Sin ocupación fija, fuera de su patria, sin apuros monetarios —según es dable colegir de la documentación—, el conocimiento con doña Manuela de Oca Silva y Moctezuma, condesa de Santibañez, le proporciona —a don Lorenzo Boturini— el que esta noble señora, por poderes de 16 de marzo de 1735, le comisionara para cobrar las rentas de su encomienda en Indias, que se le debían de tiempo atrás. Dos cosas saltan entonces a la curiosa mirada del antiguo latinista y genealogista: la devoción de los mexicanos por la Virgen de Guadalupe y su portentosa invención y lo poco que se había hecho en materia histórica sobre la época precolombina. Manuscritos, jeroglíficos, narraciones, figurillas, vasijas, etcétera, estaban al alcance de todos y nadie les daba un valor arqueológico, científico.