Una obra que termina, tal cual como ha empezado, un truco literario de pocas luces, pero que aquí, cobra sentido.
A este libro o le pones un 2 por no haber vivido el infierno de la cocaína, y no entender la mitad de lo que se relata, o crees que merece un 3.5, pero por tomártelo tan personal le metes un 5.
En mi caso se de que van las adicciones, y se de que va la literatura marginal que con sus golpes a mansalva, saca a un par de tipos del infierno.
''—Mamá, soy yo, soy tu hijo. Te quiero. Perdona por no decírtelo más a menudo
pero te quiero. Sé que soy un asco de hijo pero te quiero. Sabes que yo antes no era
así. Lo sabes, ¿verdad? Ha sido un año de mierda, mamá, pero te quiero, y también
quiero a papá, a mis hermanos y a sus hijos, aunque no sepa ya ni la edad que tienen,
y por supuesto que quiero a mi hermana suicida, la quiero y la echo de menos a diario
y tengo tanto miedo de hacer lo que ella hizo que no soy capaz de enfrentarme a lo
que me queda de vida sin volverme loco, pero todo eso va a cambiar. ¿Me oyes,
madre? ¿Entiendes lo que te estoy diciendo?''