Este libro es un testimonio de la pasión por las palabras y es, también, una prueba de lo que en él se afirma de varios modos: La carnalidad de las palabras, su poder sobre nosotros hasta el punto que no hay otra manera de tratar de definirse uno mismo si no es con palabras.
Yolanda Reyes es licenciada en Ciencias de la Educación con especialización en Literatura de la Universidad Javeriana de Bogotá. Realizó estudios de postgrado en Lengua y Literatura Española en el Instituto de la Cooperación Iberamericana de Madrid.
Es fundadora y directora de Espantapájaros Taller, un proyecto cultural de formación de lectores, destinado tanto a niños como a mediadores adultos. Dicta seminarios sobre el fomento de la lectura desde la más temprana infancia y es autora de artículos sobre literatura infantil y juvenil. Sus libros han recibido distinciones internacionales.
Especializada en sus inicios en literatura infantil y juvenil, entre sus obras cabe resaltar títulos como El terror de sexto B (1995) y María de los Dinosaurios (1998). Uno de sus cuentos, Los agujeros negros (2000), fue seleccionado por la editorial española Alfaguara para su colección "Los Derechos del Niño", creada por prestigiosos escritores e ilustradores de distintos países de habla hispana para mostrar a los niños y niñas cuáles son sus principales derechos y cómo lograr un mundo más solidario y más justo.
Perfecto para maestros, profesores, padres... sobre la importancia de inculcar el amor por los libros a los niños y la mejor manera de hacerlo. Los últimos capítulos, más personales, me parecieron maravillosos.
Quería leer este libro hace tiempo, cuando redescubrí a Yolanda Reyes en su labor como promotora de la lectura y como mujer cuya existencia me parecía cautivadora. Cuando leí “El reino de la posibilidad” no quedé lo suficientemente convencida e incluso no volví a pensar en Yolanda como ensayista. Pero “la poética de la infancia”, que llego como un regalo de mi persona favorita, es un tratado maravilloso a cerca de la infancia, la lectura, la escritura y la literatura. Encontré en estas páginas tantas cosas que siempre sentí respecto a los libros, a estos “limbos” que son las historias, a la validez de la infancia y de las habitaciones propias que creamos para los demás y nosotros mismos. Precioso libro, gracias Yolanda Reyes por hacerme amar la literatura con el Terror de Sexto B cuando tenía 11 años y por seguir cultivando ese amor con tus libros 10 años después.
“Quizás por eso, porque en el fondo todos somos niños únicos, niñas únicas, necesitamos leernos, envolvernos, albérganos en palabras”
Un texto inspirador. Si usted siente que necesita argumentos para defender la literatura como un arma noble, simple y universal para acercarnos como seres humanos, este es un libro que debe leer.
Desde la experiencia sensible de Yolanda Reyes, este libro permite ampliar el horizonte sobre la promoción de la lectura, no a modo de manual sino a partir de reflexiones que van y vienen desde una escritura honesta. Me encanta que este libro aborda diferentes aristas de la mediación lectora, no como imposición escuelera de hacer mas inteligentes a los niños y las niñas, sino como una experiencia desde la sensibilidad, una experiencia poética. También se conecta una experiencia enunciada, en un país donde la violencia hace parte del cotidiano ¿Cómo dar nombre a lo que sucede frente a los niños y las niñas? ¿Cómo acompañar el dolor? Allí Yolanda expone su vida, la de sus hijos y por lo tanto su preocupación de habitar una Colombia en constante violencia. Los libros están allí para acompañar, junto con la voz de quién lee: “Y aunque leer literatura no cambie el mundo, sí puede hacerlo más habitable, porque el hecho de vernos en perspectiva y de reconocernos en la experiencia de otros contribuye a abrir nuevas puertas para la sensibilidad y el entendimiento de nosotros y de los otros”.
Las palabras que hilan los textos pueden ser entendidas como vehículo de lo indecible, testimonio de eso que habita en el intersticio de la vida y la muerte. La lectura habilita entonces el encuentro con un otro orden de la realidad desde el cual armar lo que Yolanda Reyes denomina la casa interior, la casa de palabras, las habitaciones desde las cuales asumir la vida, conversar la vida, conectarse a un tiempo más allá del pasado, de la expectativa de futuro, a un no-tiempo desde el cual conocerse y conectar con el otro, espejo de lo universal, espejo de lo propio.
Es un libro excelente. Un tanto autobiográfico en cuanto a la labor de la santanderana en su quehacer lector. Recalca de forma poética lo que es un profesor de literatura, creador y explorador de lectores. Recomendado estos breves ensayos para quienes aún no han visto la utilidad de la literatura dentro nuestra sociedad y la condición del maestro de esta línea en el aula.
Reflexiones muy cercanas sobre la lectura y los lectores. Me gusta que Yolanda Reyes no habla de lo que debe ser la lectura, sino lo que ha sido para ella. No es un libro sobre lo políticamente correcto, sino lo que ha sido y como la lectura y la mediación la ha ido moldeando.
Una forma de acercarse a la infancia para cuidadores que pretenden ser amorosos y respetuosos con esta etapa tan preciada, Yolanda Reyes te conduce de una forma amable a comprenderles