Un clásico más de uno de los maestros del costumbrismo andaluz. Escrita en 1879 Valera vuelve a un personaje femenino que se debate entre lo divino y lo humano.
Doña Luz es una joven de 27 años, hija natural del marqués de Villafría y de una mujer desconocida, fue educada por un aya inglesa contratada por su derrochador padre, se trasladan a vivir a la casona familiar de Villafría, un pueblo rural andaluz. Cuando su padre muere, pasa a la tutela de Don Acisclo, administrador de su padre, allí crece como mujer culta y virtuosa, asiste a las tertulias de los próceres del lugar, desestima pretendientes etc. Al pueblo llega el padre Enrique, un hombre piadoso, primo de Don Acisclo y que poco a poco va sintiendose atraído por Doña Luz, que se siente unida a él en lo espiritual. Al poco llega otro personaje Don Jaime Pimentel, un joven aspirante diputado por quien se sentirá atraída la apasionada Doña Luz y con el que finalmente acabará casándose para agonía de Don Enrique.
Valera hace un retrato costumbrista de la hipócrita sociedad rural andaluza de la época, de los políticos corruptos, los caciques y diputados que solo anhelan votos y hacerse con clientes que les den dinero. Es un maestro en la descripción de ambientes. Como narrador onmisciente, lo vemos presente frecuentemente en la obra dirigiéndose al lector para explicar sentimientos o actitudes; asimismo, su escritura está llena de ironía y sentido del humor.
Los temas que trata son variados y recurrentes en sus obras, la contraposición entre el amor mundano y el divino y que en este caso ambos son dramáticos, la inconveniencia de ir en contra de las normas sociales, la soledad autoimpuesta, la crisis sacerdotal que lleva a la agonía y la muerte en esta obra, la búsqueda de un ideal que no se puede conseguir etc.
Es un libro con un profundo análisis de personajes y abundantes disquisiciones morales, místicas y religiosas que pueden resultar duros de leer.