Durante siglos, la humanidad se ha deslindado de lo que no puede o no quiere comprender atribuyéndolo a los otros: los que vienen de fuera, los que no pertenecen al propio grupo, los que piensan de diferente manera. Los otros también suelen ser quienes encarnan los propios temores, tanto reales como básico: a la obscuridad, a los inexplicable y lo extraordinario.