Blaine y Azul llegan a Isla Cereza, sede del Alto Mando, ¡¡pero quienes les esperan allí son sus antiguos enemigos, los tres comandantes del Team Rocket!! Ocho entrenadores, entre los que se incluyen Amarillo, Verde y Bill, desafían al Alto Mando y… ¡¡comienza la batalla final!!!
Parece que las segundas partes no son el punto fuerte de los autores. Aunque se atan cabos sueltos, y hay algunos pocos twists interesantes, lo cierto es que hay una buena cantidad de cosas que podrían haber tenido un foreshadowing más claro y no parecer tan sacadas de la galera.
De todas maneras, es ameno y entretenido.
SPOILER (sort of) La batalla final se resuelve mucho en el estilo "poder del amor" y me parece una injusticia a la inteligencia y capacidad de pensamiento lateral de los personajes en el resto de la saga.
Llega el segundo volumen de la saga Pokémon Amarillo y con él… la batalla decisiva contra el Alto Mando.
Cansados de todo el daño que Lorelei, Bruno (a medias… pobrecito), Agatha y Lance han traído sobre Kanto, nuestros héroes les siguen la pista hasta llegar a una misteriosa isla que no sale en los mapas, Isla Cereza, que resulta ser cuartel del Alto Mando. Es aquí donde a través de sus cuevas y pasajes se librarán grandes batallas con aliados un tanto “particulares”, pero con un objetivo en común: salvar a su Región.
A medida que avanzan las batallas vamos resolviendo las interrogantes que nos dio el tomo anterior, como qué pasó realmente con Rojo durante su enfrentamiento con Bruno en el Monte Moon o qué une a cada miembro de la Elite Cuatro a perseguir su meta de exterminar la raza humana.
A mí juicio el crecimiento personal que tiene Amarillo es inconmensurable, somos testigos de la exigencia de tener que hacerse más fuerte, sin tener contradecir a sus ideales para con sus “amigos” y demostrar su valía en la última batalla.
Seguir las aventuras de Amarillo me ha encantado, pero tristemente se ha acabado nuestro viaje por Kanto, ahora se viene Johto, con nuevas especies de Pokémon y nuevos amigos por conocer.