Pequeños tratados no son ensayos ni ficciones. No pertenecen a ningún género, o inauguran uno nuevo. Fragmentos de cuentos, vestigios de narraciones, restos de partituras. Son una forma que recoge todo lo olvidado por la historia, lo que ha quedado al margen, lo más pequeño en la frontera del mundo. Un cofre donde están a resguardo los tesoros de la historia humana: dioses que desean nuestra alegría, la sombra de los muertos, las lenguas desaparecidas, la música del pensamiento, los mitos que nos fundan, la dignidad del silencio. Son las suites barrocas de Bach transcritas en palabras. Es Montaigne, pero más intenso, más salvaje, más violento. Es el cuidado de los restos de un naufragio, de pequeños fragmentos que, una vez unidos, nos devuelven, intacto, lo mejor de nuestra humanidad".
Romancier, poète et essayiste, Pascal Quignard est né en 1948. Après des études de philosophie, il entre aux Éditions Gallimard où il occupe les fonctions successives de lecteur, membre du comité de lecture et secrétaire général pour le développement éditorial. Il enseigne ensuite à l’Université de Vincennes et à l’École Pratique des Hautes Études en Sciences Sociales. Il a fondé le festival d’opéra et de théâtre baroque de Versailles, qu’il dirige de 1990 à 1994. Par la suite, il démissionne de toutes ses fonctions pour se consacrer à son travail d’écrivain. L’essentiel de son oeuvre est disponible aux Éditions Gallimard, en collection blanche et en Folio.
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Pascal Quignard is a French writer born in Verneuil-sur-Avre, Eure. In 2002 his novel Les Ombres errantes won the Prix Goncourt, France's top literary prize. Terrasse à Rome (Terrasse in Rome), received the French Academy prize in 2000, and Carus was awarded the "Prix des Critiques" in 1980. One of Quignard's most famous works is the eighty-four "Little Treatises", first published in 1991 by Maeght. His most popular book is probably Tous les matins du monde (All the Mornings in the World), about 17th-century viola de gamba player Marin Marais and his teacher, Sainte-Colombe, which was adapted for the screen in 1991, by director Alain Corneau. Quignard wrote the screenplay of the film, in collaboration with Corneau. Tous les matins du monde, starring Jean-Pierre Marielle, Gérard Depardieu and son Guillaume Depardieu, was a tremendous success in France and sold 2 million tickets in the first year, and was subsequently distributed in 31 countries. The soundtrack was certified platinum (500,000 copies) and made musician Jordi Savall an international star. The film was released in 1992 in the US. Quignard has also translated works from the Latin (Albucius, Porcius Latro), Chinese (Kong-souen Long), and Greek (Lycophron) languages.
Soy un lector tardío de Pascal Quignard, llegué a él con Butes y de ahí me seguí con La lección de música y finalmente con Las lágrimas. Los pequeños tratados son 2 volúmenes con muchas reflexiones que van sobre distintos temas. Particularmente sus reflexiones sobre el silencio y la literatura para mí fueron muy valiosas. Es de esos libros a los que se está destinado a volver frecuentemente. Al principio del año estaba con muchas ganas de leer reflexiones sobre literatura y arte y este libro fue un gran hallazgo. Vale la pena tener los 2 volúmenes impresos.
La editorial Sexto Piso nos trae, de la mano del gran escritor francés Pascal Quignard, estos Pequeños tratados que son al mismo tiempo un cofre y una joya. Pequeños tratados es una colección de fragmentos de cuentos, de ensayos, narraciones y aforismos que surgen del inmenso intelecto de Quignard. Estamos, sin duda, ante un florilegio, una antología, delicada y pura, donde los tratados mostrados son enigmas y partes del mundo que cohabita el autor. Para Quignard, estos tratados son parte de una extensa partitura musical; notas, silencios (algo importante a destacar en este libro), corcheas y semicorcheas y todo lo que implica que una melodía -una muy larga melodía- llegue a su cauce y nos ofrezca un placer para los sentidos.
La poesía y sentimiento que se hallan en esta prosa es embaucadora, onírica y tenue, también proclive a describir acontecimientos y sentimientos de una profunda mente intelectual que nunca se cansa de preguntarse y responderse. Hay algo confesional, de diario, en estas páginas, pues nos hallamos ante los sentimientos y pensamientos de Pascal Quignard, que profunda y convincentemente nos deja como si no supiéramos nosotros qué más decir, porque en sus palabras lo hallamos todo. El autor expone pensamientos originales; originales en sus dos sentidos: únicos y primigenios. Para él escribir todo esto que podemos leer es algo pesado, pero a la vez liberador.
Quignard habla de la lectura y sobre la lectura, de la escritura y sobre la escritura, de la lengua y del lenguaje. Todo lo que le atañe intelectualmente se ve reflejado aquí. Hay una especie de elogio a la palabra y sus significantes, a todo lo que encierra y se hace posible respecto a ella. De hecho, es extremadamente parecido al propio Libro de las preguntas que el poeta Edmond Jabès escribió, donde las palabras son trampas y trucos de magia, donde el libro es y a la vez no es. Y es que estamos ante un libro donde el logos es el principal protagonista de los tratados. Quignard habla de él con una majestuosidad vibrante y chocante, a la par que seductora. El autor es sin duda un mago que juega con la lengua y el lenguaje, que juega con un idioma del que se apropia, así como con otros idiomas ancestrales.
Se halla aquí también una filosofía del ser/estar, de la presencia ante los hechos, la realidad o la palabra. Pareciera que Quignard destrama y desmenuza lo real, escribiendo así textos donde la objetividad también se vuelve personal y particular, debido al ímpetu y manera de ver y sentir las cosas que tiene el autor. Quignard utiliza la escritura y su conocimiento para mostrarnos todo lo que sabe sobre la filosofia y su hacer; no es simple en sus palabras, sino que expone todo lo relevante a lo que escribe, sin escatimar ni exponer al lector toda una serie de detalles y hechos.
Quignard hace un recorrido sobre la historia del libro, cómo el primero fue chino, cómo aparecería en 1539 en México o en 1584 en Lima, o en 1590 en Japón, etc. El papiro (papel) es y ha sido muy importante en las diversas sociedades que han habido y hay sobre la Tierra, pues se dieron cuenta de que en él podrían plasmarlo todo. El autor hace todo un elogio y repasa todo lo concerniente al libro, exponiendo de este modo el fundamento sobre el que se creó y el agradecimiento que otros escritores hicieron sobre él. El libro, de este modo, se ha convertido en algo primordial para el conocimiento y la asimilación de conceptos y quehaceres, y el autor apoya esto de una manera crítica y pertinaz.
Estamos ante un autor filósofo y extremadamente denso, aunque en un principio no lo pueda parecer -¿o quizás sí? Es innegable, y se hace evidente, que no para de preguntarse por todo lo que le apasiona, en este caso la literatura, la lectura, el libro, el papel, la filosofía, el arte… Todo ello llega a Quignard de manera profunda y detallada y así nos lo hace ver. No hay espacio para huecos ni recovecos aquí. Quignard tiene un conocimiento de la Historia asombroso y en este libro, en estos pequeños tratados que nos muestra, nos lo expone lúcidamente. Su lenguaje es cuanto menos cauteloso y embriagador. Es absolutamente visible su erudición y cultura. Quizás sea el hombre más culto que leí hasta ahora. Con sus palabras se cuela sin avisar y sin querer, lo notamos cerca y con su sabiduría no queremos que se vaya y se aleje de nosotros.
Quignard es no sólo un gran prosistas, sino un gran fabulador. En estos tratados esboza ideas a partir de historias, para reflexionar en torno a la escritura, la lectura, la palabra, los libros, el lenguaje, el silencio, la narratiidad, todo lo que cabía en los libros hasta el siglo XX. (Se publicó en 1982)