Hugo Bayo, peluquero de profesión y genio incomprendido, les cuenta a sus clientes la historia de sus muchas andanzas, desde su adolescencia en un barrio de Madrid hasta el momento actual, ya al filo de los cuarenta, en que sigue buscándole un sentido a la vida. Y así, recordará la relación tormentosa y amoral con su madre, el descubrimiento ambiguo de la amistad y del amor, sus varios oficios y proyectos, sus éxitos y sus fracasos, y su inagotable capacidad para reinventarse y para negociar ventajosamente con su pasado, con su conciencia, con su porvenir, en un intento de encontrar un lugar en el mundo que lo reconcilie finalmente consigo mismo y con los demás.
Luis Landero Durán, nacido en una familia de agricultores extremeños emigrados a Madrid en 1960, tuvo que trabajar muy joven para pagarse los estudios en los oficios más variopintos, en especial como profesor de guitarra flamenca. Estudió filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid y ejerció en la misma como profesor ayudante de Filología Francesa. También fue profesor de Lengua y Literatura españolas en un instituto de bachillerato de Madrid. Actualmente está jubilado, tras impartir clases en la Escuela de Arte Dramático de esta misma ciudad. Desde la aparición de su primera y exitosa novela, Juegos de la edad tardía, donde se da un singular diálogo entre la fantasía y la realidad de raíces cervantinas, y que fue galardonada con los premios de la Crítica de 1989 y el Nacional de Literatura en 1990, ha publicado otras novelas y artículos en la prensa (El País, principalmente) recogidos en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004).
Después de haber disfrutado con los recuerdos familiares novelados de "El balcón en invierno" esperaba muchísimo de esta novela. La lectura de "La vida negociable" (podría haberse llamado "Vida y miserias de Hugo Bayo" o "Huguito el bipolar") ha resultado una experiencia frustrante. No sé qué esperaba Landero al dar 'vida' a esta criatura que, a un lector como yo, tan pacífico y bonachón, le ha despertado los peores instintos asesinos (ay, Hugo, cómo detesto haberte conocido). Es normal que podamos antipatizar con el personaje principal de una novela, o que nos despierte depravados sentimientos. Sin embargo, ocurre que, como la madre de un hincha violento y neonazi, Luis Landero parece susurrarnos "mi niño es mú bueno". Se trata de una novela de formación cultivada en un suelo donde prospera desde hace siglos el espíritu de la picaresca. De esa mezcla uno espera simpatizar algo más con el protagonista, disculpar algunos de sus vicios, obviar sus debilidades, pero nunca avivar con gasolina los instintos asesinos. Otro problema que hace flaquear esta novela es que toda la trama se resquebraja desde el momento en que no nos resulta creíble. Los personajes no parecen obrar movidos por fuerzas que existen dentro de esta historia sino que parecen justificase porque su autor ha decidido que sea así. Llanamente. Ni el personaje de Hugo Bayo ni sus puntos de apoyo (la familia, la novia o el amigo de la infancia, por citar los más importantes) son creíbles en sus actos y motivaciones. En vez de un destino, solo hay una absurda impresión de aleatoriedad y gratuidad que aturde y abochorna. Y finalmente me acaba repeliendo la impresión de que hay un fin moral o de redención en el protagonista (de ahí el título "La vida negociable"): ese darse cuenta de Hugo de que está cayendo en lo más bajo y tomar conciencia de que tiene que cambiar su vida pero diez páginas más tarde tenemos ganas de volverle a romper esa jeta... Bueno, si no conocen a Landero les recomiendo encarecidamente "El balcón en invierno". Próximamente, iré descubriendo alguna de sus obras anteriores para averiguar cuál de las dos obras que conozco era la anomalía.
Magníficamente escrito, hay pasajes para releer de puro placer, por las reflexiones tan interesantes. Me ha encantado encontrar palabras que no sabía que significaban y buscarlas en el diccionario, cosa que no me había pasado casi nunca en castellano. El personaje protagonista es deleznable, todo su actuar errático, caprichoso, amoral y haciendo malvivir a los que lo rodean; para él todo es negociable a su conveniencia. Aún pasándolo mal leyendo la historia merece mucho la pena por la gran prosa de este escritor. Un descubrimiento.
Menuda decepción... En realidad es más probable que sea una historia que yo no haya sabido entender del todo que un mal libro. Quizá soy demasiado joven para leerlo. Me lo recomendó un escritor cuando le dije que andaba un poco perdida en la vida, sin saber muy bien qué camino escoger. Y, desde luego, es un libro sobre escoger caminos, fracasar y volver a iniciar otros. Pero, por lo que sea, no acaba de llegar al fondo del asunto. La estructura folletinesca es aburrida, repetitiva hasta la saciedad y, al cabo de cuatro capítulos, aburrida. Es verdad que hay momentos en que uno se siente identificado con la situación, o con las palabras que pronuncia Hugo, pero, en términos generales, no es un libro que llene ni que deje huella. Al menos no a mí. Es muy significativo que no haya doblado ninguna esquina en las 333 páginas, ningún fragmento ha llamado mi atención lo suficiente. Una pena.
Quando finisci un libro, lo chiudi dopo l’ultima pagina e ti chiedi: Ma io, esattamente, cos’ho letto? Ecco, magari non è il massimo quello che ti è capitato sottomano. Ho trovato interessante il punto di partenza, poi va avanti con fare bislacco e sconclusionato. Un esercizio di bella scrittura montato su una trama potenzialmente buona, che invece diventa fatua. Non mi ha dett niente.
A pesar de algunas de las críticas leídas, decidí descubrir el universo Landero con esta novela que algunos califican como “la peor” y he de decir que no será la última que lea. Como aspectos positivos señalaré la fuerza de su personaje protagonista, quizá en detrimento de los demás personajes. A Hugo se le llega a entender en un principio, empaticé mucho con su pérdida de la inocencia y lo llegas a odiar de mayor. También he de señalar la narrativa de Landero, que es lo que hace grande a un autor, ilustrando situaciones tan cercanas que se hacen casi tangibles y se convierte en poesía. Esto definitivamente es lo que me convenció para seguir leyendo al autor. Como aspectos negativos puedo apuntar la poca relevancia de las emociones de los personajes secundarios y algunas situaciones vividas por Hugo que después no tienen mucha importancia en la historia y que parecen quedar en el tintero. El final puede ser un poco neutro también, aunque a mi el conjunto de la historia me ha gustado mucho. Deseando descubrir lo que me espera si las demás obras de este autor son mejores.
me ha gustado mucho. Hugo es un personaje insatisfecho que nos enreda en su búsqueda de la felicidad identificandonos con él al mismo tiempo que lo repudiamos por lo que hace me parece muy recomendable
Libro con una buena narración aunque a tramos se ha hecho un poco pesada. Aventuras y desventuras de Hugo que pasa por épocas de plenitud y otras toca fondo del todo. Deja cabos sueltos en la historia no sabemos qué pasa con determinados personajes y el final suena predecible
Ya no es noticia que Luis Landero publique una novela magistral. Como fiel fan que me considero del escritor extremeño, disfruté enormemente de La vida negociable. Una pequeña historia que encierra la grandeza de la vida, de la existencia, el destino y lo fácil que es sentirse mecido por las aguas de los acontecimientos.
La rica y densa prosa de Landero resulta en esta ocasión algo más ligera, algo que casa de forma directa con la manera de ser de su protagonista; el resto de personajes orbitan a su alrededor de un modo parecido, apareciendo como pequeños insectos lanzando su picadura. Ellos, los personajes, junto a la trama, conforman un libro que se lee de un tirón y no por su sencillez, sino por la inmenso aprendizaje que se desprende de sus páginas.
El autor escribe bien, pero es una de las pocas cosas buenas de este libro. La trama me pareció inconsistente y aproximada, demasiadas páginas para describir al protagonista: un gilipollas íntimamente mediocre que busca el drama para sentirse vivo.
Un libro para leer en un momento de dudas existenciales. Muestra la lucha entre las conductas de odio y las de amor. Ganan las de odio. Me quedo con que enseña que eres lo que alimentas, y el protagonista, con sus circunstancias, es odio porque lo alimenta.
¿Quién no ha soñado una vida excepcional, para poco a poco descubrir que no hay más cera que la que arde, que la vida no reporta todo lo que esperábamos, ni satisface los sueños que de jóvenes tuvimos?
'La vida negociable' recorre la vida de Hugo Bayo, un ser demasiado común, que, como todos nosotros, aspira a ser excepcional. La vida de Hugo Bayo es ramplona, un vuelo de gallina que quiere ser vuelo de aguila. Hugo sobrevive a la frustración de sus propios sueños. A un desencanto sigue la formulación de un nuevo sueño, y un nuevo desencanto. Así pasan los días y los meses, en una existencia que no es más que la caricatura de la de todos, quizá la del propio autor, un novelista brillante, pero que imagino más bien sombrío, adusto y serio.
La literatura de Luis Landero es antigua, arraigada en el Siglo de Oro, o la Picaresca: los personajes parecen a veces caricaturas, y la ironía o el sentido del humor fluye sútil y triste por las páginas. Es una prosa elaborada, que requiere una lectura pausada. Las acciones son abudantes, pero expuestas sin apuro, sin la urgencia de una novela que quiera ser transpuesta en un guión cinematográfico. La prosa de Luis Landero es vino añejo.
No hay héroes allí; en todo caso, caricaturas de seres reales. Lo que sí hay son temas, reflexiones profundas. En 'Hoy, Júpiter' estaba la relación entre padres e hijos, y la marca indefinida que queda de la frustración paterna transferida a los hijos. En 'La vida negociable' está una reflexión sobre las expectativas vitales.
El protagonista es insoportable, no tanto porque sea malo (en muchas historias los malvados son interesantes), sino porque también es tonto perdido, toma malas decisiones y siempre sale a flote (gracias a otras personas). En la vida real sería totalmente inverosímil que alguien así, después de 30 años siguiera teniendo apoys, y como personaje de ficción tampoco me parece creíble, es mediocre y muchas de sus reacciones son de una persona normal, aunque las consecuencias son de un personaje de ficción. El caso es que acaba resultando odioso por malo, tonto, vago y aburrido.
La trama sólo tiene interés en los primeros capítulos, después se va volviendo cada vez más soporífera. No hay nada de acción, hay monólogos tediosos, saltos en el tiempo sin explicar nada y un final no por predecible, menos incoherente. Acabamos el libro sin saber qué ha pasado con algunos personajes; si las cosas que creía Hugo eran verdad o no, cómo se ha llegado a ese final esperpéntico. La impresión que queda es que el autor ha ido cambiando de criterio según escribía, pero se le olvidó modificar las páginas precedentes.
La puntuación se la di nada más terminar y ahora no sé muy bien por qué. La prosa de Landero es muy agradable, rica en matices, en vocabulario... en fin, que animaba a seguir leyendo, aunque la historia fuera un bodrio; en otro caso no habría pasado de las primeras páginas.
Esta novela de tintes picarescos de Landero me ha recordado a la también reciente "El azar y viceversa", de Felipe Benítez Reyes, tanto por la semblanza entre las aventuras y desventuras de los protagonistas como por la casi coincidencia temporal entre los hechos narrados de ambas. Sin embargo, mientras que disfruté de lo lindo con la lectura de la anterior, no puedo decir lo mismo de ésta.
Landero desatina con el personaje, con el guión e incluso con el tempo. Para empezar, el protagonista absoluto es un villano desagradable; bien es sabido que el antihéroe puede resultar igual de atractivo o incluso más que el héroe tradicional, pero en este caso su mediocridad y comportamiento empieza pronto a ser indigesto, hecho que empeora gradualmente. Por otro lado, la trama alterna monólogos interminables con sucesos de poco interés, enlazados con rudos saltos temporales que hacen avanzar la historia en busca de mejores aventuras, pero consiguiendo, por contra, que el conjunto raye lo inverosímil. Incluso el lenguaje de Landero, que es su mayor virtud, se queda lejos del buen hacer de Felipe Benítez Reyes.
En definitiva, que me he llevado una decepción porque sé que Landero tiene mejores libros.
Una historia (y un libro) que es un "sí, pero no". Me gusta cómo escribe el autor (aunque en algunos capítulos sea demasiado denso), la trama me atrae, me divierten los personajes...
Pero el conjunto es soso, con una resolución poco trabajada, como que tenía que terminar la obra y ¡hala!, que acabe así.
No acabo de sacarle más sentido a la novela que la importancia de poder tomar siempre decisiones, no importa lo que nos depare el presente o el futuro. Y 300 páginas para eso me parecen demasiadas.
Una especie de 'Lazarillo de Tormes' en versión siglo XX que no acaba de convencerme. Aunque se deja leer y, en general, no se hace pesado. Más cerca de las 3🌟
Cuenta la historia de alguien miserable que no sabe que hacer con su vida, que solo piensa en sí mismo y que no es capaz de querer a nadie, que echa la culpa a los demás de todo lo malo que le pasa, que se cree superior a los demás y que no para de revivir el cuento de la Lechera. Esta bien escrito pero no cuenta nada que merezca mi atención.
Una especie de novela picaresca actual, con un antihéroe en las antípodas del genio potencial que cree ser. Un "pícaro" que descubre el poder de los secretos y fluye por la vida entre ensoñaciones y frustraciones.
La negoziabilità di Landero è non prendere tutto per un assoluto. E soprattutto a non prendere per un assoluto la propria vita e quelle che si immaginano essere le proprie ambizioni (e quindi la stima di se), i propri desideri, le proprie convinzioni. Negoziare tutto con la realtà per contenere una spinta narcisistica che nei personaggi di Landero tende ad andare fuori controllo, che anzi sta proprio al di fuori della sfera illuminata dalla consapevolezza. Anche i due suoi romanzi migliori Pioggia sottile e Una storia ridicola sono splendidi e questo tipo di soggetto hanno al centro.
Le figure genitoriali nel mondo dei romanzi di Landero tendono a sfuocarsi fino a dissolversi in un fumo, una nebbia; e nebbiosi diventano i legami, le emozioni, gli attaccamenti. Landero li racconta con una nitidezza cinica che sconfina serenamente e senza un tremore nella crudeltà.
La prosa, come negli altri romanzi che ho citato, è di eccellente qualità. Il libro, come tutti quelli di Landero, procurano il piacere puro della lettura che solo un bel romanzo sa dare. La struttura è da racconto picaresco con la trama che si muove senza troppo badare alla credibilità, alla coerenza che non sia quella con il carattere del protagonista, per privilegiare da una parte il ritmo e dall’altra per far emergere la distorsione dei meccanismi mentali. A proposito di distorsioni, mi è piaciuto molto il modo in cui racconta l’amore: un “malessere” e una ipocrisia del sentimento (subdolo e nel suo fondo, falso), che nasconde solo pulsioni (vere e nel loro fondo laide) e che si risolve all’interno di una lotta fisica, di una reciproca violenza non solo mimata. Infine sbava in un pallido languore e si dissolve. Quando crede di innamorarsi (ma le sue sono solo fascinazioni che hanno per oggetto l'immagine di sé che il suo oggetto "d'amore" gli riflette) il protagonista vede esasperarsi la sua sindrome narcisa fin quasi ad impazzire. Lí sta il punto di eruzione del suo magma interno, nella relazione affettiva e Landero lo racconta molto bene.
“A lo mejor es que la vida, o al menos la mía, consiste solo en eso, en ir de camino a lo que salga, que no hay más trascendencia que esa, y que más allá de este viaje incierto solo nos queda, como último gran recurso, como el gran naipe ganador que nos guardábamos en la manga, negociar con quien corresponda el sueño de la eternidad, que hasta eso al parecer es negociable en esta vida“ (Pág. 332) Luis Landero. La vida negociable. Tusquets.
Esa página 11, ese arranque tremendo y milimetrado en el que el narrador se nos desvela como charlatán, en el que nos presenta la trama como un cuento (o como charla de peluquería), en el que se nos plantea el secreto de la madre y la personalidad esquiva del padre. Qué inicio para una novela fantástica en la que Landero nos habla de las miserias del afán, de los sueños de grandeza, del amor como excusa para lo mejor y para lo peor, de cómo amoldamos la realidad para justificarnos, para decir que hacemos bien cuando sabemos que en realidad no es así. Hugo Bayo, el protagonista, es un cabrón egoísta, un miserable que no duda en utilizar a los demás a su capricho. Un joven que se cría entre los secretos de su madre y las mentiras de su padre. En un mundo de sueños imposibles, la vida siempre acaba por despertarte. Por eso es importante negociar con ella. Con la vida y con uno mismo para no traicionarse. Landero es un narrador fantástico, con grandes golpes de humor, buenos secundarios (Ferrer), un final fantástico y un título certero para el libro. Ah, y una defensa del papel de la peluquería y de los comerciantes en la sociedad. Genial esta vida negociable. “Tanto hacer planes, tanto construir y demoler, tanto esperar el prodigio, para venir a parar a esto“ (325)
El ser humano, como buen animal, se adapta al medio pero también aspirar a algo más, que lo trasciende de la mundanidad.A través de la música, la pintura, la poesía el hombre se convierte de homo sapiens a homo demens y enloquece, pierde la cordura, se arroja al sueño vital de la creación de ser algo más, de no morir y este salto no es negociable no puede serlo porque si lo es, esta tensión vital se rompe, se corrompe y lo gangrena, lo degenera y se le regresa como un latigazo. El golpe es tan fuerte que le recuerda la certeza de su innegable animalidad y de su vida finita, insignificante y caduca. En una vida negociable todo se vuelve moneda de cambio, el amor, el compromiso, la responsabilidad, la vocación, todo. Y cuando se rebaja a materia el mundo de los principios caemos en lo más bajo, el vértigo y la desesperación. Nos quedamos sin referentes, sin anhelos y sin esperanza condenados a una vida sin sentido. Si la vida ética no es libre, no es moral, es moralina. Lo que nos hace darnos cuenta que estamos en el mal es la falta de integridad y siempre hay esta tensión porque estamos deviniendo. El que sabe lo que tiene que hacer, sabe cuál es su vocación y también sabe cuál es el mal. Hay quien conscientemente hace el mal y por eso se banalisa, se pierde el quicio. La impunidad no solo es un problema jurídico. Este libro es un ejemplo de ello.
Si tuviera que pedir un deseo, sin duda, pediría tener mil vidas para poder ejercer mil profesiones distintas, tener mil hobbies, vivir, al fin y al cabo, mil vidas distintas.
Esta reflexión aflora gracias a “La vida negociable” de Luis Landero, una de esas novelas que se leen solas por la sencillez de su prosa y el equilibrado compás de su trama.
Con el ímpetu de cambiar de vida de manera constante, Hugo, un joven que con los años será un adulto de un inconformismo enfermizo, intentará en todo momento burlar su destino, con mayor o menor éxito. Pretencioso y soñador, hilarante y egoísta hasta la médula, como un pícaro negociador, será capaz de alejar a sus padres de su lado por sus tejemanejes, mantener relaciones amorosas basadas en el placer inmediato y volver a Leo, su único amor constante y a quien recurrirá para salvarse y llevar a cabo sus ambiciosos planes, sin éxito. El eterno retorno, diría yo.
Luis Landero nos regala una novela agradable, sin pretensiones, con un personaje que me ha encantado y con un fondo brillante a la par que sencillo que bien escrita y con su punto cómico, me ha dejado un maravilloso sabor de boca.
Creo que Luis Landero tiene dos tipos de novelas: las que tienden a la luz y las que tienen un tono más sombrío. "La vida negociable" pertenece al segundo tipo, mientras que "El balcón en invierno" o "El huerto de Emerson" tienen un corte más luminoso. Pero es Landero y, aunque la historia y el personaje de Hugo Bayo tenga tintes sombríos y hasta sórdidos con los que es difícil empatizar, su estilo de escritura es impecable y consigue atraparte en la historia.
Hugo Bayo recorre el camino desde la inocencia hasta la corrupción moral más profunda. La trama es cíclica, con patrones que se repiten y que cobran total sentido al final de la novela. Desempeñan un papel importante los secretos, el ansia de poder, el destino y la memoria.
A pesar de que me costó entrar en la historia, sobre todo porque en ciertos tramos se vuelve sórdida y cruel, la maestría de Landero nunca decepciona. Si te gustó "Lluvia fina", te recomiendo que leas "La vida negociable". Si buscas una historia para pasar un buen rato, no es la mejor novela de Landero. En cualquier caso, Landero es sin duda mi autor refugio cuando necesito darle un impulso a la escritura.
Muy fan de este autor, de su estilo brillante y gozón, su riquísima y precisa adjetivación, su cruce entre lo sublime y lo esperpéntico, la humanidad y la mezquindad de sus antihéroes.
Compartiendo muchas características con sus obras anteriores, Landero nos vuelve a cautivar con sus originales giros y vaivenes, nos embauca y sumerge en las eternas vacilaciones y errores del «peluquero» Hugo Bayo.
Y es que realmente, esas dudas, esa alternancia entre acción y reflexión, entre la determinación y la abulia, entre el bien y el mal, entre la libertad y el destino, son las auténticas protagonistas del drama, con el gran absurdo de la vida como escenario.
La historia de Hugo Bayo transita por múltiples estilos a los que parodia, siempre con un léxico más que cuidado, resplandeciente, y por múltiples estados anímicos que recrea con honda psicología y mucho humor amargo y grotesco.
Quizá el ciclo inagotable de altibajos emocionales llegue a marear un poco, pero siempre aparecen preciosas palabras que vuelven a implicarte en las peripecias de este pícaro original, amoral y contradictorio, como la vida misma.
Estamos ante la historia de un hombre que desde pequeño vive angustiado por el peso de la propia vida. El protagonista, Hugo Bayo es un egoísta de tomo y lomo que pone como excusa de todo, tanto de lo bueno y de lo malo que hace, al amor, y que se autocompadece constantemente porque, según él, la vida no lo ha tratado justamente. Landero nos habla de las miserias que a veces traen consigo los deseos de grandeza, el hecho de creernos jueces de todo y de todos. Estamos ante un hombre que amolda la realidad para conseguir sus propósitos y que desde adolescente ha aprendido que todo es negociable. Una historia, que en el fondo es la búsqueda de la propia identidad, del sentido de vivir; la búsqueda del propio yo, y del propio lugar en el mundo. La historia de la no aceptación de lo que la vida nos pone delante porque siempre aspiramos a más; y todas estas búsquedas y estas pérdidas del propio camino y sentido se van narrando en medio de un ambiente hostil, violento, donde la mediocridad y la bajeza humana también se hacen protagonistas.
Luis Landero da voz a Hugo Bayo: un personaje, mitad detestable, mitad ingenuo, que, sin oficio ni beneficio, va contado su vida en la España del final del siglo pasado. En "La Vida Negociable", su protagonista es un antihéroe con todas las de la ley que, según el humor del lector, puede hacer dejar la lectura de sus aventuras desafortunadas y de su egoísmo ramplón. El chiste es dejase caer en la "trampa" de descubrir los vericuetos del destino y de que el autor intenta recrear una tragedia con tintes de farsa, a la manera de los antiguos griegos. Un libro de moralidad cuestionable que incita al lector a la incomodidad de cuestionarse su propio propósito de vida.