“Acostado en la cama me veo reflejado en la pantalla de mi segundo televisor. Soy un fantasma adentro y afuera del aparato; no participo de ninguno de los dos mundos. Mis hijos están con la madre en Villa Gesell. Son los últimos días del verano. Mis padres viven en San Miguel y los veo una vez cada quince días. Suena el teléfono. No sé si contestar. Atiende el contestador. Es Celeste, mi hija menor. Levanto el tubo y hablo con ella. ‘Papá’, me dice. ‘Estamos en un locutorio con Lucas y no tenemos plata para pagar la llamada. ¿Qué hacemos?’ ‘¿Adónde está mamá?’, le pregunto. ‘Con Jorge, en la playa’, dice Celeste. No sé cómo resolver este problema. Nunca sé cómo resolverles los problemas a los otros. Con los míos sé que simplemente tengo que dejarlos, en algún momento van a pasar. Trato de aplicar la misma táctica en este momento y le digo a Celeste que le explique a la persona que atiende el locutorio que la madre está en la playa, que va a pasar a pagarle más tarde, y que se vaya. Pero por las dudas también le digo que si eso no funciona le deje cualquier cosa de valor que tenga encima y que la recupere cuando se pague la llamada.”
Martín Rejtman es un escritor, guionista y director de cine argentino, nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1961.
Estudió cine en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires y en 1981 se traslada a los Estados Unidos y estudia Dirección en la Universidad de Nueva York.
Ha trabajado en cine, como asistente de dirección en Argentina y en Italia como asistente de montaje en los estudios de Cinecittà. Como escritor, publicó varios libros y fue guionista de sus largometrajes.
¿Y cuando pasa algo interesante? ¿Se vendrá un cierre que me tire la posta de todo el cuento? ¿hay un secreto que tengo que revelar y no me estoy dando cuenta? Preguntas sin respuesta en todos los cuentos de Rejtman que se sobrecargan de tal angustia que, al terminar, nos abarca todo el cuerpo. Rejtman escribe en el margen, en el borde de la ficción y de ese marco -compositivo- que termina rompiendo en el tercer cuento "Literatura". La obsesión y el divague interno de los personajes -que recuerdan a los de Dostoievsky- es el centro de su narrativa. La acción y sus ámbitos quedan relegados. Sin embargo, sin darnos cuenta terminamos de un extremo a otro cuando comparamos cómo empiezan sus cuentos y en dónde terminan. La distancia es abismal. En pocas páginas, los personajes parecen estáticos pero en realidad dan continuas vueltas en la narración de una manera inimaginable.
La que anota pacientemente las recomendaciones del homeópata y acto seguido se toma el frasco de globulitos de un solo saque. La venezolana que odia a los argentinos, aunque (o porque) está casada con uno, y silba un tango que puede o no ser "Uno". El tipo que viene agitando un libro y gritando "¡Literatura!, ¡Literatura!" en una playa de Pinamar. Un libro de cuentos que se llama "Literatura", tal como el cuento en el que aparece y el libro donde está ese cuento. Esa época en que ya había celulares, pero todavía no habían desterrado viejas costumbres como dejarse notitas. El narrador que siempre habla en presente del indicativo y amontona acontecimientos donde ya no entra más y llega a desesperar.
quiero leer literatura, no literatura de Martín Rejtman. cuando digo que quiero leer literatura me refiero al libro dentro del libro del mismo nombre. quiero sentir exactamente lo mismo que Jaime, hasta el punto que un libro te haga poner tan eufórico para ponerte a gritar literatura.
Este libro me sorprendió y me ayudó entender por qué me han gustando tanto las películas de Martín Rejtman o: Siempre me han gustado los retratos pequeños de lo cotidiano, y creo que estos cuentos hicieron que pensara mucho en eso.
Increíbles las descripciones de pequeños detalles del día a día que pasan desapercibidos y que no es necesario embellecerlos para que se sientan "bonitos", sino que con el simple hecho de observarlos o leerlos con atención, sin más, es suficiente. En el libro pasa con cosas como andar en un Honda Civic, o fumar sincronizandamente con alguien, o pensar en lo que significa mirar al infinito.
Los cuentos me parecieron muy entretenidos. También me reí en algunas partes como en la fiesta de Maxi, o lo de los relojes desincronizados jsjaja
No sería justo decir que Martín Rejtman escribe sobre la nada aunque sus personajes parezcan hechos de aire. Lo que hace Rejtman es algo más delicado y preciso, deja hablar a la gente común que encierra peculiaridades, salidas impensadamente graciosas y comportamientos desconcertantes. Sin ser un gran maestro del lenguaje, la prosa de Rejtman es clara y despreocupada. Nada importa porque nada es tan grave como para hacerse tanto problema. Puede no sonar seductor pero termina siéndolo. Cómo si Rejtman lograra con el balance justo entre la exageración innecesaria y la falta de compromiso con la literatura.
El relato de apertura de Literatura y otros cuentos, se llama Alplax. La advertencia queda formalmente hecha, la gente toma ansiolíticos y negarlo es imposible. Sin embargo lo que puede ser un acto de mal gusto en la mayor parte de la gente -esa que deja caer como un comentario al pasar que se tomó un cuartito y busca complicidad donde anhela cariño- en Rejtman se convierte en un relato pausado de una vida en stop. Las crisis que contempla Rejtman no están cruzadas por la aceleración de las comunicaciones (estos cuentos tienen sus años, internet no los toca) por lo tanto el uso de los medicamentos para calmar la ansiedad parece tener otros orígenes que vistos en retrospectiva parecen menos tristes que los actuales. El desfile de angustias y moderadas emociones de los personajes parece ser hijo de la decepción de los 90s. Poniendo foco lejos de la fiesta, el arte y la cultura noventista, Rejtman se adentra por pasajes más melancólicos y menos vitales. Pero a pesar de eso y por una extraña razón que se aloja entre las sombras,y está bien que así sea, igual se sigue leyendo. Se puede tomar o no tomar ningún medicamento, pero leer sobre emociones que suelen ser tabú, la angustia primera en la fila, es paradójicamente reconfortante. No parece tratarse de ser gris, poco interesante o carente de vida interior. Lo que aparece en estas páginas son los secretos de personas que desfilan entre bancos, guardias médica, vacaciones y choques de auto. Rejtman en definitiva cuenta todo lo que está fuera de plano.
Nicolás encuentra un libro de Martín Rejtman en una librería. Cuando va a pagarlo, nota que al lado de la cajera, hay un loro. Le pregunta a la chica por él y ella le cuenta que lo dejó hace unos días un hombre del barrio. Si querés podés llevarlo, le dice. Nicolás se lo lleva porque está deprimido. Tener al loro enjaulado le da pena, así que durante la tarde, con las ventanas cerradas, lo deja dar vueltas por el departamento. Él, mientras tanto, lee el libro de Rejtman en voz alta porque así le causa más gracia. El loro empieza a repetir frases del libro al azar. Eso significa algo. La novia de Nicolás ve cómo el departamento se transforma en un loquero. Entre el loro y su novio que lee en voz alta, siente que va a perder la cabeza. Nicolás la espera una noche en vela a que regrese del trabajo pero ella no aparece. La mañana siguiente lo mismo. Llega a la conclusión de que ella lo dejó por el loro y por el libro. Vuelve a la librería para devolverlo. El libro te lo puedo cambiar, pero el loro no, le dice. Yo te dije que no era mío. Nicolás se lleva un libro que se llama Literatura, como el de Rejtman y eso también significa algo. Antes de irse, la invita a cenar. Esa noche, va con el loro y cuando ella llega aparece con el novio. Es muy parecido a él.
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En la misma línea que Velcro y yo. El estilo es original, vertiginoso y apático. Siempre en la acción. A veces parecen descripciones de guión. La primera impresión es mejor, sea cual sea el libro.
"tanta indiferencia no puede provocar más que deseo"
la linea de lo cotidiano y de las relaciones sociales une las cuatro historias. pese a ésto, es un poco monótono, es como la profecía auto cumplida del cuento que le da el título al libro. tal vez las vivencias de las personas de clase media tirando mucho más a alta de fines de los 90 me resulte monótono? o será que en 2004 se estilaba escribir así? quien sabe...
los relatos cinematográficos siempre me hacen sentir ganas de seguir leyendo un cuento. Ademas, cuando compramos el libro estaba martin rejtman y compartimos un pito 🚬
Quiero vivir la vida que vive cualquiera de los personajes de Rejtman. Incluso con los infinitos problemas que les traen las descabelladas situaciones en las que se meten.
Solo 4 cuentos largos le bastan a Martín Rejtman para reafirmarse en su rol de pope de la literatura argentina depresiva contemporánea. La locura de "Ornella" coexiste con la abulia de "Alplax" y los guiños a la seudointelectualidad de "Literatura". Recomendable.