tienen sus moralejas, éstas no se siente forzadas ni sermoneadoras. Algunos de ellos son tan estupendos que sentí que bien podían caber en la antología de "Cuentos breves y extraordinarios" de Borges y Bioy Casares.
Como dije, estos tres tipos de cuentos están intercalados sin ningún orden o criterio, y el contraste de saltar de un tipo a otro hace difícil disfrutar la colección como un todo. En conclusión, es un buen libro, pero habría preferido que estuviera editado con criterios mejor pensados.