4 escritores se juntan para hacer un libro. Sencillo? Lo fue (por lo menos la coordinación). Los convocados, todos amigos pero con desarrollos literarios distintos, incurrimos entusiastas al llamado de Rubén Bonet en el célebre dicho de ahí donde haya fuego nosotros llevamos la gasolina. Entre tanta llama y octanaje liberado se notaba que habían ganas de escribir: poco más de 2 meses para fabricar un relato de alrededor de 40 páginas con material inédito y actual. Se marcaron fechas de entrega. Nos pusimos a escribir. Las fechas se cumplieron: narrativa express. Si el impulso además de perentorio era necesario ustedes tienen que decidirlo. En todo caso un gol más desde los campos sin pasto de la industria editorial independiente, esta vez en régimen de autoedición compartida. Narrativa exprés ya sabemos por qué. Me ves y sufres? Evidentemente queremos ser la envidia de todos los traileros.
Estos cuatro autores son unos mexicanos imitando lo que Cortázar hace de París y Buenos Aires en un ambiente muy defeño, muy paupérrimo y contaminado por adicciones y desamor.
La edición que reúne a estas cuatro historias es muy agradable, de un formato peculiar, gestos de diseño muy atractivos y una ambigüedad de autores entretenida y que provoca curiosidad. Lamentablemente los cuentos no son del todo buenos. Ninguno. El objetivo de Me ves y sufres fue unir a estos amigos en unas páginas, eso fue todo. Los cuentos no tienen dirección clara, son extenuantes, en veces ofensivos y en otras aburridísimos. No hay elementos de sorpresa, fungen más como extensas situaciones de una juventud mexicana que como una narrativa memorable. Intentan el posmodernismo, el realismo mágico y la torcedura de la lengua, pero se quedan en eso, en un intento, sin valor alguno que pueda recomendarse.
Este fue un libro construido bajo la filosofía del "chicle-y-pega". En contados pasajes funciona, pero no vale la pena chutarse todos los cuentos de uno por uno para saber que aquí no hay intención literaria, sino compilatoria.