En este libro se indagan algunos vínculos entre música y literatura a fin de entender los cambios de sensibilidad en las masas que bailando desde las periferias afectivas descubren la ausencia de centro que aniquila lo sublime. La prueba consiste en medir ruidos y armonías, y en calibrar los significados de productos antiguos y modernos como el golpe tuyero, el tambor de la costa, el bolero, la salsa, el rock y las manifestaciones del hip hop. Si bien el énfasis se coloca en las narrativas musicales —es decir, aquello que se nos cuenta con ritmo y sabor— ello no impide observar dos vertientes en el volumen: una, con base en el análisis del discurso, explora en las letras de canciones recientes para conocer su contexto de producción y definir la función de estos textos llevados a la música, valiéndose de los códigos móviles, cambiantes, que identifican al receptor con el emisor; mientras la otra indaga en la inter-dependencia rítmica, formal o conceptual entre la narrativa literaria —canónica, tradicional— y la música popular de raíz caribeña o anglosajona.