Adentrarte en los confines de la periferia a través de personajes obsesivos, llenos de dolencias y, sobre todo, qie personifican la violencia descarnada de los lugares sumergidos por la oscuridad capitalina. Así es esta parábola, donde todo lo bíblico se caracteriza por lo grotesco y lo hiperbólico, que dejó de serlo para ser lo cotidiano. Entre saltos temporales desvencijamos una maleta hasta dejarla como nueva.