Este libro lo leí en la recepción de mi ortodoncista. Es una colección de relatos breves que giran en torno a la muerte o el exilio interior, pero no abordándolo desde lo espiritual sino desde lo cotidiano ¿Qué pasa cuando alguien muere? en la vida que sigue
La estructura de cada uno está procedido por una hora del día; juntos generando la sensación de un día que empieza, la muerte que acontece y de una continuidad posterior. Cosa que le da coherencia al conjunto, cada hora no solo sitúa el cuento sino que articula una metáfora visual “después” de algo que termina, lo que sigue. Ese “algo” puede ser la muerte, el adiós, la pérdida, lo que no se dijo.
Lo que consigue Vargas es hablarnos de la cotidianidad de lo frágil, personajes solitarios, vidas sometidas al desgaste del tiempo y la ciudad, a la violencia mínima y cotidiana, a los espacios que respiran abandono. Los escenario, la ciudad o sus calles posibles, están apenas sugeridos, y eso vuelve más universal lo que se cuenta. La autora no entra en grandilocuencias.
Un acierto del libro es esa arquitectura de las horas, que da unidad al conjunto. Y la forma en que los relatos se conectan sin necesidad de vínculos explícitos: hilos de soledad, de violencia no directa de muerte, de cuerpos que siguen existiendo “después del fin”.
En cuanto al estilo es sobrio, preciso, bien trabajado. No recarga, no busca efectos grandiosos; el gran efecto está en lo que queda entre líneas, lo que no se dice. Vargas apuesta a la sugerencia.
Después del fin es un libro valioso especialmente si te interesa la narrativa contemporánea guatemalteca, o si te interesa la exploración de la muerte, la soledad y la ciudad desde el cuento. Pero no es una lectura ligera de entretenimiento puro exige al lector una pausa, una reflexión. Si vas con ganas de algo profundo, íntimo, te va a dejar algo. Si vas sólo por acción o variedad, quizá lo encuentres limitado en extensión o variación temática.