No puedo creer que sea el primero en escribir una reseña a esta maravilla obra de la literatura puertorriqueña y me hasta atrevería a decir que tiene hasta relevancia en toda hispanoamérica. Es la primera novela que leo de Enrique A. Laguerre y entiendo a la perfección por que fue nominado al Premio Nobel de Literatura en 1999 incluso si no llegó a ganar el premio.
La novela se siente como un abrazo cálido en sus momentos más hermosos, en especial esos primeros tres capítulos, y en sus momentos más sombríos te llena con la melancolía necesaria. La prosa es rica y preciosa, ni muy compleja ni muy simple, los diálogos meticulosamente escritos y realistas a mi parecer. Se siente afirmador leer a personajes que hablan como tus bisabuelos y personas que has visto mientras creces en Puerto Rico, aunque ya la cantidad de personas que hablan así se vean menos, en especial si vives en el area metropolitana.
Ahora bien, encuentro tres debilidades al libro, dos de ellas siendo debilidades reales y la última en realidad a mi no me molesta para nada pero sé que a otros sí les puede disgustar:
1) A veces cuando uno va leyendo, es fácil perder el hilo de quien está hablando. No es un problema que dañe tanto la lectura, pero hay ocaciones en la que tienes que parar y releer la oración para captar cual personaje es el que está hablando. 2) El protagonista, Gonzalo Mora, es quizás el personaje menos desarrollado de la narrativa. Él fue escrito como un lienzo en el que el lector se puede poner, aunque sí tiene ciertos destellos de personalidad que se desarrollan más después del capítulo cinco, pero genuinamente diría que es lo menos que me gustó. Si Laguerre hubiese desarrollado más a Gonzalo, "Solar Montoya" pudiera haber sido considerado no solo una "novela de tierra", pero también un "bildungsroman" como Demian de Herman Hesse, o El Guardian en el Centeno de J.D Salinger. Tengo que admitir que ese tipo de novelas son de mis favoritas, así que por eso traigo ese deseo particular. 3) Por último y, para mí, menos importante es el hecho de que la novela es más "vibras" que trama en sí. Se puede describir de que trata el libro, por supuesto, pero la argumento narrativo no está súper desarrollado por que simplemente ese no es el punto de la trama. Soy un fiel creyente de que no todos los libros requieren una trama compleja que lleve de un punto A a un punto B y de un punto B a un punto C. Solar Montoya definitivamente no hace eso, simplemente te lleva de la mano en los eventos que le pasan a Gonzalo Mora.
Volviendo a lo positivo y para ir cerrando esta reseña: el contenido filosófico y espiritual, en especial lo que la novela en sí llama "montoyismo" es quizás una de las ideologías, si es que se pueda llamar así, más esperanzadoras que he leído en un buen tiempo. Claro está, hay un elemento de ingenuidad en ella, pero Don Alonso Montoya es un ser que en la práctica enseña y vive el famoso refrán; "a mal tiempo, buena cara". El libro me dejo con un sabor tan dulce en la boca que básicamente me iré en una cacería de todos los libros que pueda conseguir de Enrique A. Laguerre, definitivamente.