Antonio Ramos Revillas es egresado de la carrera de Letras Españolas de la UANL. Sus relatos y cuentos han obtenido el premio de Literatura Joven Universitaria, el Premio Nuevo León de Literatura, el Premio Nacional de Cuento Joven Julio Torri, el Premio Nacional de Cuento Salvador Gallardo Dávalos, el Premio Regional Juan B. Tijerina y el Mano de Obra, así como las becas del FONCA y del Centro de Escritores de Nuevo León, del Centro Mexicano de Escritores, del FONCA y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés, francés y polaco y han sido seleccionados en un par de antologías.
Tan breve, pero con un montón de reflexiones. Todos tenemos miedos y está bien claro que la violencia no es el camino para terminar con ellos. Que tristeza cuando expresas o compartes esos miedos con tu familia, tus amigos o tus seres queridos y la respuesta para afrontarlos no tiene ni un poquito de empatía y por el contrario trae un montón de violencia, que como dice Antonio Ramos va dejando raíces en nuestro corazón.
Que valiente Bruno al decidir no reproducir todo ese egoísmo y violencia con la que creció, me encanta como Bruno termina siendo un rayito de luz para su hermanito, así deberíamos ser con las personas que deciden compartirnos sus miedos.
Es una historia estremecedora. No porque aborde un tema complejo en la LIJ, sino porque además, las ilustraciones permiten visualizar la fuerza del trauma en el personaje, la potencia de la oscuridad que lo consume y el silencio que se apodera de él. De igual modo, la resolución es emocionante y caló hondo en mí. Lo recomiendo muchísimo. Lo único que quizá le reprocho es el aspecto moral que uno podría extraerle.
Es el libro de lo más corto que he leído y sin embargo la historia es grandísima. Las ilustraciones son un belleza inigualable, estéticamente hablando quedé enamorada.
Sin embargo siento que le faltó más pero aún así logra contarnos una verdad desgarradora. Vemos las meyas que va dejando en nosotros los abusos tanto emocionalmente como físicamente hablando. La enorme necesidad de venganza y como existen las posibilidades de ver luz en tanta oscuridad superando esta última.
Este libro cortito habla sobre las huellas emocionales que deja la violencia, pero también de lo sanador que es cortar con su propagación. Aunque su formato está pensado para un público infantil, los adultos también deberíamos leerlo para dejar de reproducirla en los hijos que tengamos o vayamos a tener.
Este es un libro de cuentos ilustrado. Sin embargo, no es realmente un cuento infantil.
No hay princesas, no hay magia, no criaturas bonitas. Hay cuervos, hay golpes, hay sangre, y hay dolor.
¿Saben lo que se siente ser acosado? Supongo que todos lo hemos experimentado de alguna forma. Pero, ¿cuantos han tenido que soportarlo en silencio? Ignorarlos no es suficiente.
Las palabras y los golpes se acumulan uno tras otro… hasta que ya no puedes respirar.
Lo soportas, pero todo tiene un límite, lo notas cuando te sientes harto de bajar la cabeza, fingir que no duele, y no poder defenderte. Quizás puedes vengarte; porque siempre habrá alguien más débil.
Pero... ¿Y después qué? ¿Qué queda después de devolver cada golpe?
Convertirte en uno de ellos y formar un remplazo para el pisoteado y viejo tú. La venganza no siempre es mala, pero siempre existe la opción de romper la cadena.
Esa es la moraleja de este cuento.
Y hablando de las ilustraciones, solo queda decir que son maravillosas. Reflejan a la perfección cada párrafo del cuento sin necesidad de ser explícitos.
Romper con la violencia sistemática es un arduo trabajo, aunque hoy en día tratamos de ir en contra del machismo, las lgbtfobias, y demás, parece un horizonte lejano, más cuando todo lo que te rodea se mueve junto a contra lo que pretendes luchar. Yo te pego, tú me pegas es un relato corto, con hermosas ilustraciones, que pueden aportar a entender estos procesos, y a dar esperanza.
Un conmovedor relato con hermosas ilustraciones que habla sobre romper el ciclo de la violencia en todas sus formas, un mensaje importante que debe ser escuchado por todo el mundo.
El libro evoca la importancia que tienen en nosotros las experiencias con las que crecemos y como ellas mismas nos forjan como personas, pero a su vez también indica que no necesariamente son un destino irrompible ese cúmulo de experiencias. Es una buena reflexión para analizar que tan empáticas y empáticos somos con las personas que nos rodean.