Disclaimer: debido a la extensión de la obra me veo obligado a reducir la reseña notablemente (muchísima cantidad de texto).
Este segundo volumen de los Diálogos de Platón reúne cinco obras que, en conjunto, muestran la extraordinaria versatilidad filosófica del autor y la evolución de su pensamiento desde la ética y la política hacia la metafísica y la teoría del conocimiento.
Gorgias es, como bien advierte la introducción, “el diálogo más moderno de Platón”. Aquí, Sócrates se enfrenta a la retórica de Gorgias y a su joven discípulo Polo, pero es con la irrupción de Calicles cuando la conversación alcanza su punto más tenso y provocador. Calicles desafía la validez de la filosofía, la estructura misma de la justicia y la contraposición entre ley y naturaleza. Su discurso, brillante y temerario, anticipa incluso conceptos que siglos después resonarán en Nietzsche y su idea del superhombre. No obstante, cuando Sócrates devuelve la discusión a su terreno lógico y moral, Calicles vacila, y el debate culmina con el célebre mito escatológico de los bienaventurados: una reflexión sobre la justicia, la felicidad y cómo debe vivirse la vida. (5/5)
Menéxeno resulta, por contraste, el más enigmático. Es un diálogo atípico, con apenas interlocución, donde Sócrates recita de memoria un discurso fúnebre en honor de los caídos. Más allá de su contenido patriótico, el texto ofrece una valiosa visión sobre la función de los epitafios en la cultura ateniense. Las abundantes notas a pie de página de esta edición son esenciales, pues corrigen numerosas imprecisiones históricas que rodean la obra y explican las diversas teorías sobre su origen. (3/5)
En Eutidemo, la dialéctica socrática se enfrenta a la erística sofista de los extranjeros Eutidemo y Dionisodoro, que ridiculizan al joven Clinias. Sócrates, en un relato enmarcado que recuerda al día siguiente ante Critón, convierte el episodio en una lección sobre la diferencia entre argumentar y disputar. Con la ayuda de Ctesipo, intenta seguir el juego erístico para finalmente concluir que ante razonamientos necios o trampas dialécticas es preferible no gastar energía. Un diálogo ágil, entretenido y especialmente fácil de seguir, que combina humor, ironía y filosofía práctica. (4/5)
En Menón, Platón vuelve sobre la pregunta fundamental: ¿es enseñable la virtud? Menón, fascinado por Gorgias, consulta a Sócrates, quien le confiesa no saber siquiera qué es la virtud. A partir de ahí, el diálogo avanza hacia una reflexión sobre el conocimiento como reminiscencia: el alma, al haber conocido todo, puede recordar las verdades olvidadas. Esta idea se ejemplifica magistralmente en la demostración geométrica con el joven esclavo, uno de los momentos más célebres del corpus platónico y verdaderamente curioso y, hasta desafiante, de seguir con las notas a pie de página. Finalmente, Sócrates concluye que la virtud es un don divino, no algo que pueda enseñarse. (3,5/5)
Por último, Crátilo se centra en el problema del lenguaje, convirtiéndose en uno de los diálogos más complejos y singulares del conjunto. Sócrates discute primero con Hermógenes y luego con Crátilo acerca de la relación entre los nombres y las cosas. Con el primero, parece ironizar y restar importancia al debate mediante etimologías absurdas y juegos verbales; con el segundo, adopta un tono más riguroso y alcanza uno de los pasajes más brillantes del pensamiento platónico: la posibilidad de decir falsedad y, por tanto, de errar al nombrar. Aunque el texto queda inconcluso, la posición final es clara —el lenguaje es un camino incierto y engañoso hacia el conocimiento— y anticipa la futura teoría de las Ideas. (3,5/5)