Si no sabemos cuáles son nuestras herencias, basta con mirar nuestra forma de relacionarnos, pues las historias que construimos (y destruimos) con los demás suelen ser un dibujo fiel de nuestra estructura. Meteoro, la primera novela de Mireya Hernández, trata de relaciones, sobre todo de la que la narradora, Martina, mantiene con Pablo, un joven que conoce en Zaragoza y con quien inicia un noviazgo. Harto de la ciudad, Pablo la convence para instalarse en una casa llamada Beneded, situada en La Oliva, un pequeño pueblo del Pirineo aragonés. Beneded se encuentra en un estado ruinoso. En el pueblo hay pocos vecinos y habitan un tiempo que nada tiene que ver con el fulgurante presente urbanita al que la protagonista está acostumbrada. A partir del clásico contraste (y oposición) entre la ciudad y el campo, comienzan a aparecer las resquebrajaduras en la pareja, y como si el entorno fuera capaz de mimetizar los acontecimientos, la casa empieza a inundarse cada vez que llueve, el calor del radiador a escaparse por los huecos de las ventanas y las paredes del salón, el cuerpo a enfermar (un bulto en el pecho, dolores en las extremidades, una uña que se cae, una mandíbula que chasquea sin control durante la noche). Los sueños se convierten en pesadillas, y Martina tiene que pasar la mitad del tiempo sola porque Pablo viaja constantemente a la ciudad por asuntos de trabajo. Aunque lo que se narra aquí es una ruptura sentimental, no se utiliza para ello lo que suele ser habitual a la hora de abordar el tema amoroso: el romanticismo y la creencia en que el otro puede salvarnos o condenarnos. Ni siquiera hay autocomplacencia en la pena, sino todo lo contrario: un vitalismo y una celebración de las cosas sencillas que recuerdan a Natalia Ginzburg y que lleva al lector a una aceptación que nada tiene que ver con la derrota.
Mireya Hernández (Madrid, 1981). Es licenciada en Filología Inglesa y obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados en Ciencias de la Información. Es traductora, lectora editorial y profesora de español e inglés. Meteoro es su primera novela.
Mireya Hernández narra una relación que ya casi desde el principio del relato se intuye que será la de una ruptura. Y no sólo por el desorden cronológico de la historia, sino porque el lirismo contenido de las emociones descritas, el entorno rural, entrañable y opresivo, nada bucólico, en el que la narradora vive con su pareja, y la presencia continua de sueños o detalles metafóricos (insectos, olores, enfermedades, goteras) llevan inexorablemente a ello. Y porque suele pasar pero casi nadie lo ha descrito tan bien como esta escritora. Una lectura sin principio ni final pero con mucho nudo. En la garganta.
Una pareja que se instala en un entorno rural en donde el silencio se convierte en demasiado ruido. Delicado retrato de la descomposición del amor, de las diferencia de pareja y de la dificultad de encontrar ese lugar, especial, único, quizá eterno, en el mundo. Sigan la pista a su autora.