En una ciudad que sobrevive al calor y los aguaceros a la orilla de un río por donde transitan los muertos arrastrados por sus aguas, Greg y sus dos amigos, Sandy y W. C. Boy, ven pasar la vida que se les escapa entre los dedos. ?El amor fue nuestro combustible?, dice Greg desde las primeras páginas: W. C. Boy vivía enamorado de su motocicleta, Sandy no amaba a nadie más que no fuera ella misma, y el propio Greg, el chico raro del lugar, perdía el corazón por otros chicos. Mientras Greg cuenta cómo les suceden los días a estos tres amigos perdidos, viaja hacia el pasado para poder retratar la casa familiar, un matriarcado de madre y abuela tan entrañable como abrumador, en el que la madre suele indagar los cuadernos de notas de su hijo para confirmar las sospechas que tiene sobre su sexualidad. Esta casa será la misma que en un futuro reciba a Greg, Sandy y W. C. Boy para verlos encajar los golpes de la juventud. En esta sobrecogedora novela de iniciación, Better revela una voz auténtica, tronadora, que vislumbra una de las voces más prometedores de la nueva narrativa colombiana.
¡Fantástica novela! No es para todos los gustos, diría yo, y para algunos podría ser hasta complicada de seguir. Yo disfruté la historia por completo, armándola en mi cabeza y haciéndome cantidad de preguntas, inclusive días después de terminado el libro. La narración tiene magia, una gran sensiblidad y un realismo palpable, más de una vez me sentí identificado y entendí a Greg como si hubiera estado ahí. La originalidad y autenticidad de Better es evidente con cada capítulo y en la historia de los personajes. Me encantó, y la recomiendo al que quiera darse una oportunidad en una narrativa "rompecabezas", de ir armando episodios para tener, solo hasta el final, la imagen completa.
A la casa del chico espantapájaros / John Templanza Better (8/10)
-¿Cómo llegué aquí? -Como se llega a este tipo de lugares, persiguiendo a un conejo o una puta.
John Better es un provocador. No se me ocurre otra cosa al terminar a la casa del chico espantapájaros. Tiene una chispa extraña, y hay que pensárselo bien para decidir si gusta o incomoda.
Pero sí que gusta. Como gustan ciertas cosas extrañas. E incómodas. Ese fue el sabor que me dejó mi última lectura de enero, y la satisfacción de haberme dado la oportunidad de probarlo. Ese tipo de lectura que no se contenta con las imágenes fáciles y ya manidas, sino que va un poco más allá dentro de esa mezcla que somos los humanos entre lo podrido y lo sublime.
Debo confesar inicialmente que cuando inicié la lectura, noté un regusto de estilo entre Efraím Medina y Rafael Chaparro que no me terminaba de convencer. Sin embargo, al continuar si que descubrí una voz propia, que ya se deja ver en su totalidad en Limbo, novela de la que hablé en su momento. Creo en la sinceridad de su voz, y sobre todo, en los sentimientos que transmite que a fin de cuentas es lo que importa, o lo que vale en una lectura.
Aunque se que infortunadamente ya no está en circulación, si lo encuentra, no lo deje ir. No deje de leerlo. Y por ahí derecho, puede seguir con "Limbo".
Transita entre lo fantástico y lo incómodo, algo así como el terror, el misterio o el suspenso pero no. Una novela fragmentada que sin embargo me atrapó, sus personajes estás muy bien construidos. La leí muy rápido. En realidad no entendí muy bien la historia ni el arco del personaje, pero eso poco importa cuando se entra en este mundo en el que hay un chico espantapájaros y los perros juegan poker en los cuadros. Me recordó la casa de mis abuelos, con su cuarto de atrás abandonado en el que no nos atrevíamos a entrar.
Relato extraño, discontinuo que cuenta la vida de un chico que le gusta escribir en una ciudad acosada por el calor, la violencia, las drogas y la homofobia. Interesante la combinación de formatos, diarios, cuento, leyenda, listados musicales.
El libro está bien escrito, tiene elementos creativos y narrativos interesantes pero por alguna razón no logré conectar del todo con la historia ni con los personajes.
Un libro alucinante y fragmentado. Narraciones que parecen aleatorias, y describen imágenes a veces truculentas, a veces tiernas. Todas provienen de una voz muy sensible. Lo disfruté mucho.