“El instante que morí nadie se dio cuenta, ni Dios, ni siquiera la muerte (…) Mi madre que se hallaba en letargo próximo al coma, me contó que el médico gritaba: Salven a la madre y olvídense del feto, está muerto. Lo hicieron, me botaron al basurero y se enfrascaron en revivir a mi madre."
Si lo que le sucede a un hombre le sucede a todos los hombres, entonces bastaría para interesarse por una biografía. Además que estas suelen ser canteras de revelaciones de la sociedad del personaje. En este caso de la autobiografía o confidencias de Ramón Rocha no hay revelaciones de estado o del manejo de poder. Como es de esperar, de un buen escritor, sus recuerdos no pasan por el poder, sino más bien son transversales o por los márgenes. No hay euforias de triunfos, y aunque se ve que la ha gozado, el tono es de ciudadano de a pie, o de bicicleta, como es el caso de Ramón Rocha.
Ternura, buena leche y amigos son las palabras claves de este libro.