Anoche, pasadas las doce, comencé este libro de Marina Colasanti que hacía tiempo aguardaba en mi biblioteca (tengo una edición en idioma original muy linda también que trajo mi papá de Brasil). Leí menos de la mitad porque me vencía el sueño, así que decidí terminarlo esta mañana, mientras llueve y me niego a salir de la cama.
Como todo libro de la genia de Colasanti es puramente bello; esa prosa poética que solo encuentro en Liliana Bodoc, suave, dulce, profunda, ancestral, como un arullo musical, una nana que dice tantas cosas sin nombrarlas... Y permite hacer tantas lecturas...
Por suerte me queda en la biblioteca un libro de poesía de la autora, Ruta de colisión, que pronto tomaré para que vuelva a acunarme con sus palabras.