Historía de la Nación Latinoamericana fue un libro de culto para la joven intelectualidad de izquierda de las décadas del sesenta y setenta. Al describir la balcanización del continente entre los siglos XIX y XX Jorge Abelardo Ramos inscribió una nueva narrativa en el pensamiento latinoamericano: por primera vez las categorías marxistas de interpretación de la historia se enlazaron con la perspectiva de Patria Grande. Arturo Jauretche corrigió algunas de estas páginas; el líder tupamaro Raúl Sendic escondía el volumen bajo su catre cuando fue capturado; sus teorías fueron e; tudiadas con pasión por el intelectual uruguayo Alberto Methol Ferré. Hoy, constituye el más innovador aporte del revisionismo histórico en su tarea de derribar los mitos instaurados por los discursos historiográficos hegemónicos.
La tesis central de este libro es que la división de América Latina en decenas de Estados es la que genera su subdesarrollo y no su subdesarrollo es la que genera -generó- su división de decenas de Estados.
Esta tesis está expuesta magistralmente a lo largo del libro y el proceso de generación de la "balcanización" de los Estados latinoamericanos -mejor dicho, hispanoamericanos- muy bien documentada, explicada, teorizada y contada. Este proceso, catalizado mayormente por la oligarquías comerciales de los puertos de América Latina -también podemos decir, factorías-, aunque también regido por la ausencia de condiciones materiales que empujen a los vastos territorios del derrumbado imperio español a la centralización, es el punto más alto del libro y su relato de las desventuras y el carácter de Bolívar, aunque breve, constituye un excelente resumen para quienes están alejados de su figura.
Otras fortalezas del libro, es el análisis marxista a las democracias de papel, cuyo sostén real -una clase media educada, liberal, con intereses de clase disímiles entre ella, pero todos nacionales- no está presente en América Latina durante su constitución y Bolívar comprendió esto. El análisis del programa Bolivariano de unificación política de la América Hispana, en ausencia de un centro unificador, reemplazándolo por una autoridad política unificada, fuerte y única es simplemente genial. A la vez, ya entrado al siglo XX, el puente histórico construido entre los fracasos de la burguesía española para llevar a cabo su revolución nacional y su coincidente unificación -problema cuyos coletazos aun siente la pequeña, pero en constante riesgo de balcanización España- y las revoluciones fallidas de las pequeñas clases Burguesas -en alianza con los sectores populares- en América Latina, de la mano de Perón, de Vargas y de tantos otros, constituye un análisis y una tesis política que yo desconocía -y de la cual me encargaré de profundizar-, a la vez que considero bastante razonable a la luz de los argumentos y la lógica interna del texto: En América Latina el "proletariado", sujeto histórico revolucionario en Europa, es inexistente, existe la pequeñísima clase media urbana nacida de los espacios que el imperialismo no logra colonizar y de las necesidades administrativas de los pequeños, pero creciente, Estados latinoamericanos de la época. Por tanto, es complejo considerar que estas revoluciones nacionales tienen ese carácter, son populares, pero antes de populares, son el empuje burgués para llevar a América Latina al capitalismo moderno.
También, el análisis -y brillante síntesis- de las clases en disputa en las sucesivas revoluciones y conflictos políticos en América Latina es genial. La tienda y la hacienda disputan el poder como liberales y conservadores durante grandes trozos del período relatado, pero sus intereses oligárquicos más que burgueses se unen cuando al sujeto histórico que deben enfrentar es a sus respectivas burguesías en alianza con las clases populares, allí liberales y conservadores ignoran sus muy ideológicas diferencias.
¿Puntos bajos del texto? Chile. Yo entiendo que Chile es un país complejo de caracterizar en algunos procesos de América Latina. Por ejemplo, en cuanto a las revoluciones nacionales como la de Perón o Vargas, el autor trata de construir un paralelo con Ibáñez, muy forzado, especialmente por el sostén agrario que tenía el ex-presidente. También, las críticas al Partido Comunista Chileno, muy duras, se escudan en la generalización sobre los Partidos Comunistas del Tercer Mundo, cuyo carácter -según el autor-, estalinista y localista es nocivo para las causas de las revoluciones nacionales, es complejo de sostener. A diferencia de Argentina, la estructura político-económico de Chile hizo surgir un Partido Comunista fuerte, aunque más moderado, pero dificilmente capaz de definir como "reaccionario" o anti-progresista.
En síntesis, es un excelente texto, marcado a fuego por el troskismo de su autor, pero también por las vicisitudes y problemáticas locales de Argentina, reflejadas en la manera de leer los sucesos político y las contradicciones nacionales en la realidad de América Latina. Completamente recomendado.