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Un acontecimiento excesivo

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"Si algún día les preguntan por mí, si algún improbable día hablan de mí, pueden decir sin faltar a la verdad que quedé atrapado entre dos oscuridades. Como todo el mundo."

Despojados de su realidad, un grupo de personas recorre, cada día, las calles de una ciudad desierta. Cada uno de ellos ha olvidado el propósito de su marcha y de su presencia en el lugar. Mientras tanto, se proyectan desordenadamente unos rollos de película en los que aparecen unos sujetos caminando incansables por las calles de una ciudad desierta. Desconcertado, el comisario I. emprenderá la persecución de un hombre al que ha visto en la proyección. Pero deberá darse prisa, porque un magma negro, en las entrañas de un laberinto de pasillos subterráneos, amenaza con hacer desaparecer el mundo.

Bajo la apariencia de una novela de misterio, Javier Avilés desmonta en "Un acontecimiento excesivo" la idea de novela clásica sin renunciar a su argumento, sino retorciendo la utilidad del mismo e instrumentalizando los personajes. Como lectores deberemos estar dispuestos a refutar cuanto se nos cuenta entre sus páginas.

154 pages, Paperback

Published September 8, 2016

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Javier Avilés

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Profile Image for Jfmarhuenda.
133 reviews44 followers
December 18, 2017
Necesito tiempo para pensar en Un acontecimiento extraordinario. Quizás sea necesario leerlo varias veces (reconozco que algunas partes las he leído dos, e incluso tres veces), pero no se si vale la pena. Javier Avilés es un escritor extraordinario, que es capaz de plantear cuestiones que insinúan Vila-Matas (Perder teorías), Foster Wallace (Señor Blandito) o Delillo (Ruido de fondo), y tratar de llevarlas al límite.

Hay un número máximo de tramas. Acabadas las mismas, ¿qué queda? Queda la lucha del autor contra la convención, contra la comodidad de dotar de sentido al relato, de señalar un culpable, un protagonista, un narrador omnisciente. Para ello se rompe la linealidad, como primer planteamiento. Se eliminan tramas. No sabemos los antecedentes, o apenas se insinúan. No conocemos a los cinco personajes. Tampoco conocemos al sexto (a ÉL). No sabemos los resultados.

Solamente estamos en un mundo sin sentido, sin significado, en que personajes que desconocemos, y que el autor no pretende hacerlos conocer, interactúan sin saber muy bien por qué; no son un grupo, son individuos que se encuentran en un momento (aunque quizás se han encontrado antes algunos de ellos), aparecen y desaparecen otros personajes "accesorios". El primero ÉL.

Parece un festival de música en que cada canción representa un género, cada canción inicia una nueva vida en la que no recordamos lo anterior. Y todo ello con el sentido que tiene la vida: NINGUNO. Dudamos de lo que no existe simplemente porque sabemos que no existe.

En fin, una reseña que desmerece completamente el fenomenal trabajo de Avilés. Ahora, quizás, preguntaría al autor, a ÉL: ¿Se puede escribir algo más después de esto?, ¿puede nuestra subjetiva realidad parecerse a tu ficción, como lo hace ésta a la imposible realidad objetiva?

Seguro que el señor del maletín, a pesar de la intención de no buscar significados, ha elaborado un esquema. Me gustaría verlo, para entender lo que no se puede entender.
Profile Image for Álvaro Arbonés.
254 reviews89 followers
Read
October 17, 2016
Existen libros con los que sólo es posible discutir. No pararse, disfrutarlos, pensar en o con ellos, sino discutir, abiertamente, ante lo irreconciliable de sus ideas con los presupuestos básicos de la existencia humana. Pero está bien que así sea. El cerebro, como todo músculo, necesita de su propia forma de gimnasia, que se da sólo en la reflexión, pero, especialmente, en la discusión. Porque cuando tenemos que refutar los argumentos de otro, aun si son peregrinos o extravagantes o apenas sí vagamente afincados en lo que interpretamos como real o lógico o deseable, necesitamos estructurar un relato coherente a partir del cual descubrimos en qué no estamos de acuerdo con el otro. Y también en lo que sí. Porque no siempre pensamos lo que creemos que pensamos.

En ese sentido, es inevitable discutir con Un acontecimiento excesivo. Su estilo es árido, verborréico, excesivo. Apenas sí deja asideros para el lector. Y cuando lo hace, que es de higos a brevas, siempre es partiendo de esa distorsión del contenido que hace difícil comprender lo que ocurre. Por supuesto, ahí reside su encanto.

En la obra de Javier Avilés (tanto en la narrativa como en la crítica) existe la necesidad no de diseccionar las formas narrativas, sino de disolverlas. Meterlas en ácido y, del burbujeante resultado descompuesto, formular nuevas formas de abordar las historias. Eso tiene sus problemas. No siempre es fácil leerla. Pero para quienes no confundimos al cazador con la presa, lo que nos estimula a leerle es, precisamente, su dificultad: donde otros autores sólo aplican una plantilla prestablecida basándose en regurgitar un Aristóteles a medio digerir, él busca nuevos caminos para la narrativa. Intenta descubrir el modo de contarnos historias que remitan, desde su propia estructura, al sentido mismo de lo narrado.

Eso le hace difícil, pero también interesante. Por ello, Un acontecimiento excesivo merece el esfuerzo que exige. Esfuerzo que implica pasar por apreciaciones de la historia abordadas por personajes desbordantes, que parecen existir en varios planos dimensionales horizontales que se van superponiendo entre sí, haciendo que la novela sea, en términos holísticos, básicamente ininteligible hasta acabar la primera lectura. O la segunda, para quienes no tengan memoria (e intuición) suficiente como para ir recolectando las pequeñas banderas temático-narrativas que va dejando caer aquí y allá Avilés.

Como era de esperar, ahí radica la cuestión. Avilés es un autor menos iconoclasta de lo que parece. Todo su proceso de derrumbamiento de las bases narrativas clásicas no es con el propósito de imponer las propias, como ISIS en Ninibe, sino para hacer evolucionar unos procesos que se han vuelto vagos y acomodaticios, como la teoría de la destrucción creadora de Schumpeter. En otras palabras, arrasa con lo prestablecido porque lo encuentra insatisfactorio e inútil, no porque esté ideológicamente en contra.

Sólo con esa idea en la cabeza es posible acercarse a Un acontecimiento excesivo. Aproximarse no como lo haríamos a una novela de género, algo que tiene una estructura más o menos predefinida, pero tampoco a un ejercicio de satanismo literario, algo que implica vomitar bilis negra sobre el hecho mismo de la escritura. Requiere una aproximación diferente. Una que implique inteligencia y sensibilidad ante una historia difícil de sumarizar, pero que existe, en un texto donde fondo y forma van unidos en un todo oscuro, reptante y difícil de capturar. Algo así como si a La casa de hojas le sacáramos los juegos tipográficos y le añadíeramos una prosa menos preocupada en gustar al prójimo.

Eso también significa que es un libro que no es para todos, pero es que a Un acontecimiento excesivo se viene a discutir. Y como discusión, no tiene precio.
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