Héctor de Mauleón se ha convertido en uno de mis autores de cabecera, en registros que van desde el relato, pasando por la novela y sus crónicas y llegando a las notas periodísticas o editoriales; de Mauleón se ha encargado de mostrarnos que la complejidad que construye una historia requiere de más de una óptica, de un punto de vista, de una lectura.
El hecho es claro: la violencia nos rodea, lo ha hecho siempre. La violencia pareciera ser innata al hombre, inherente al ser humano… o al menos eso podríamos pensar después de leer sobre las redes criminales y sus vínculos con la sociedad civil, sus enlaces con las autoridades y gobierno.
Este libro comencé a leerlo nada más llegar al departamento donde vivimos Rebeca y yo, en la San Rafael. Comencé a leerlo al mismo tiempo que otro de Héctor sobre crónicas de la ciudad; pero lo dejé reposar un poco más, unas semanas, porque desde el primer relato comprendí las palabras que el Uber le comentó a Jorge, mi cuñado, cuando lo trajo (o llevó de aquí, ya no recuerdo) en una ocasión: Ah, por Sullivan es donde se ponen las muchachonas.
Y sí: el “negocio” a costa de vidas humanas sucede a tan solo unos metros de donde vivimos. Muchas veces es algo que intuimos, pero a lo que terminamos acostumbrándonos; sin embargo, comprender que la violencia está tan cerca, me deprimió demasiado.
Retomé la lectura de Proceso; y retomé mi idea al respecto de: si no vas a hacer nada para resolverlo, uno, no lo promuevas; dos, mantente informado, infórmate para comprender las implicaciones que pueden tener tus acciones dentro de la comunidad donde vives.
Volviendo al libro, siento que uno de los grandes logros de Héctor es poder dotar a su lector de todo lo necesario para que comprenda que no es posible abarcarlo todo; que incluso, creyendo que se tienen todos los elementos para que comprendamos cómo chingados funciona nuestro país, no, algo falta, o algo está completamente fuera de nuestro alcance.
La corrupción, el dinero que mueve los intereses de la mayoría de las personas en el poder, el miedo incluso, la avaricia, son hilos conductores de nuestro día a día.
A veces, cuando veo noticias o reportajes de países, no sé ,escandinavos, donde pareciera que todo marcha a la perfección, me niego mentalmente diciéndome que de seguro algo no hacen “bien”, en algo tiene que haber algo podrido, algo donde alguien quiera sacar ventaja del otro, alguien que lave dinero, que extorsiona, alguien que haga el mal; me parece incomprensible: y eso me aterra. Creer que me es imposible concebir un mundo libre de la roja oscuridad.
Héctor, sabes que te respeto y te admiro sobremanera y que disfruto (aunque a veces me den pesadilla) tus textos como pocos: gracias: gracias por salir allí donde la mayoría no vamos y regresar y detener (quizá) el temblor en tus manos para escribir, para hablarnos de un mundo que nos rodea y que nos encara, por más que nos forcemos a cerrar los ojos, siempre hay autores con cojones que se sentarán a poner por escrito lo que sucede allá afuera, que harán la investigación que nos ayude a abrir los ojos, que nos explicaran lo complejo de la maraña de la criminalidad que sucede día a día en nuestro país.