Hubo un tiempo en que el Estado del bienestar expresaba lo mejor de los proyectos políticos occidentales tras la atroz experiencia de las guerras mundiales. Hoy vivimos en las antípodas, en lo que podríamos llamar el Estado del malestar. La erosión del Estado del bienestar se gestó en los años de bonanza económica y se ha consumado en los de la crisis. Y a esa erosión institucional se suma hoy la política. Todo ello crea un caldo de cultivo del que surgen nostalgias ideológicas y organizaciones populistas que pretenden capitalizar el malestar y convertirlo en un instrumento político electoralmente rentable.
José Luis Pardo entiende la filosofía como el arte de hacer preguntas, y en este libro sagaz y necesario plantea unas cuantas muy certeras: ¿cuáles son los ingredientes de este uso político del malestar? ¿Cuáles son los peligros de una forma de hacer política que parece añorar la acción directa, eludiendo las vías democráticas? ¿Cuál es el papel que debe desempeñar la filosofía ante estos retos? ¿Y la universidad como institución? ¿Y el arte y sus vanguardias?
Al populismo de los tuits, las pancartas y la demagogia, el autor contrapone un pensamiento crítico que nos ayuda a desentrañar la realidad compleja en la que estamos inmersos. Y para ello se sirve del bagaje histórico de la filosofía, empezando por Sócrates y su diálogo en el Gorgias con el virulento Calicles, partidario de la pugna, el conflicto y el enfrentamiento frente al acuerdo, que sentencia: «Qué amable eres, Sócrates, llamas “moderados” a los idiotas.» Analiza también el tránsito de Hegel a Marx, la reaparición en escena de Carl Schmitt y las propuestas de pensadores convertidos en ideólogos como Ernesto Laclau o Philip Pettit, para quienes la filosofía debe estar al servicio de la política. Frente a esta postura, no habría que olvidar la advertencia de Kant: «No hay que esperar ni que los reyes se hagan filósofos ni que los filósofos sean reyes. Tampoco hay que desearlo; la posesión de la fuerza perjudica inevitablemente al libre ejercicio de la razón.» Porque al olvidarla se olvidó también la descripción del «filósofo» que debería figurar en el frontispicio de todas las facultades del ramo, esa que dice que «los filósofos son por naturaleza inaptos para banderías y propagandas de club; no son, por tanto, sospechosos de proselitismo». Pensamiento frente al panfleto, reflexión frente al exabrupto y reivindicación de una filosofía crítica que no sea vasalla de la política: he ahí lo que propone Estudios del malestar, una lúcida y argumentada advertencia acerca del malestar en el que vivimos y el que nos aguarda.
Eminente filósofo y ensayista español. Premio Nacional de Ensayo 2005 por su libro La regla del juego. Nacido en Madrid en 1954. Estudio Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid donde se doctora con una tesis titulada: La teoría de la individuación intensiva en el proyecto de una semiótica translingüística (1985) que dirige el Dr. Jacobo Muñoz Veiga.
Hasta el año 2001 ejerce como Profesor de Enseñanza Secundaria y actualmente es catedrático de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, donde imparte la asignatura de Corrientes Actuales de la Filosofía. También trabaja en la Escuela Contemporánea de Humanidades. Es considerado uno de los más importantes difusores del pensamiento de Gilles Deleuze en España, gracias a su Deleuze: violentar el pensamiento, así como por sus artículos y traducciones al castellano de las obras del filósofo francés.
Que este libro haya sido Premio de Ensayo es una muestra del desolador estado de la literatura de no ficción en nuestro país. Burdamente politizado, errático en su argumento, pésimamente escrito e ininteligible en muchos párrafos, parece el producto de un tertuliano de Intereconomía que se acaba de consultar - sin comprenderla - la Wikipedia. Para olvidar.
El libro comienza hablando del comunismo y en lo que se ha convertido: un significante vacío. Esta conversión explicaría la manera en la que el comunismo ha podido sobrevivir de una manera teórica, a la vez que ha ido ganando prestigio entre los intelectuales (al ser un significante vacío que se puede llenar de todas las cosas bellas), dando como resultado que se pueda ser comunista sin comprometerse con los hechos empíricos que han acompañado a dicho concepto a lo largo de la historia o, mejor aún, con unos sí y otros no a conveniencia. A lo largo de la narración, Pardo va analizando este fenómeno de la supervivencia del significante vacío para hablar del presente, caracterizado por una nostalgia hacia el pasado, que hacía política "más auténtica". Ahí es donde entra en juego Carl Schmitt y su resurrección en el plano intelectual, con su definición de la política como un juego de amigos y enemigos (políticos). El problema que ve José Luis Pardo es que, en las democracias actuales, no hay verdaderos amigos y enemigos. Por el contrario, hay muchos amiguetes y enemiguetes, por lo que es difícil hacer "auténtica política". Frente a estas políticas auténticas, el autor defiende de una manera muy sutil -implícita- la "aburrida" política que se hace en los parlamentos, y la paz garantizada por el contrato social, que pervive -malamente- en las socialdemocracias actuales, llamadas "Estados de bienestar". El título de "Estudios del malestar" esta puesto a propósito para destacar la corrupción que han sufrido los llamados Estados de bienestar, dando lugar a una situación en la que es difícil decir si estamos en un tiempo de paz o un tiempo de guerra, pues, ¿es una paz con altercados una verdadera paz?
En general, es un libro muy lúcido y muy bien escrito (la forma de escribir de José Luis Pardo siempre resulta muy agradable), donde los autores clásicos de la filosofía y sus preguntas (otra cosa peculiar es que habla a través de lo que dicen los autores, y no le hace falta mostrarse excesivamente para proseguir el argumento)son los protagonistas: la recepción de la filosofía hegeliana y marxista, el contrato social de Hobbes y Rousseau, el Platón de Badiou, las vanguardias estéticas, el concepto de sublevación en Foucault, la política según Jünger y Carl Schmitt..., que nos ayudan a entender el presente. El libro acaba -más bien la arrastra desde el principio para enseñarla al final- con una crítica a Podemos -como nostálgicos de la "auténtica" política y adictos a usar significantes vacíos- y a la situación actual de la filosofía en la facultad de la Complutense. No dice nombres, pero tampoco hace falta.
Ante algunas críticas que he visto a este libro como "mal argumentado, incomprensible, enrevesado, panfletario", me animé a escribir esta reseña para aclarar que en absoluto es así. Tiene una dificultad bastante baja comparada con la mayoría de ensayos filosóficos, y el argumento -se esté de acuerdo con él o no- es bastante claro y constante de principio a fin. Precisamente por cuidar que el argumento quede lo más pulcro posible, no se mete demasiado en política.
El preámbulo de este libro comienza con una charla universitaria en la que se habla sobre el comunismo. Y efectivamente, el presente ensayo trata de recorrer el camino del comunismo, desde sus ideales hasta su práctica, durante las últimas décadas. Todo ello mezclado con las vanguardias y con la deconstrucción del Arte que supone el arte contemoráneo, con la oposición a la "vieja política" y otros cambios de paradigma, hasta constituirse en un populismo con nuevas connotaciones para un escenario político nuevo.
En el terreno aparecen los intelectuales y su postura ante esta ideología, y se habla de cómo en el Estado del Bienestar la idea comunista se ha diluido entre sus potenciales apoyos, debido a que la paz y la comodidad hacen innecesarias esas batallas ideológicas. Y se aprovecha la crisis económica como un punto de inflexión en el que el comunismo vuelve a la carga aunque actualizado, enfundado en el traje nuevo del populismo y constituido - por si alguno hasta aquí no lo había entendido - en Podemos, ya que este libro constituye una crítica sutil pero efectiva a sus planteamientos.
Es curioso mencionar que el nombre del partido político ni de sus integrantes se menciona a lo largo del libro. ¿Queda a la habilidad del lector identificar a Podemos como comunista y populista, como si el autor, muy correcto él, no quisiera decirlo implícitamente? ¿Es este libro un alegato contra alguien sin nombre, o a quien no hace falta nombrar?
El libro - a pesar de que sea difícil lograr tal propósito - no tiene una excesiva carga ideológica y, pese al tono filosófico algo elevado que es predominante, se lee sin dificultad. Eso sí, hay que comentar que su inicio es bastante más ameno que la lectura una vez superada la mitad del libro, donde todo se vuelve excesivamente teórico, a modo de lecciones de Historia de la Filosofía superpuestas de densidad variable. Flojea también en la recta final del libro al alcanzar conclusiones que parecen muy precipitadas y sin basarse tanto en cimientos como sí se hace en partes anteriores del desarrollo, como si se hubiera desgastado la capacidad argumentativa al consumirse la mecha.
Soy consciente de que probablemente se deba a falta de base cultural por mi parte, o a que no lo he leído en el mejor momento.
Por lo que sea, lo cierto es que se me ha hecho muy difícil de leer, de seguir lo que decía. Creo que ha sido una mezcla de desconocimiento profundo por mi parte de autores y corrientes varias, y tal vez una redacción no siempre del todo "fluida".
Me decidí a leer este libro por dos motivos: uno, por recibir el Premio Anagrama de Ensayo en 2016, y dos, por las muy buenas críticas que leí en prensa cuando fue publicado. Lo cierto es que el libro me ha defraudado, ha quedado por debajo de lo que esperaba de él. El único aspecto positivo -muy positivo, por cierto- es que te hace pensar, reflexionar, algo muy poco común hoy día, en que queremos que todo nos llegue a la cabeza pre-procesado, de manera que podamos hacer las cosas casi sin pensar: decidir qué vida queremos vivir, que políticos queremos tener, a quien votar, etc. En un tono facilon-tu-y-yo-somos-colegas por momentos, alternados con otros de mira-todo-lo-que-se-que-tú-no-sabes, Pardo toma como punto de partida una conferencia pronunciada por un antiguo comunista francés, relacionada de algún modo con el movimiento 15-M. A partir de ahí, el autor revisa la historia del comunismo con saltos a los pensadores griegos, los escolásticos, los modernos, y en general, deambula un poco por toda la historia de la filosofía. La lectura resulta amena porque el autor intercala em el texto de vez en cuando tanto anécdotas de los filósofos, como de su propia vida, de modo que el libro no es el ladrillo que uno podría pensar. En resumen, lo que me ha gustado del libro es que te hace pensar, por algo somos más que una masa de carne con ojos; lo que no me ha gustado es que entre idea medio interesante y anécdota simpática o reveladora, Pardo intenta adoctrinar al lector y decirle qué es lo que está bien y qué es lo que no está bien. Y esto por muy Premio Anagrama de Ensayo que sea el libro, no está bien. Sin paliativos.